Eterna búsqueda

Mié, 10/10/2012 - 12:02
La historia no tiene novedad. Es repetitiva y tormentosa.

Me parece estar siguiendo los pasos de los que me han precedido en el dolor.

Detrás de mí hay millones de anónimos que sintieron lo m
La historia no tiene novedad. Es repetitiva y tormentosa. Me parece estar siguiendo los pasos de los que me han precedido en el dolor. Detrás de mí hay millones de anónimos que sintieron lo mismo. Millones que dieron su vida en el más abismal silencio fecundo. Monótona realidad que no me da sosiego. Pues me la deja ver en todas las cosas y a todas las cosas en ella. No estoy acostumbrado a dar amor. Siempre dispuesto a recibirlo, pero no a dejarlo salir de mí. Ahora me tocó perder. Y todas las primeras veces duelen. Lo más duro es la incertidumbre de no saber cómo proceder. La novedad duele más que la costumbre. Siempre había pensado que sería capaz de controlar todos mis actos. Pero ahora debo proceder de mala fe al mejor estilo sartreano. Y dejar que la situación me acople al dolor. Dolor que quisiera evitar. Pero ya no soy yo quien manda en mi corazón. Si todo el tiempo evitáramos el esperar algo, no nos dolería ese día en que viéramos que nunca vamos a recibir nada distinto de mierda… ¡c’est la vie! Por eso ahora estoy dispuesto a lo que sea que venga. Para bien o para mal ya el daño está hecho. Ya mi corazón no se pertenece a sí mismo. Se ha ido a emprender un viaje del que no sé si volverá. Si vuelve espero que traiga algo, así sea mierda. Yo también espero algo todo el tiempo, por eso sufro. Aún no he alcanzado el grado tal de indiferencia que me impida no esperar nada, no de las cosas, sino peor, de la gente. Ahí sale una vez más el desgraciado en su búsqueda eterna. Ojalá no deje de latir en su recorrido, pues aunque ella sabría cómo revivirlo, no puedo asegurar si él lo quisiera. Una vez se ha alcanzado lo que se busca, el interés pierde su objetivo. Y una vez más se encontrará buscando. Sería mejor no alcanzarla nunca. Así todo el tiempo la estaría buscando y deseando. Pero eso ya no depende mí y no sé si dependa de ella. Tal vez del destino. Y con ese nunca me la he llevado bien.
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