En defensa de la tradición

Sáb, 22/09/2018 - 04:28
En días pasados, el mundo del vallenato se conmocionó con las declaraciones del conocido folclorista y locutor guajiro Álvaro Álvarez, más conocido en la región como “triple A
En días pasados, el mundo del vallenato se conmocionó con las declaraciones del conocido folclorista y locutor guajiro Álvaro Álvarez, más conocido en la región como “triple A”, en contra de la canción “Fiesta”, del también reconocido artista vallenato Orlando Liñan, quien interpretó en el pasado al desaparecido Diomedes Díaz en su novela homónima trasmitida por el Canal RCN. Las desobligantes palabras del folclorista y quien será homenajeado en diciembre en el Festival de Compositores en San Juan (La Guajira), junto al también folclorista y empresario guajiro Ismael Fernández Gámez, obedecieron al carácter de la canción y su aparente distancia con el género musical, ya que, claramente la canción fusiona el vallenato con otros ritmos más modernos como el reguetón y otros ritmos tropicales, lo cual además no es una novedad en este género de la costa norte de nuestro país, ya que otros artistas lo han hecho en ocasiones anteriores, como el caso de Silvestre Dangond, Peter Manjarrez o el grupo Kavras, sin embargo las palabras del locutor guajiro no calaron muy bien en los principales exponentes del folclor costeño, ya que, por los términos en los que fueron dichas,  fueron recibidas como una afrenta a quienes han venido experimentando con nuevos sonidos y han llevado al género por otros caminos. Con la frase “Somos diferentes y nos respetamos”, la Cumbre de Artistas de la Música Vallenata, conformada por los principales exponentes de la música vallenata, entre los que se cuentan personajes de la talla de Poncho Zuleta, Iván Villazón, Jorge Oñate e Israel Romero, mostraron su rechazo tajante a opiniones como estas, consideradas como matoneo por parte de los medios hacia lo artistas, ya que muchos de ellos han defendido la creación de nuevas alternativas musicales. [embed]https://www.instagram.com/p/Bn15N3SFAwj/?taken-by=ivanvillazon[/embed] Caso contrario es lo que opinan artistas como Iván Ovalle, quien junto con otros artistas, lleva varios años en una cruzada por el rescate del folclor tradicional, el cual ha venido desde hace un par de décadas, modificándose y abriendo la puerta para que nuevos ritmos lleguen al vallenato, al punto que desde hace varios años, el Festival de la Leyenda Vallenata que se realiza en la capital del Cesar, tuvo que agregar un ritmo nuevo denominado “romanza”, ya que no era suficiente el son, el merengue, la puya o el paseo, para agrupar los nuevos sonidos que han ido apareciendo, pero aun después de eso, han venido surgiendo también nuevos instrumentos, nuevos sones, nuevas rutas musicales que han hecho que la tradicional caja, guacharaca y acordeón (o incluso guitarra), pasen a un segundo plano y le den paso a las luces de colores, a los instrumentos electrónicos y a las bailarinas exóticas, atrás quedaron las parrandas inolvidables y las letras de contenido folclórico y romántico con el que se enamoraron muchas generaciones y las letras con contenido social que contaban las historias de los vaquianos y campesinos e indígenas que no tenían otra manera de expresarse. Lo que vemos hoy día es cualquier otra cosa menos vallenato, por lo menos no el tradicional, el de siempre, el verdadero, al parecer, de nada sirvió la declaratoria de patrimonio inmaterial hecha por la UNESCO en el 2015, que más que un homenaje debería ser tomado como lo que es; un llamado a la conservación del folclor como es, como nació y como fue conocido no solo en Colombia sino en todo el mundo, al parecer, prima por encima del folclor los intereses económicos y el afán de reconocimiento, lo que vemos es que cada día, los artistas tradicionales tienen menos despliegue en medios y menos rotación de sus canciones, mientras que los nuevos músicos y sus fusiones, con vídeos estrambóticos y ritmos acelerados, se toman todo el protagonismo. Son entendibles los intereses económicos de cada uno y por supuesto, los gustos musicales de la gente que los escucha, pero no puede seguir llamándose vallenato a algo que claramente no lo es, algo que perdió su ruta hace mucho, quizá, desde el momento mismo en que dejó de ser del pueblo, para convertirse en la herramienta de la élite para mezclarse con el pueblo y sentirse, por lo menos brevemente, del pueblo, ese momento en el que los acordeones salieron de la plaza y llegaron a los clubes sociales privados con altísimas entradas, solo posible para clases sociales altas y con artistas que nada tienen que ver con la cultura del Valle del Cacique Upar. Para quienes defendemos el folclor tradicional, esperamos que éste retome el camino perdido, que los artistas nuevos y los que quieren seguir experimentando ritmos, lo sigan haciendo para enriquecer la música, pero que se le de a cada sonido su lugar y el reconocimiento que merece.
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