Desde mi regreso a Twitter, hace algo más de un mes, he descubierto que el expresidente no es el único que lo usa como mecanismo para darle palmaditas a su ego maltrecho. Hay varios personajes que, si no es por la limitación de los 140 caracteres, se la pasarían hablando del tamaño y el grosor de sus trinos. Y debo reconocer que descubrir las maneras como los seres humanos disfrazamos nuestras propias limitaciones a través de Twitter, me divierte.
Me sigue poca gente, pero me caen bien los que me siguen, a pesar de que no entiendo por qué carajos dentro de mi lista de followers están cinco sedes del PRI mexicano o un almacén que vende turbantes para pacientes de quimioterapia. Sigo mucha más gente, principalmente porque trinan caracteres inteligentes que me hacen pensar, porque me hacen reir o me mantienen actualizado en una época de mi vida en que el trabajo no me permite leer tanta prensa y ver tantos noticieros como antes.
Pero últimamente, leo con más frecuencia discusiones entre celebridades de Twitter, que se ufanan de ser líderes de opinión en un país en el que pocos opinamos, reivindicando su autoría frente a diferentes trinos que a su juicio han sido plagiados por usuarios menos ilustrados, menos dotados o menos aventajados.
A mí la verdad, me importa muy poco quiénes sean los autores intelectuales o materiales de los trinos que llegan a mi pantalla, siempre y cuando me diviertan, me informen, o me hagan pensar. Más allá de lo anterior, me interesa casi nada entablar relaciones virtuales o reales con aquellos a quienes sigo. Pero la discusión es tan ridícula como si hace veinte años, cuando no habíamos sucumbido ante el avance, afortunadamente avasallador, de la tecnología de las redes sociales, a la Nena Jiménez, a los Tolimenses o a Montecristo les tocara, antes de echar cada uno de sus chistes, citar la fuente. "Y este chiste se lo oí a mi amiga Rosa, que se lo escuchó a su primo Roberto, que dice haber sido su creador...". En Twitter se leen tres tipos de cosas, según mi experiencia, derivada exclusivamente de la gente a quien sigo: o noticias, o enlaces a artículos, fotos o diversas publicaciones de interés general, o simplemente cosas que hace o piensa la gente hiperconectada. Y para entendernos: ni un "buenos días, me acabo de levantar con mal aliento y guayabo", ni "temblor de 6.7 grados en Japón", ni mucho menos un "quiero que Simone Perrota y la hermana de Simao Sabrosa tengan una hija y la llamen Zoyla" deberían permitirse reclamar por derechos de autor en un mundo "enredado" virtualmente, así com
o en el mundo conectado de una manera casi parroquial, en que se contaban chistes en las fiestas mientras se tomaba aguardiente y se bailaba con la tía solterona, tampoco sucedía.
El que no quiera correr el riesgo de que twitteros con baja autoestima y poca creatividad usen sus chistes o sus pensamientos de 140 caracteres para hacerse pasar por más inteligentes o más graciosos, que se salga de Twitter. Que escriba un libro, que no vuelva a decir brillanteces en las reuniones sociales, si es que todavía asiste a ellas, o que por lo menos deje de atacar la Ley Lleras. Hay que ser por lo menos consecuentes con lo que uno piensa, dice o trina, porque serlo, es el primer camino hacia la inteligencia.
A todo aquel que crea, como yo, que no se puede twittear para atacar el control estatal de las redes sociales y de manera arrogante, y a renglón seguido, presumir de la autoría de la mitad de los trinos mundiales, lo invito a que me siga, y me plagie, si se le antoja. Si mis estupideces le sirven para darle golpecitos a la espalda de su ego maltrecho, para recuperar una amistad o un polvo extraviado, bien pueda y evítese el RT. No lo voy a demandar, considérelo un regalo.
@Santiagomezm
Imágenes tomadas de: http://itsopen.co.uk/wp-content/uploads/itsop3-500x402.jpg y http://itmanagement.earthweb.com/img/2007/12/tw2007p3.jpg respectivamente.
