¿Son justos los precios de la comida en Cine Colombia?

25 de julio del 2017

Recomendaría una promoción de palomitas de maíz para recordar el origen de este ya cultural maridaje entre el cine y las “crispetas”.

¿Son justos los precios de la comida en Cine Colombia?

Foto: Shutterstock

Permítanme remontarme al año 1929 en donde nació aquella tradición de comer palomitas de maíz en cine.

EE.UU. entró en una de las crisis más graves de la historia de Wall Street. Millones de trabajadores fueron despedidos, perdieron sus empleos, sus ahorros rápidamente desaparecieron y su estilo de vida tuvo un cambio considerable. El índice de desempleo subió de un 3% a un 25% en 4 años (1929-1933).

Aquella época también traía otra efeméride. Estaba de moda el cine y este era un gran distractor para la golpeada población que buscaba algo para entretenerse. Entrando ya en el tema, solo en algunas salas permitían el ingreso de comida y como el maíz, se producía como decir “arroz” acá en Colombia.

Entonces que mejor que vender un producto económico, con bajo costo de producción y asequible a todo el mundo. Así fue como este ritual o tradición rompió fronteras para hoy, en una inmensa evolución de sabores, tener palomitas de diferentes colores, sabores y una gama sencilla gastronómica de ‘paqueticos’, perros calientes, chocolatinas, que el común de la gente “nos tragamos” en su totalidad antes de comenzar la película.

Ahora hablemos de precios…

Pasé una agradable tarde en el centro comercial Unicentro de Bogotá, preguntándole a la gente su opinión acerca de los precios de la comida en cine en general. Abordé más de 20 personas y en resumen todos tuvieron algo en común en sus respuestas. Les parece rico pero caro.

Por otro lado realicé una breve encuesta en redes y 40 personas respondieron. 11 aceptaron que entran comida a las salas (No un pollo asado ni una desapercibida mandarina, pero si algunos paquetes y una que otra hamburguesa). 26 compran su comida en cine y consideran altos los precios de algunos productos. Solo 3 personas sienten cómodos los precios del abanico de opciones gastronómicas en salas de cine.

Tuve la oportunidad de hablar luego con la administradora de las salas de Cine Colombia en Unicentro. Fue una charla corta y concreta. Tenía mucha curiosidad por preguntar cosas que sé que involucran y dan razón a los precios estipulados para los alimentos en un establecimiento y no esperaba menos lo que encontré.

Cine Colombia usa productos de primera calidad, son muy estrictos en la manipulación de los alimentos, sus procesos, la capacitación del personal y la materia prima utilizada para cada uno de sus productos es excelente. Los clientes no solo están pagando por un buen perro caliente, están pagando por calidad y servicio.

¿Qué puede uno refutar ante lo innegable? Salí complacido y tranquilo de esa oficina. Todo tiene una razón, una lógica y los precios no podrían ser menores. Tal vez a las tocinetas si le podrían bajar un poco… (Haciendo aquí la recomendación de un amigo).

Evidentemente existe una inconformidad del cliente en general con respecto a los precios. Cuando se habla de calidad y servicio, la calidad se nota a kilómetros y si la quiere más cerca, basta con probar algún producto para que encuentre diferencias en su preparación, color y olor.

Un aceite ordinario, una salchicha de esas radioactivas, un pan grasoso o con mala textura, etc; no lo va a encontrar en Cine Colombia. El personal no fue precisamente entrenado en Disney, tampoco es el más sonriente pero está en un nivel muy aceptable.

Uniformes impecables, guantes para manipulación de los alimentos, protección para el pelo, buen aceite para el maíz, salchicha de koller para el perro caliente, pan Bimbo, una correcta señalización, tiempos normales de atención cuando hay una alto volumen de clientes, pisos de áreas públicas impecables, baños limpios, personal de seguridad atento y nada más grato que ver un producto en general sobresaliente, dignos de una felicitación por su gran trabajo pero con un “sin sabor” inmerecido por parte del cliente respecto a los precios.  ¿Precios justos? – Si.  ¿Clientes justos en su apreciación? – No.

Metiéndome un poco en lo que no me importa, con poco afán de lo que piensen y aprovechando mi muy recordada prepotencia, puedo confirmar que da gusto y confianza comer en sus salas de cine. Recomendaría una promoción de palomitas de maíz para recordar el origen de este ya cultural maridaje entre el cine y las “crispetas”. Un reconocimiento a la historia de esta tradición.

¡Salud y buen provecho!

Santiago D. Otero

Crítico Gastronómico

IG @lascriticasdetato

FB: Las Críticas de Tato

Twitter: @tatootero79

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