La psicoterapia de hacer cine

30 de junio del 2013

Su trabajo me ha sorprendido, porque no victimiza a quienes sufren.

Gustavo Montaña es caleño, músico y psicólogo. Fue investigador científico en neurosciencia cognitiva en la Universidad de Carolina del Sur, de donde se graduó con una maestría en Linguística. Está tatuado hasta el hipotálamo y es fanático del Doom y el Black Metal. A él siempre le creí  su tema “dark”, porque sólo respeto a dos tipos de personas: el que está con Dios o con el diablo. Ambos prototipos caminan con la mirada  fija,  el paso lento pero seguro, creen en sí mismos porque saben qué habita dentro de ellos.

Recuerdo el día que me llamó por telefóno diciéndome iba a dejar sus trabajos de laboratorio e investigación para dedicarse a su pasión: el cine. Me alegré inmensamente, me dio envidia de la buena y reconocí el miedo que invade cuando se abandona el “comfort zone” por seguir los sueños. De eso ya han pasado unos años y  cada vez que veo sus trabajos,  sospecho que se está conociendo a través de ellos o que se trata de una invitación  a que dejemos  entrar el lado oscuro de nuestra existencia con temas  como la muerte, la demencia y la melancolía, mientras él se ríe tras bambalinas porque al final todo le parece cursi. Aún estoy por descifrarlo, aunque  a veces sospecho que su arte es un experimento más del que sólo es un recolector de datos, sin que la emoción se adueñe de él, para que ella ande sola, libre y sin finales felices.

Hace 18 años lo conozco, y como suele pasar con mis pocas amistades nos reconocimos y afianzamos  desde la inconformidad ante una ciudad que en esa época le daba poco aire a los que pensábamos distinto. Y como ante ese poco aire quedaban las opciones: o es “hippie” o es “alterno” (las cuales aborrezco) pues bajo esa chapa andábamos entre los pocos bares tolerantes, las funciones de cinemateca o el sitio de rentas de la Ventana Indiscreta que lo dejaban a uno pasar sin tanto juicio ni prejuicio.

Ya había pasado por darle gusto a su padre en estudiar dos semestres de Ingeniería Industrial, pero la cámara lo seguía llamando, entonces hizo  un semestre en Comunicación Social en la Universidad Autónoma de donde se aburrió, para irse Los Angeles a seguir su sueño que duró siete meses. Allí trabajó en obras de construcción mientras recibía el coletazo de la inmensidad de Hollywood y su apabullante competencia. Regresó a Colombia, pensando que era mejor ser ingeniero con plata para así montar su productora con ideas propias,  pero después de dos años y sin pelearse con los números, la ficción lo llamó de otra manera: con la psicología. En el 2000, entró a la Universidad Javeriana de donde se graduó como psicólogo, mientras creó su banda At Dusk de la que compuso un demo y sacó un LP. Hizo un año de investigación en Colombia, para entonces terminar en el 2007 en Columbia, Carolina del Sur, donde empezó su doctorado en psicología experimental.

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Así conocí a Montaña, con sus mechas que bajaban por las nalgas, con los invasivos tattoos y el sordo sonido de su música. No bebe, no fuma y como buen hijo de las tinieblas, no envejece. Y bajo ese “cover” sigue su camino sin percatarse de aprobaciones o desaprobaciones,  viviendo en uno de los estados más conservativos de los Estados Unidos, donde trabajó con cientificos, publicó artículos en revistas de investigación, hasta que en el 2010 se entregó  con plena confianza al aire que le hacía falta.

A los días de nuestra conversación telefónica, se fue a estudiar cine en el  New York Film Academy. Al poco tiempo montó su productora At Dusk Media con la que ha dirigido varios cortos y videoclips para distintas bandas de rock estadounidenses.  Se ha hecho merecedor de varios premios como el de mejor video en el 2012, bajo el sitio ourstage.com que hace  parte de MTV network y se ha destacado en distintos festivales con sus cortos: “Purity”, “Cotard’s Reality”, “Therein”. A su vez, hizo un documental para la Asociación Nacional de Salud Pública de San Francisco y participó como asistente de cámara en el corto “The Script” seleccionado en Cannes en el 2011.

Ahora está a punto de lanzar su último documental “Las Libres”, un producto arriesgado y exigente por tratarse de temas de violación de Derechos Humanos, realizado principalmente en México, en colaboración con otros países como Colombia, Estados Unidos y Argentina. Su título lleva el mismo nombre de la organización que denuncia las injusticias que afrontan decenas de mujeres que llevan entre 25 a 40 años en la cárcel (muchas de ellas víctimas de violaciones y abortos espontáneos), bajo el decreto de una ley en el estado de Guanajuato que condena  el aborto como un crimen de homicidio.

De nuevo, su trabajo me ha sorprendido. Primero porque no victimiza a quienes sufren, pues dichas mujeres son guerreras desde las rejas. Saca lágrimas de rabia, de frustracción, de manera libre como suele suceder en una terapia donde no hay espacio para la verguenza y se permite chorrear moco mientras se acaba con  la caja de Kleenex. Allí se pueden apreciar mujeres tristes, furiosas, con desesperanza y dolor, bajo el marco de un tema tan universal como polémico. De alguna manera, es así como termino entiendo los trabajos de Montaña, sin filtros ni atajos, con paso seguro pero de decisiones erráticas de las que siempre ha contado con suerte. Con su arte o terapia, no pretende ser un colombiano famoso en el exterior, de hecho todavía no lo es, finalmente la locura nunca se cura y para hacer hacer ficción y reflejar realidad hay que estarlo y mucho.

Aquí su trailer: [vimeo]http://vimeo.com/59702776[/vimeo]

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