Si hay algo claro en el mundo de la política es que todos, a toda hora, están en campaña. Ya sea para elegirse o defenderse de acusaciones, cada acto, palabra y aparición en público tiene como objetivo mejorar la imagen y percepción del candidato. El problema es que muchas de estas estrategias se basan en la mentira, cruda, desvergonzada y directa, para lograr su cometido. Mienten acerca de sus logros a pesar de que los cifras dicen lo contrario, mienten acerca de su pasado a pesar de que la historia muestra lo contrario, niegan acusaciones tajantemente a pesar de que las pruebas dicen lo contrario, y continúan haciendo promesas vacías para encantar a los incautos.
Pero hoy en día, en un mundo en el que twitter es el máximo ejemplo del flujo eterno y constante de información, la mentira empieza a palidecer como estrategia política. Las conversaciones ya no son uno a uno como hace unos años, ahora cualquiera se comunica con cientos de personas instantáneamente. Y esto es un problema, porque dificulta seriamente la estrategia de forzar mensajes engañosos en la conciencia pública.
Frente a estas dificultades que presenta la era digital, una industria empieza a mostrar el camino a seguir. Domino’s Pizza lanzó desde principios del año pasado una campaña publicitaria en la que acepta las críticas de sus clientes, como que su masa parece un cartón, para comunicar un mensaje de mea culpa en el que reconoce sus errores y promete mejorar su producto. Después del lanzamiento de esta campaña, Domino’s ha sido una de las cadenas de comida rápida con mayor crecimiento en Estados Unidos, demostrando al mundo del mercadeo y la publicidad que, sorprendentemente, la honestidad vende.
Este es un camino que muchos, como Álvaro Uribe, Andrés Felipe Arias, los hermanos Moreno, Bernardo Moreno, Mario Uribe, Juan Carlos Martínez, Ernesto Samper, Plazas Vega y muchos más deberían empezar a explorar. Su estrategia ha sido seguir mintiendo, como la novia que sigue negándolo todo y jurando amor eterno cuando la hemos cogido infraganti sacándonos plata de la billetera, chuzándonos el celular y el correo electrónico, y poniéndonos los cachos con narcos y terroristas de izquierda y derecha. Pero no somos tontos. Sabemos qué está pasando. No somos tan fáciles de engañar. Por eso les sugiero que cambien de estrategia, que usen la verdad como herramienta de comunicación.
¿Que les parece, señores Moreno, si hacemos un comercial en el que salga Sammy, difuso como su imagen de alcalde en un fondo blanco y negro, admitiendo que lideraron un sistema de corrupción en el que saquearon las arcas de la capital? ¿Que tal si, para poner un poco de humor, salen vestidos como niños y montados en un carrusel de tres caballos, cada uno con la cara de uno de los Nule, admitiendo que se apropiaron malévolamente del dinero de los contribuyentes? ¿No les parece que esa honestidad sería el primer paso hacia el perdón?
¿Qué tal, señor Arias, si hacemos un comercial en el que usted vaya por el campo, con botas pantaneras y manos sucias y cuarteadas por el arduo trabajo, disculpándose con un abrazo con cada uno de los campesinos de los que se burló, mientras su voz en off, con tono lastimero, pide perdón por entregar el dinero del estado a familias acaudaladas a cambio de apoyos políticos? No sería ese el camino para su presidencia en 2054?
Señor Álvaro Uribe, ¿qué le parece un comercial en el que salga usted, vestido como Odiseo, con el torso desnudo y espada al cinto, regresando a su hogar tras 20 años de ausencia, y encontrando decenas de hombres que buscan casarse con su amada patria mientras saquean su palacio? No sólo recordará a la audiencia su larga lucha en una guerra cruel, sino que al menos admitirá que dio la espalda a todo lo demás, permitiendo un saqueo a las arcas del país. ¿O tal vez un monólogo de 40 minutos, como un comercial de televentas, con niños y ancianos felices y flores y paisajes verdes, en el que nos haga un recuento de espionajes y notarías y zonas francas y parapolíticos y demás, mirándonos a los ojos, y admitiendo que ha aprendido que no debe volver a cometer esos errores, o al menos no volver a dejarse descubrir en ellos?
Por eso les sugiero que camben su estrategia para salvar su imagen, mantener su poder político y tal vez volver a ser elegidos a un cargo público. Si admiten sus errores, tal vez seamos capaces de creer que pueden superarlos y mejorar como líderes de la patria. Esta es la revolución que necesitamos, una revolución de honestidad. Y ustedes saben que si hay algo que nosotros los jóvenes apoyamos, es una revolución. Entonces anímense salgamos juntos a decir la verdad, lideremos esta gran revolución en el discurso público, porque como dijo George Orwell, “en un mundo de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”.
Twitter: @viboramistica
Una revolución de verdad
Mié, 13/07/2011 - 14:14
Si hay algo claro en el mundo de la política es que todos, a toda hora, están en campaña. Ya sea para elegirse o defenderse de acusaciones, cada acto, palabra y aparición en público tiene como ob
