Negación de la Santa Trinidad o el comienzo del arte colombiano

Jue, 15/09/2011 - 16:13
[caption id="" align="alignnone" width="400" caption=""Símbolo de Trinidad", Gregorio Vásquez; Museo de Arte Colonial, Bogotá, Colombia. "]
[caption id="" align="alignnone" width="400" caption=""Símbolo de Trinidad", Gregorio Vásquez; Museo de Arte Colonial, Bogotá, Colombia. "][/caption] Gregorio Vásquez de Arce nació en la Bogotá del siglo XVII, cuando esta ciudad era un pueblo español perdido en las montañas del nuevo mundo. Cuando llegaban pocos libros y éstos eran en su mayoría romances y manuales caóticos contrareformistas. Historias de santos y grabados mal hechos por monjes españoles. Libros sobre arte pictórico que debían ser usados para evangelizar a indios pocos castizos. En medio de ellos, y con una habilidad artística propia, creció Gregorio Vásquez. Quien fue, prontamente, llevado por su padre al taller del pintor Baltasar Figueroa para que lo educase en su arte. Superó con rapidez a su maestro, cuyo obra era en realidad mediocre, y se independizó con la ayuda del mecenas  Gabriel Gómez de Sandoval (vendedor español que descubrió el talento del joven y lo promovió en sus inicios). Vásquez se fue haciendo solo, copiando imágenes y grabados que le llegaban de España. En toda vida sólo tuvo la oportunidad de copiar un cuadro propiamente dicho y no una simple reproducción. Contando con la mala suerte, empero, de que éste fuese de pobre calidad. Vásquez se hizo, entonces, por sí mismo, experimentando con pigmentos de la región y usando lienzos de fabricación indígena. Contratando a modelos por debajo de cuerda y siendo consiente de sus falencias. Nunca salió de Santafé, pero absorbía cuanta información le llegaba en libros. Lentamente comenzó a firma sus cuadros y le empezaron a llover pedidos de una u otra iglesia. Primero de la sabana, luego del Nuevo Reino de Granada. En uno de aquellos encargos, hizo algo que pocos, o casi nadie, había hecho antes de él. Figuró la  Santa Trinidad con un Jesús de tres rostros. No como un cancerbero virgiliano, sino como una persona cuya cabeza tiene tres caras en sucesiva simetría. La progresión que hizo Vásquez es perfecta y tiene el cuidado de no pintar seis ojos burdamente, sino sólo cuatro en tres rostros que se superponen de forma limpia. Vázquez figuró un concepto que por sí es incompresible. La trinidad, tres personas en una, viola toda lógica aristotélica. No es posible concebir una cosa que sea al mismo tiempo tres cosas distintas. La objeción de que las tres son propiedades o rasgos de una sola cosa no tiene sentido, cuando una de estas propiedades es Dios, que es lo es todo y es todo poderoso. Se puede decir y promulgar aquello por siglos, como lo ha hecho la Iglesia Católica, pero no se puede comprender a cabalidad. Se puede, más bien, aterrizar la idea a una figura si acaso imaginable, perdiendo en este proceso todo el sentido religioso previo. Este tipo de cuadros (Jesús con tres rostros) comenzaron a aparecer en el siglo XIII a lo largo de Europa, pero por la misma desacralización que implicaban, fueron censurados y mandados a quemar por el Papa Urbano VIII en 1628. Vásquez, que nació diez años después, pudo haber tenido la suerte de ver alguno de ellos, pero lo más seguro es que no. Difícilmente algún libro que los contuviera pudo haber pasado sin problemas la censura de cartaginense. Vásquez, sin embargo, hace un cuadro de perfecta factura e ingenio. Éste, seguramente, nació de sus propias reflexiones, pero sus ideas e implicaciones son subversivas y ponen un punto de inflexión en su obra religiosa. La pintura intentan figurar un concepto de imposible concepción y, por tanto, lo niega y lo destruye, mostrado su imposibilidad. Está acá la virtud de Vásquez, que más que ser un excelente pintor autodidacta, inauguró el arte colombiano anteponiendo el concepto a la técnica. (El anterior texto fue hecho como explicación de la siguiente seria de fotografías: Trinidad (negación)
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