Te odio, querido lector

28 de julio del 2011

Soy periodista, vivo de los lectores, son mis clientes, pero al contrario que en otros negocios, los lectores-clientes no siempre tienen la razón. Los odio, porque por más que uno quiera decir algo en un texto, ellos me hacen sentir que escribir es un misterio contra el que no vale la pena luchar, una absoluta […]

Soy periodista, vivo de los lectores, son mis clientes, pero al contrario que en otros negocios, los lectores-clientes no siempre tienen la razón. Los odio, porque por más que uno quiera decir algo en un texto, ellos me hacen sentir que escribir es un misterio contra el que no vale la pena luchar, una absoluta pérdida de tiempo.
En mis seis años de experiencia profesional me han sorprendido las interpretaciones que sacan las personas después de leer algunos artículos. Basta con mirar los comentarios que dejan abajo en los artículos de los periódicos y revistas de Colombia para darse cuenta que tenemos una comprensión de lectura casi nula.
Sin embargo, la conducta que más detesto es cuando las personas leen para creerse muy inteligentes. Leen los medios de comunicación como si fueran crucigramas o competencias para ver qué comentario es más cínico: “Será que se justifica enviar el avión de la fac para traer a sólo 132 personas? Pongamos caro el pasaje a 3 millones de pesos, serían 400 millones, por ahí pasa hace rato el costo de enviar el avion a esa lejanía”, dijo alguien ante la noticia del avión que trajo a los colombianos desde Japón. ¿Acaso 132 personas no son 132 familias preocupadas en Colombia? ¿Acaso tiene precio la seguridad de un compatriota al otro lado del mundo?
Es más detestable aún los comentarios que mandan al “contáctenos”, donde todos saben más de ortografía que Cleóbulo Sabogal y terminan sus recomendaciones con palabras como “ojo” y “cuidado”. Queridos lectores, por si no sabían, los medios de comunicación los escriben seres humanos. Incluso, he visto errores cometidos por Borges, y un “César” de García Márquez para hablar del departamento.
Hace poco me sorprendieron los comentarios al final del artículo que publicamos en Kien y Ke sobre César Mauricio Velásquez (http://www.kienyke.com/2011/03/17/cesar-mauricio-velasquez-una-vela-a-dios-y-otra-a-uribe/). No entiendo cómo alguien pudo entender que defendíamos a César Mauricio. Es más, ni siquiera supe sobre qué lo defendíamos. Fue tal mi ira que hice algo de muy mal gusto: me puse a preguntarle a los lectores dónde habían entendido que lo defendíamos. Ninguno me supo dar razón. Eso sólo me demuestra una vez lo mal lectores que somos los colombianos. Por eso uno suele encontrarse gente que pregunta hacia dónde va el bus después de haber pagado y pasado la registradora. Los colombianos no leen, TOMAN EL BUS POR EL COLOR.
Más extraño aún fue el caso de mi artículo sobre las irregulares en la consecusión de los micos que el doctor Patarroyo necesita para sus investigaciones (http://www.kienyke.com/2011/07/12/las-nuevas-pruebas-contra-patarroyo/), donde la gente se puso de acuerdo con los micos o con Patarroyo. ¿Por qué no pensaron en un punto medio? ¿Por qué no es posible que los colombianos piensen que se puede estar a favor de la experimentación animal si se hace bien, sin irregularidades? Creo que esa costumbre de ver la realidad en blanco y negro, sin grises, viene mucho antes de los ocho años del Gobierno Uribe, sólo que él afianzó mucho más esa polarización del país, de simpatizantes o terroristas, liberales o conservadores, españoles o mestizos, una nación de guetos unidos bajo una misma bandera.
Yo nunca he sido un lector de ese tipo. Cuando veo un error en algún medio, me solidarizo, porque he sentido la avalancha encima mío de errores garrafales. Sin embargo, no soy tolerante ante la evidente falta de trabajo o de datos de algún texto, sobre todo de las “estrellas” del periodismo colombiano, que se ufanan de su nombre y de su firma para no investigar. Mientras mejor escriba alguien, más alerta estoy con sus datos. (recomiendo http://www.elmalpensante.com/index.php?doc=display_contenido&id=1752).
Creo que los comentarios en los medios colombianos sufren el típico efecto bola de nieve: todos se pegan al primero. Así, si el primero es negativo contra el medio, el resto de los usuarios deciden no pensar, sino unirse al comentario y comportarse como borregos, como una horda de colegiales que aúllan por cualquier tontería en un salón de clases, una conducta muy colombiana, donde no somos machos, sino muchos.

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