Jenny Lizeth Ambulia Chará

12 de abril del 2019

Opinión de Camilo Villegas

Jenny Lizeth Ambulia Chará

Han descubierto esta semana y al mismo tiempo, la cara oculta de los agujeros negros y la de la DIAN, y las dos son horribles. En la primera hay bordes tórridos y sombríos en los que la luz se curva sobre sí misma, como en una fantasía cósmica, un espejo en el que, si te asomas, ves las moléculas de ácidos, azúcares y alcoholes de las que procedemos. Esos compuestos químicos son como las fotos de Jenny Ambuila que han circulado en internet  y cuya mirada te indigna al entrar por sus fantasías, y también al salir, por sus derroches.

El cosmos se está configurando como un Lamborghini lleno de cornucopias y motores de tres cilindros. Los agujeros negros, finalmente, no son más que una región  finita del espacio en cuyo interior existe una concentración de masa lo suficientemente elevada y densa como para generar un campo gravitatorio tal que ninguna partícula material, ni siquiera la luz, puede escapar de ella, como la DIAN, atraen tu dinero, e incluso tu energía, hacia sí, pero no en mayor medida que otras estrellas u objetos cósmicos de masa similar.

Ómar Ambuila, que ha alcanzado límites de perfección en la cara oculta de la unidad administrativa, otro agujero negro en el que por estos días podemos contemplarnos los contribuyentes meticulosos de este país, a quienes, sin más herramientas de paz que nuestras propias empresas, en cuyos mástiles ondean las sagradas banderas del distrito, conseguimos crear un verdadero ejército de colaboradores para sacar adelante la nación. A muchos niños tuvimos que darles salud y educación, pues no había manera de que nuestros impuestos los beneficiaran sin dañarles. Normal, por tanto, que varias compañías nacionales y extranjeras sean exiliadas, arrancadas, incapaces de resistirse a la corrupción en masa de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales

En la imagen del agujero negro, en fin, podemos ver cómo éramos, y en el agujero negro de la DIAN, cómo hemos llegado a ser. Ahora hay que procurar que aquél no nos trague: saldrían en seguida inspectores aduaneros en Buenaventura dispuestos a salvarnos. Mientras tanto, señores corruptos, pueden presumir de lo que quieran, que ya se encargará el ardor de sus estómagos de llevarles la contraria. A mayor complejidad orgánica, menor sustancia: fíjense en Jenny Lizeth Ambuila Chará.

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