¿Por qué son lo mismo la Ley seca y los Vagones Rosados de TM?

Lun, 07/07/2014 - 04:37
A un problema de violencia estructural, arraigada en la cultura falocéntrica, machista, dominadora en la que estamos insertos  las autoridades locales responden con paños de agua tibia, no sin ant
A un problema de violencia estructural, arraigada en la cultura falocéntrica, machista, dominadora en la que estamos insertos  las autoridades locales responden con paños de agua tibia, no sin antes tener la venia las opiniones de expertos (o no necesariamente con ella). Cómo ya es sabido, a inicios de este año se desató el "grave problema" del acoso sexual, manoseo y violencia que se ejerce cotidiana y esquemáticamente a las mujeres que usan el transporte masivo Transmilenio pero que no se restringe a los espacios de este sistema que está saturado y excediendo su capacidad (incomodándonos a todos sus usuarios); se ve en la calle, en las casas, en los lugares de estudio y de trabajo. A esta polémica, que fue consagrada debidamente por Pirry en una de sus crónicas para el canal nacional, las autoridades pensaron: ¿cómo evitar el manoseo de mujeres en este medio de transporte?... fácil, pongámoslas aparte de los victimarios de esta práctica enferma y aberrante que sólo es ejercida por personas (hombres) desviadas que no tienen ninguna corrección y a los que es mejor no ponerles cerca la tentación. Ese es el mensaje. Sin embargo no es tan sencillo. Alguna vez, alguien me dijo una frase muy interesante cuando conversábamos este hecho: "los gobernantes pueden 1. hacer algo que sea muy visible aunque no solucione la cosa, 2. no hacer algo tan visible pero que sí solucione la cosa, u optar por una tercer opción -que tal vez, sería la ideal- 3. hacer algo visible que no necesariamente solucione el problema de raíz, pero seguir apuntándole a la transformación de la forma en que se siguen reproduciendo los problemas", es decir el problema estructural. Si bien, algunas personas, incluso mujeres y la mismísima Secretaria Distrital de la Mujer de Bogotá, Martha Lucía Sánchez Segura estuvieron de acuerdo con la medida, hay quienes aún se oponen. Porque es que, a un problema estructural, no se le puede responder con una solución funcional y técnica (a propósito de las cifras que refuerzan la idea y que la legitiman por su "éxito" en otras ciudades del mundo). Hoy con el mundial de fútbol (que es circunstancial y no tiene la culpa de los efectos que genera en las masas o en los individuos que, por un instante entran en un ficticio espacio liminal en el que las reglas se detienen, cual espacio mágico/ritual) las personas de la ciudad están dejándose llevar por el instante sin pensar cuales son los efectos de sus acciones. O por lo menos, así es como se quiere ver, y las autoridades (unas más que otras, viendo el "problema" en contabilizar el saldo de la celebración que tvuo el partido Colombia - Uruguay el Sábado 28)  están refugiando este accionar en los efectos del alcohol. ¿Cómo así? ¿Acaso los y las bogotanas sólo somos agresivos, descontrolados, desmedidos cuando nos tomamos unos tragos? o, volteando la torta... ¿Acaso sólo se nos va la mano tomando cuando vemos el triunfo momentáneo de la selección en las arenas internacionales como lo es el mundial?. Es preocupante cómo están caricaturizando y minimizando la situación real de la sociedad 1. El consumo desmedido de alcohol no es algo nuevo que esté pasando en Bogotá, ni tampoco puede explicarse por las circunstancias festivas/de-liminalidad-social-del-mundial. No es sino ver ( o recordar) lo que pasa en la Zona Rosa, por ejemplo, cualquier fin de semana a eso de las 2 am. 2. Aunque la agresividad sí podría incrementar con la ingesta de alcohol (y aun hay discusiones académicas al respecto), está no subyace a este. Es decir, la agresividad de los bogotanos y de los colombianos no se explica por los tragos de más que se tomó la persona que de repente está repartiendo puños y balbuceando algún dialecto ininteligible porque la chaqueta  se quedó en el bar. Me niego a aceptar que la justificación de la violencia en la ciudad sea atribuida (no causada) a las personas que pierden la conciencia por la ingesta de alcohol ni mucho menos a la conciencia retorcida de "hombres" aberrados que les gusta toquetear a desconocidos y desconocidas (o tener contacto visual desagradable, o musitar unas frases que pueden violar la intimidad y la subjetividad femenina de las mujeres que tranquilamente caminan, entre muchassss). Si seguimos pensando así se justifican las acciones de  los cientos de borrachos que al volante que mataron a sus victimas; al hombre que, llevado por el pundonor, tuvo que asfixiar a su "amorcito" en frente de sus hijos; a las personas que cometen acciones indebidas con las finanzas públicas (por acto u omisión) o a quien asegura que "ella quería porque tenía una faldita". Sí. Se justifican por que se les encuentra una razón débil y ficticia: son personas sin control o estaban "fuera de sí". El problema que subyace a todas estas nefastas escenas, como el manoseo, como el descontrol en el espacio público, es la forma en la que hemos incorporado valores, juicios y moralidades en nuestra sociedad trastocada. Estas, han estado al servicio de una sociedad llena de violencias, de iras y odios, de revanchas y de pugnas por sobrevivir en la que lo que prima es el maridaje de "la supervivencia del más fuerte (y no del más apto)" y el ideal de pronunciar "soy un berraco". Esto alimenta egos, orgullos y hace deseable estar en una posición de poder, entiendo este como el lugar de dominación y sumisión del otro, de control... características elementales del machismo violento que con el que comemos, nos bañamos, respiramos y transpiramos. Todo esto para decir, desde mi humilde opinión que: Los vagones rosados NO son la solución a un problema estructural arraigado en la cultura falocéntrica, machista, dominadora en la que estamos como sociedad. La ley seca NO es la solución a un problema estructural, arraigada en una cultura falocéntrica, machista, dominadora en la que estamos como sociedad. Cada vez más me impresiona la reacción irrisoria de las autoridades y de los diferentes sectores de la sociedad frente a los actos que atropellan a las personas, el absurdo que recae en sus motivaciones y ni qué decir de los actos de discriminación (por acción u omisión)... de violencia en general. Pero más grave me parece, que traten de tapar el sol con un dedo, refugiándose en chivos expiatorios, que en el caso de la ley seca no son sino los comerciantes que ya han perdido millones de pesos y en el de los vagones rosados las mujeres que decidan no irse en el reservado para ellas y que sea manoseada en el mixto ("es que ella se lo buscó... ella decidió ponerse en riesgo..."). La solución sí es cambiar el imaginario social Y la verdad, soy escéptica a pensar  que estas dos medidas sean de las del tercer tipo que toman los gobernantes: unas medidas visibles, pero que debajo de ellas estén realizándose cambios estructurales...La verdad no creo que estén tomado medidas de qué es lo que se transmite en la TV nacional, ni se propongan reflexiones profundas acerca de nuestra reciente historia en los colegios, universidades y calles. Ojalá me equivoque y este cambio sí este dándose para que  podamos, en algún momento, caminar tranquilas por las calles y montar al vagón que se nos dé la gana sin tener miedo o sentirnos inseguras...  o podamos disfrutar de una cerveza, un aguardiente frío o unos tablazos sin que esto signifique inmediatamente el descontrol total y la pérdida de consciencia.      
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