Una visita para la reflexión

28 de enero del 2015

La visita a Venezuela de tres expresidentes latinoamericanos –el mexicano Felipe Calderón, el chileno Sebastián Piñera y el colombiano Andrés Pastrana– ha servido para poner en perspectiva la situación venezolana y de paso dejar en evidencia el secuestro moral del presidente Juan Manuel Santos, rehén del proceso de paz con las FARC a la hora […]

La visita a Venezuela de tres expresidentes latinoamericanos –el mexicano Felipe Calderón, el chileno Sebastián Piñera y el colombiano Andrés Pastrana– ha servido para poner en perspectiva la situación venezolana y de paso dejar en evidencia el secuestro moral del presidente Juan Manuel Santos, rehén del proceso de paz con las FARC a la hora de tener que pronunciarse sobre la conducta atrabiliaria de su colega venezolano.

Los tres expresidentes participaron en Caracas en un acto de la oposición a Nicolás Maduro y aprovechando el viaje a la capital venezolana, Pastrana y Piñera intentaron, sin conseguirlo, visitar al líder opositor Leopoldo López (Calderón no llegó a tiempo por problemas de conexión de vuelos), lo que desató la furia de Maduro cada vez más errático y disparatado.

Según Maduro, los tres expresidentes hicieron ese viaje “financiados por el narcotráfico”, afirmación que supone una tremenda ironía cuando Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela es acusado en Washington por un ex colaborador militar de dirigir un cartel de cocaína al interior de las Fuerzas Armadas.

Las medidas tomadas para impedir el encuentro de Calderón, Piñera y Pastrana con el disidente venezolano preso fueron excesivas y totalmente arbitrarias. Bastaba con la voluntad del preso Leopoldo López para que pudiese ser visitado en un día señalado para tal fin por amigos que además eran expresidentes demócratas.

Qué diferencia con el tratamiento que tuvo Hugo Chávez mientras estuvo preso tras un intento fallido de golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez, que hasta se le permitió conspirar desde la cárcel y en mala hora para el destino de Venezuela fue amnistiado por Rafael Caldera.

No deja de ser esta una magnífica oportunidad para que el continente se cuestione las relaciones con un régimen cada vez más parecido a las siniestras dictaduras que ahogaron a Latinoamérica en las décadas de los años 60 y 70 del siglo pasado. ¿En dónde está la OEA? ¿En dónde la Carta Interamericana mediante la cual los gobiernos del continente se declararon obligados a promover y defender la democracia?

Para el gobierno colombiano, que pasa de puntillas sobre las reacciones neurasténicas de Maduro, la visita de Pastrana a Caracas resultaba tremendamente incómoda. Se vio en la diferencia de trato recibido por sus colegas por parte de las respectivas legaciones diplomáticas: tanto a Calderón como a Piñera les esperaba personal de su embajada. En este último caso más clamoroso aún pues el embajador en Caracas es de un partido rival al del expresidente chileno. A Pastrana no lo esperaba nadie para no molestar a Maduro.

Sin embargo, dado el trato recibido por un expresidente colombiano, el gobierno de Santos no tuvo más remedio que rechazar los “señalamientos y calificativos” contra un exjefe de Estado. Tiempo le faltó al gobierno de Maduro para acusar a Colombia de “violar las buenas relaciones de vecindad” y calificar la nota de la cancillería colombiana de “retroceso peligroso en las relaciones bilaterales”.

En Venezuela viven cerca de cinco millones de colombianos que, además de padecer las mismas angustias de los venezolanos, sufren discriminación en su condición de extranjeros. ¿Cuánto tiempo podrá aguantar el Gobierno Santos tenerse que callar ante las bravatas de matón barriobajero de Maduro por cuenta del proceso de paz con las FARC?

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