Los indígenas tienen la culpa

18 de marzo del 2011

Que la gente se quede con la devuelta, que se invente citas médicas para no ir a trabajar o estudiar, que “se pase de avión”, que se “haga el loco” cuando le toca responder, que sea capaz de mentir sin que lo pillen, que se pare para el baño cuando toca pagar la cuenta, que robe sin que nadie lo note, que parta y reparta tajadas y encima se lleve la mejor, que chanchullee, que todo lo saque más barato de lo que es, así tumbe al otro, que llegue tarde y sea capaz de matar a una tía para no quedar mal, etc., etc., etc.; son para algunos habilidades propias de quienes tienen la gran virtud, comúnmente conocida como “la malicia indígena”.

Lo que implica que, en este revuelto de razas que venimos siendo los colombianos, los indígenas tienen la responsabilidad genética de dotar a esta nueva raza “mestiza” de una condición supuestamente “inherente al ser humano”, que hace que pululen los ladrones y los mentirosos. Que descaro! Nadie quiere ser indígena o afro, todos se las dan de blancos puros, menos cuando se trata de justificar la falta de ética; ahí sí todos sacan al indígena que llevan por dentro y entonces es ahí también cuando el resto dice: no sia indio!. Que descaro!

Yo no se quien se acuñó la frase esta. Para mi este dicho hace parte de ese “paquete cultural” que parecer venir con uno desde el nacimiento y que todo niño colombiano asimila en su vida “desde que tiene uso de razón”; ósea esas cosas que uno sabe pero nunca entiende como las supo, ni quien se las enseñó, ni en que momento las aprendió, y que son conocidas como “la cultura”. Uno las sabe y punto.

Así, desde que supuestamente uno empieza a hacer uso de su razón sabe que el vivo vive del bobo y el vivo es sencillamente el que tiene malicia indígena, es decir, un tipo que pase lo que pase, se sale con la suya porque es “muy avispao”. Y así lo crían a uno en este país y después no entendemos porqué los moreno rojas, los nule, los uribe moreno, y tantos vivos que viven de tantos bobos que los elegimos.

Ya va siendo hora de criar generaciones un poco menos avispadas, carentes de malicia y de “viveza”. Gente honesta que sea capaz de decir que no quiere hacer algo, que no es capaz, que no tiene plata ese día, que prefiere quedarse en la casa aunque no esté enfermo, que devuelve lo que le sobra o lo que no es suyo, que no anda por el mundo haciendo de miss simpatía para quedar bien o diciendo a todo que sí para ser “súper chévere”. Y que además entiende que ser indígena no es necesariamente ser un pillo.

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