La memoria en su laberinto

21 de octubre del 2018

El Centro Nacional de Memoria Histórica es una entidad del orden nacional, con autonomía e independencia que ha venido desde su creación en el 2011, por ordenamiento de la Ley de Victimas y restitución de tierras, cumpliendo con una labor quijotesca, de reconstrucción de los hechos ocurridos en el marco del conflicto armado colombiano. Esta […]

La memoria en su laberinto

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El Centro Nacional de Memoria Histórica es una entidad del orden nacional, con autonomía e independencia que ha venido desde su creación en el 2011, por ordenamiento de la Ley de Victimas y restitución de tierras, cumpliendo con una labor quijotesca, de reconstrucción de los hechos ocurridos en el marco del conflicto armado colombiano.

Esta labor la ha venido cumpliendo con una enorme responsabilidad, dándole voz a todas las orillas del conflicto, por lo que ha sido reconocida no solo a nivel nacional, sino internacionalmente.

A nivel académico, ha venido teniendo un importante posicionamiento, ya que ha permitido que todos y todas, quienes quieran conocer lo ocurrido alrededor del conflicto armado, sus causas y consecuencias, pero principalmente, la resistencia de las víctimas, se acerquen con una mirada crítica y pluralista, sin embargo, esta labor se encuentra en la actualidad acéfala luego de la salida de su anterior director, el reconocido historiador Gonzalo Sánchez.

Con la entrada del nuevo gobierno, mucho se ha especulado acerca de quién puede ser la persona que asuma el liderazgo de esta importante entidad y le dé continuidad a su legado, pero la principal pregunta es; ¿Cuál va a ser la línea editorial que se le dé a los futuros informes, investigaciones y en general a la labor del mas importante centro de documentación histórica del conflicto en Colombia?

En un principio había rondado la idea de que la dirección del CNMH podía quedar en manos de Eduardo Pizarro Leongomez, quien fuese presidente de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, nombre que cayó bien en la comunidad académica, de víctimas y en la comunidad internacional, al ser alguien cercano a las víctimas, conocedor del conflicto, pero principalmente, alguien con la suficiente independencia para mantener la imparcialidad en la que el Centro de Memoria se ha destacado, no obstante, con el pasar de los días, esta idea se fue difuminando.

Hace pocos días empezó a sonar el nombre de Mario Javier Pacheco, a raíz de unos trinos emitidos por él mismo y ratificados en entrevista con la estación radial La W, en los que manifestaba su interés de dirigir el Centro de Memoria, principalmente por su interés de “corregir la tendencia que el CNMH ha tenido de culpar al Estado y a las FFMM”, este tipo de opiniones ya habían causado polémica anteriormente, cuando afirmó en otro de sus trinos, que el CNMH había sido cooptado por la insurgencia y sugería que los informes elaborados por la entidad, no solo eran amañados, sino que además exculpaban a las Farc para otorgarle una mayor responsabilidad de los hechos cometidos en el conflicto a las fuerzas del Estado.

Esta ha sido una queja permanente de quienes se han opuesto no solo al proceso de paz sino también a todo lo que suene a gestión del gobierno anterior, lo cual además es un error, ya que la labor del CNMH viene incluso de cuando eran Grupo de Memoria Histórica en la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación.

En cuanto a la supuesta omisión deliberada por parte de la entidad, de hechos cometidos por las Farc, es importante mencionar que cualquier persona que revise y lea a profundidad los informes publicados por el CNMH podrá darse cuenta que esta información es inexacta y parcializada, ya que la entidad ha venido documentando la violencia cometida por todos los actores armados en el conflicto indistintamente y que en caso de las Farc, esta información ha quedado consignada en informes como el de Bojayá, la guerra sin límites (2010), donde aparecen reseñados el asesinato de más de 80 personas, de las cuales más de la mitad fueron niños, así como más de mil quinientas personas desplazadas.

En el informe “San Carlos, memorias del éxodo de la guerra” publicado en el 2011, relata con exactitud las dos tomas cometidas por el grupo guerrillero a este municipio del oriente antioqueño, así como las masacres cometidas entre el 2001 y el 2004, el asesinato de 79 civiles, el secuestro de 50 personas más y el asesinato de dos miembros de la fuerza pública.

Hay otros informes como el de Trayectoria de las FARC (2013), Una sociedad secuestrada (2013), Una Nación desplazada (2015), Una guerra sin edad (2018) y otros informes que, en clave de memoria histórica, han relatado los hechos cometidos por la hoy desmovilizada guerrilla de las FARC y que al parecer están siendo convenientemente omitidas al momento de emitir críticas respecto a la labor de la entidad, como las que ha venido haciendo de manera irresponsable, quien hoy aspira a ser su director.

Esta misma crítica la han venido repitiendo otras personas que también han manifestado su interés en asumir la dirección del Centro, personas como el abogado Fernando Vargas Quemba o el mismo Alfredo Rangel impulsados por destacadas figuras del uribismo como Fernando Londoño desde su espacio radial “La Hora de la Verdad”.

Para el caso del abogado Fernando Vargas Quemba, miembro fundador del grupo morena y quien preside la fundación Comité Nacional de Víctimas de la Guerrilla, es clara su oposición a la labor realizada por el Centro Nacional de Memoria, la cual la ha manifestado en numerosos espacios de opinión y en sus propios blogs y escritos, desde donde ha desestimado la labor del centro, principalmente por considerar que las víctimas de las FARC son, según su opinión, muchas más y sus crímenes más atroces.

Ya se ha confirmado que el Gobierno ha descartado el nombre de Pacheco como director de la entidad y a la fecha no ha habido una posición oficial desde Presidencia acerca de quién tomará el liderazgo de tan importante entidad, ahora, independientemente de quien decida el actual gobierno nombrar como director o directora de la principal entidad de memoria histórica del país, algo si debe considerar el ejecutivo, y ni siquiera por ser una exigencia de la comunidad internacional, las víctimas y la academia, sino porque es una exigencia de la historia misma y es la de mantener la plurivocidad de la historia, la imparcialidad, neutralidad e independencia institucional y la participación de todos los actores.

La defensa de la memoria histórica en un país como el nuestro es un imperativo, principalmente para garantizar la no repetición de los hechos y finalmente con ello construir futuro, en palabra de Daniel Pécaut; “uno de los mayores problemas de nuestro país es que siempre nos quedamos anclados en el pasado, recreando sus dolores y sus agravios, y que somos incapaces de construir un proyecto colectivo en torno a la nación soñada”.

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