Gran alboroto el que se armó cuando se conoció que la conservadora redacción del proyecto de ley que busca penalizar el aborto en sus tres excepciones también penalizaría a inseminación in vitro, la eutanasia asistida, e incluso el uso de pastillas anticonceptivas. Algunos cínicos dijeron que ésta no es sino una estrategia de militantes conservadores que no reciben de sus conyugues sexo anal u otras tendencias sexuales new age, mientras otros se quejan por el temor mamerto de ver al gobierno sometido a los valores y ocurrencias de la Iglesia Católica. Lo cierto es que se revivió el debate, justo en la víspera del día internacional de la lucha por la despenalización del aborto.
Hubo reacciones de bando y bando. Las promiscuas feministas pro aborto pusieron el grito en el cielo, reclamando fantasiosos derechos en los que, según ellas, es válido asesinar un cúmulo de células. ¿Cómo me va a obligar a tener un niño si su nacimiento pone en peligro mi propia vida? Dice una. ¿Qué pasa si me acuesto con un desconocido, se rompe el condón, y quedo embarazada? ¿Estoy obligada a parir un niño que no quiero tener? Dice otra. Dice una tercera ¿Qué pasa si mi primo con síndrome de Down me viola y quedo embarazada? ¿Me van a obligar a tener un niño que no voy a amar?. Enseguida se alzan las voces conservadoras de la razón, y reclaman a las primeras su falta de responsabilidad, su facilismo, su sed de sangre, y su pereza de criar un niño en condiciones económicas y afectivas insuficientes. Entonces las primeras tildan a las segundas de retrógradas y estúpidas, sólo para que las retrógradas y estúpidas tilden de asesinas a las primeras. Y así, el debate se pierde entre los insultos, el calor y los argumentos débiles, y se queda en las arandelas en vez de concentrarse en lo fundamental: La libertad.
Cosas similares han pasado en otros ámbitos. En el debate de la legalización de la marihuana, los defensores esgrimen argumentos como su baja peligrosidad comparada con el alcohol y el tabaco, el incremento de ingresos al estado por impuestos, sus beneficios medicinales, y el golpe financiero al narcotráfico. De inmediato, los opositores salen a demostrar que la marihuana da celulitis, que el golpe al narcotráfico es menor de lo que se pensaba, que los trabajadores consumirán drogas en el trabajo, que ahora se van a ver odontólogos drogados atendiendo niños. Entonces los primeros responden que un odontólogo fumado es más capaz que un odontólogo borracho, los segundos responden que ambos escenarios son condenables, y a fin de cuentas no se llega a nada.
No se si sea cierto, pero lo mismo sucedió años atrás en otros temas. Dicen que en el debate para permitir el sufragio a las mujeres, se argumentaba su capacidad intelectual, su acceso a la educación, su comprensión de la política, sus altibajos emocionales, la utilidad de un nuevo segmento objetivo, quién iba a hacer la comida mientras los hombres salían a votar, o el temor a una mujer Presidente. En cuanto a la esclavitud, se discutía el efecto económico de la pérdida de trabajadores en los cultivos, el futuro de los deportes con jugadores más fuertes y ágiles, el futuro de la música y de la moda, o la obligación de incluir negros en las películas de terror para que fueran asesinados. Por eso estos retrocesos, como lo derechos de las mujeres y minorías raciales, tomaron tanto tiempo.
Esto me alegra bastante. Me emociona y me llena de dicha ver cómo los liberales se ofuscan, se enrojecen, tiemblan y vociferan como locos, reclamando esos “derechos” para las mujeres, los homosexuales y los drogadictos, a cuotas. Ver estos debates acerca de lo hipotético y lo ridículo me tranquiliza, porque mientras se piense que las libertades y los derechos civiles deben ser otorgados y arrebatados por los gobiernos y las ideologías de turno, evitaremos lo que lo allá afuera se atreven a llamar “progreso”. Mientras sigan pensando que las libertades y los derechos no son algo que tiene que ser garantizado sino suplicado, sacando cientos de razones tibias de la manga, no va a llegar a ningún lado. Mientras aquellos que luchan por la igualdad y la libertad no se den cuenta de que no están luchando por un listado de peticiones sino por la libertad individual y universal, libertad de conciencia y elección para todos, sin discriminación y en todos los ámbitos, la agenda conservadora estará a salvo. Sigan peleando y rebuscando excusas tontas para garantizar sus derechos uno por uno, que tal y sucede hoy, si llegan a tener éxito, en un par de años se los quitaremos otra vez.
@viboramistica
Libertad a cuotas
Jue, 29/09/2011 - 04:49
Gran alboroto el que se armó cuando se conoció que la conservadora redacción del proyecto de ley que busca penalizar el aborto en sus tres excepciones también penalizaría a inseminación in vitro
