Ni Coelo ni Vargas Llosa.

A propósito de las ultimas polémicas planteadas en torno al oficio de escribir-Paulo
A propósito de las ultimas polémicas planteadas en torno al oficio de escribir-Paulo Coelo y James Joyce; o Alberto salcedo y Joseph Avsky-, he recordado la definición que Ortega Y Gasset elaboró sobre la pintura, que bien se puede acomodar a la literatura, como una “ cosa que ciertos hombres se ocupan en hacer, mientras otros se ocupan en mirarla ( leerla en este caso),copiarla, criticarla o encomiarla, teorizar sobre ella, venderla, comprarla y prestigiarse socialmente, por lo menos envanecerse con  su posesión”. Y la  he recordado por cuanto un cliente de la librería me hizo reencontrarme con un autor que no termina de gustarme: Mario Vargas Llosa. Por esa amplia comprensión que da el goce de ser lector empedernido, con más audacia que verdad, y lejos de pretensiones definitivas o conceptos rigurosos academicos, retuve la entrega de la obra solicitada para leerla y encontrar datos  que justificaran el sitial de atrás que ocupa el escritor peruano en mi anaquel de preferencias literarias. La tía Julia y el escribidor- de esta obra hablo- , la componen trescientas ochenta y cuatro páginas de vida cotidiana individual, que parece tener bastante de biografía del autor, y de la vida que se vivía, hace más de sesenta años, en el Perú, Bolivia y Argentina. Vida cotidiana superficial, lejos de aspectos como lo económico, político, derecho o social. Y utiliza, para describir esa  vacua realidad cotidiana, una técnica que consiste en contar de manera casi simultánea varias historias, una entre otras nueve, la suya de su primer amor, su primer matrimonio, su primera rebeldía contra el  sistema, intercalando, con bastante hilaridad, esfuerzos y fatigas frente a la burocracia, el trabajo y la vida diaria. Por otro lado sus figuras niegan fiereza, lucha o heroísmo y tampoco insinúa o muestra su latencia; son simples y vacías. Su contenido, entonces, por intrascendente, no da ni una respuesta al subdesarrollo, ni una tarea creadora o recreadora del hombre latinoamericano. La obra no revela un análisis del medio donde ejercen sus protagonistas el oficio de vivir, su modo de ser y su modo de comprender; una novela que ni satisface ni disgusta, solo entretiene. Y como tantas otras de su estilo- de lectura de verano-, corre el riesgo de alienarnos y aculturizarnos. Y no de enriquecernos, como debe ser cualquier expresión del arte. Sigue este premio nobel de literatura sin gustarme. wica08@yahoo.com  
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