Taxco rosado

Taxco de Alarcón, México - Foto: @carloswario

Taxco rosado

18 de enero del 2019

De regreso a Ciudad de México tomamos el metro desde la estación Tasqueña hasta Hidalgo. En el camino saqué mi celular y comencé a repasar las fotos que había capturado en Taxco de Alarcón. En un instante, noté que aparte de las selfies y las fotos posudas de turista, cada imagen que capturé en el lugar tenía algo en común: el color rosado.

El asunto es que Taxco es un pueblo blanco y entre otras cosas, es famoso por eso. Sentado en el metro pensé que el desfase cromático quizá tuvo que ver con mi estado de ánimo, en ocasiones son los lugares los que nos descubren, vemos del color que pensamos, como sentimos e imaginamos los espacios.

Las primeras fotos que tomé fueron las de la fachada de la iglesia de Santa Prisca. El sol del medio día, acentuó los impresionantes detalles churriguerescos de las dos torres y el frente del templo. Entre rosas pálidos, salmones y grises Santa Prisca parece un exuberante pastel de quinceañera, que resalta en medio de las casas del centro y se alza como si celebrara la belleza tasqueña.

Pero el interior del templo no es menos extraordinario, el rosa pálido de las columnas y arcos barrocos resalta con 9 retablos dorados gigantescos, un juego de colores en los que se aprecian santos y ángeles tallados en madera, con caritas y brazos gorditos, de facciones mestizas y cachetes colorados.

Iglesia de Santa Prisca, Taxco – Foto: @carloswario

Iglesia de Santa Prisca, Taxco – Foto: @carloswario

Luego tomé capturas de las calles de Taxco. De piedra, empinadas, estrechas y a veces sin salida; cada calle del pueblo tiene un rincón por descubrir y es fácil entender por qué allá siguen circulando los taxis escarabajos, son los únicos que pueden moverse sin problema por los callejones.

Lo más agradable de caminar en Taxco son las perspectivas que se van teniendo del pueblo, desde terrazas y balcones, hacia la montaña o hacia los tejados de las casas. En cada vista se aprecian los colores rojizos de las tejas, las ventanas y zócalos que decoran las paredes blancas de las casas, las materas y flores de buganvilias, las piñatas y el papel picado color rosa mexicano, que adornaban esos días de fiestas.

Taxco, Guerrero – Foto: @carloswario

Para completar la paleta de rosados, en uno de los restaurantes del centro almorzamos el plato típico de Taxco: el Mole Rosa, que es una pechuga de pollo bañada por una exquisita salsa de almendras, ajonjolí, chipotle, cebollas, pimientos, chocolate blanco, pulque, hoja santa, chiles y betabeles, que le dan el color al plato, y muchísimos ingredientes más. Una explosión de sabores entre dulces y picantes, muy difícil de descifrar, que es mejor disfrutar y sin intentar descubrir a qué sabe realmente.

De vuelta en el metro, antes de bajarnos en Hidalgo llegué a las últimas fotos, una nieve de mamey, que me comí cuando caminábamos cerca a la Capilla de la Trinidad. Dulce, cremosa y rosada, así debe ser la Vie en Rose, como pasar un día en Taxco.

Taxco, Guerrero – Foto: @carloswario

Paleta de color inspirada en Taxco, Guerrero. – @carloswario

Taxco es uno de los denominados pueblos mágicos de México. Hace parte del Estado de Guerrero y está ubicado a tres horas en automóvil desde Ciudad de México, por la vía que conduce a Acapulco. Es famoso por la arquitectura colonial y la producción artículos y joyas en plata.   

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