Qué pasa con el cine colombiano?

17 de mayo del 2011

La creación del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico en nuestro país ha sido, sin duda, un gran avance para el desarrollo del cine colombiano. De 4 películas de ficción estrenadas en el año 2002, un año antes de la entrada en vigor de la ley 814 de 2003, hemos pasado a ver 6 producciones del mismo tipo en lo que va del año (mayo 2011 – El Jefe, Los Colores de la Montaña, Lecciones para un Beso, En Coma, Karen Llora en un Bus y Locos). En cuestión de cantidad, es claro el avance. Sin embargo, a la hora de comparar calidad, las cosas se vuelve mucho más difusas y es necesario preguntarnos qué está pasando en la producción nacional.

De las 6 películas colombianas que han llegado a cartelera durante este 2011, se pueden rescatar elementos positivos de todas, aunque son 3 las que sobresalen. Los Colores de la Montaña es una película que se arriesga a mostrar el drama del desplazamiento forzado en el país desde la perspectiva de un grupo de niños inocentes; Lecciones para un Beso se aleja de los lugares comunes del cine colombiano (conflicto armado, drogas, prostitución, violencia, sicariato) para mostrar el romanticismo que vive todos los días una ciudad como Cartagena; y En Coma propone una dirección artística única y muestra una historia estereotípica desde una perspectiva diferente. Sin embargo, al hablar de los aspectos negativos, las 6 caen en errores monumentales que les impide convertirse en buenas películas y terminan pasando desapercibidas.

Diálogos poco creíbles, abuso de los silencios, actuaciones lamentables e historias mal construidas son el pan nuestro de cada día en el cine nacional. Y se siguen repitiendo. Y nadie hace nada por corregirlos. Y ahí es cuando el espectador se pregunta si realmente ampliar la cantidad de producciones nacionales es la solución al problema del cine nacional. Porque, si realmente las personas encargadas del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico se tomaran el tiempo de analizar los guiones a fondo antes de entregar recursos, se darían cuenta que estos problemas se pueden corregir desde la concepción del guión y que, poco a poco, la calidad podría empezar a mejorar.

Ahora, culpar solo al Fondo de Desarrollo Cinematográfico sería irresponsable e injusto. Las escuelas de cine de nuestro país tienen en parte la culpa, pues hacen pensar a los alumnos que una historia llamativa y bien estructurada no es tan importante como si lo pueden ser aspectos estéticos o técnicos. Y claro, las audiencias también juegan otro papel importante. Cada vez que un espectador o un crítico se refiere a una película nacional diciendo “No hay que darle tan duro porque es colombiana” está ayudando a que el ciclo se repita y que trabajos de baja calidad sean considerados como buenos.

El cine es un arte y como tal, su apreciación es completamente subjetiva, pero cuando nos damos cuenta la poca importancia de Colombia en el plano del cine Latinoamericano (comparándonos con países como Brasil, Argentina o México) nos damos cuenta que hay un problema que debe ser atacado. Apoyo el cine nacional y apoyo a los valientes realizadores quienes, al final de años de arduo trabajo, poco o nada ganan con su esfuerzo, pero también pido que a nosotros los espectadores nos den la libertad de opinar y quejarnos de la gran oferta de películas malas que hay en nuestro país.

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