Mejor cambiemos de Chanel

Jue, 01/11/2012 - 12:08
Abrí las noticias y leí que el Ministro de Minas afirma que se combatirá la minería ilegal, pues financia a las guerrillas y a las bacrim (!oh sorpresa!), como si no supiéramos hace rato que la g
Abrí las noticias y leí que el Ministro de Minas afirma que se combatirá la minería ilegal, pues financia a las guerrillas y a las bacrim (!oh sorpresa!), como si no supiéramos hace rato que la guerra busca sus medios de subsistencia, como una mala yerba que se abre paso entre los resquicios, y que si no es la coca otras serán las arcas que exploren los violentos. Ví también que el procurador retrógrado y nepotista que juzga a nuestros empleados públicos sigue ganado fuerza para su reelección, enemiga de las libertades femeninas y homosexuales, y que una masacre en el Valle dejó dos muertos y treinta y cinco heridos. Y sin embargo, a pesar de estos sucesos tristes que merecerían el más sosegado análisis y la más grande de las preocupaciones, la única noticia que cautivó mi atención esta mañana mientras me tomaba el jugo de naranja a cinco mil kilómetros de la capital de Colombia, fue el evento de inauguración allá en Bogotá de la nueva fragancia de Chanel. Si. Chanel no. 5. Regocijado, vi a Paola Turbay, Andrea Serna y Pilar Castaño, es decir, a las lindas y a las no tan lindas, pero en cualquier caso a las más sofisticadas personalidades de nuestra ciudad, discutir en la televisión sobre la trascendencia de este nuevo hito de la inversión extranjera y la moda en Colombia. Sobre todo estuve de acuerdo (y lo estuvo también Lara, mi mujer) con que Serna dijera que era un gran lujo tener a tan dichosa marca al alcance de nuestras manos y de nuestros sueños. Si. Es un lujo, un lujo repugnante e innecesario cuya divulgación escandalosa a través de los canales de televisión sólo lo hace más peligroso, más reprobable y más ofensivo para una sociedad que no logra salir del atraso y la guerra como para venir ahora a preocuparse por la instalación de vitrinas ostentosas con los precios de cuyos productos bien se podrían pagar las necesidades básicas de quienes nunca verán esas vitrinas, por la sencilla razón de que no les alcanza el salario para ir a la zona T, si es que es allí donde se vende el tan cotizado perfume (cuya imagen, a propósito, es el hermoso Brad Pitt, con barba y  mirada fija en el horizonte). Es repugnante por ser una de tantas manifestaciones del síntoma terrible que aqueja a la sociedad moderna en que vivimos, donde las noticias las hacen las grandes marcas, las grandes corporaciones, en una batalla descarada y descabellada por hacernos comprar lo que no necesitamos para provecho de los capitales grandiosos, mientras se nos olvida que ahí afuera se sigue muriendo la gente, se siguen cometiendo injusticias y nos siguen esperando los asuntos verdaderamente importantes. Dirán ustedes que es la vieja diatriba mamerta contra el consumismo. Y yo estaré de acuerdo. Es sin duda un discurso que se ha repetido muchas veces, y no por ello deja de ser cierto y digno de ser recordado. La vena anti-consumista se alborota fácilmente al ver las hordas de compradores en las tiendas de Times Square pocas horas antes de la llegada del huracán Sandy a una ciudad y a un país que lleva 100 horas de cobertura ininterrumpida sobre la inundación del Battery Park sin haberse dignado a contarnos sobre los muertos en Haití y Cuba, víctimas igualmente desamparadas del huracán que pasaron desapercibidas. Se alborota fácilmente la vena anti-consumista cuando se ven las "noticias del entretenimiento" de todos los días en los canales de tu país. Los colombianos hacemos lo que podemos para cumplir nuestra parte del ritual macabro: los que podemos nos vamos de compras mientras el país reelige a un procurador confesional, los que podemos más vamos a un coctel por la inauguración de Chanel y salimos en televisión, y los que no podemos nada salimos a la calle o al monte a ver si la providencia o la intimidación nos ayudan a llevar comida a la casa. Pero más allá de criticar el ritual, pues confieso que yo también he comprado perfumes y carezco por tanto del derecho moral, critico su promoción. Critico a las presentadoras glamourosas que nos cuentan sobre la nueva fragancia y que nos hacen creer que el prototipo de la realización personal es llegar a tan engalanadas esferas sociales de inauguraciones y cocteles; critico a los medios detrás de estas bellezas que controlan las dosis de información que reciben los colombianos después de llegar de su trabajo y que saben medirlas muy bien para mantener nuestra expectativas al nivel correcto; critico la inauguración mediática de las nuevas fragancias de perfumes caros, atiborrada de personalidades y acordonada para que no pasen los de a pié, porque es uno de esos ejemplos en que los beneficios de la "inversión extranjera" son mínimos frente a los perjuicios de percepción que nos causa el hecho mismo de que las bellezas de la nación salgan en las noticias hablando de lujos que no debemos (ni podemos) permitirnos. Es bueno recordarlo. @juramaga
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