¿O es al contrario, Santos contra Uribe? ¿Cuál es la rasquiñita que se traen entre estos dos que no les importa interponer la seguridad nacional y emocional de un país como Colombia? ¿Es la mermelada? O se trata de ¿quién tiene el derecho de repartirla? A mí sí me gustaría ver este enlace en cualquier escenario, como por ejemplo la Corte Penal Internacional; porque en Colombia, no habría ningún juez, congreso o alguna de las tantas cortes que existen, que se atreva a juzgar a cualquiera de los dos. Con la reforma judicial, debería de existir la posibilidad de que esto ocurriera. Pero es más fácil encontrar el contexto de crear una corte para que juzgue a los que tengan pecueca, que a los ilustres estadistas con manos sucias bajo el manto de gobernabilidad.
Las pasadas elecciones presidenciales representan indudablemente una respuesta directa a las acusaciones de Uribe de que Santos había ganado las elecciones de su primer período presidencial con sus votos: “Mira, puedo ganar sin ti”. “El gran apoyo que tenías en la costa – le dice Santos a Uribe – disminuyó casi totalmente y por ese apoyo costeño, gané las elecciones; te quité esos votos.” Pero todavía existen regiones, como en El Carmen de Bolívar, que le son fiel hasta caer en un ridículo de payasadas.
Con las cartas sobre las mesas en el conteo de votos, su lengua más controlada, con la aparente oposición que no es más que un arma para amedrentar a las masas que no lo siguen, el atosigamiento de distracción hacia el gobierno y con su ungimiento como senador además de expresidente, Mesías y santo de todos los pecadores de sus dos períodos presidenciales, el senador, en su trono de intocable ha reconocido dos aspectos de la política colombiana: el primero, que entendió que su carisma ya no tiene el mismo valor de antes; y el segundo, que en su fuero de senador tiene que caminar muy serenamente con sus expresiones radicales y acusatorias sin un tono legal.
Pero lo incomprensible para el resto de los que seguimos la política colombiana, es que los santistas cuando lo tenían arrinconado en la esquina “izquierda” del cuadrilátero, que ni siquiera era motivado por ninguno de ellos sino por uno de los mayores rencillosos que tiene el senador Uribe, Iván Cepeda, ellos, los santistas, lo salvaron de un debate que hubiese podido entrever los nexos del senador con la presunción de su participación con el paramilitarismo. ¿Porqué obstaculizaron este debate? ¿Acaso no es necesario para la reconciliación del país? El río suena porque piedras trae. Una razón sería que la posible apertura de que este mecanismo se utilizara contra otros senadores y se volviera más bien el escenario de acusaciones de todos contra todos formando el despelote más grande que una nación hubiese podido confrontar para su desarrollo político y económico.
Me pregunto ¿qué hubiese pasado con los trineos del senador Uribe si los santistas hubiesen apoyado el debate? ¿Y porqué no hubo trineos de agradecimiento? Los viejos ya sabemos que esta política nuestra es una telaraña que no se sabe dónde comienza ni donde termina. ¡Míralos ahora como se protegen entre sí! ¿Será temor o amenazas?
Y en esta entraña de estos dos ilustres contendientes, Uribe contra Santos, ¿cuál es el temor que Uribe tiene en que Santos consiga la extradición o deportación de Panamá de Pilar Hurtado? ¿Y porqué la defiende tanto? Y si cree que la vida de Hurtado está en peligro, ¿porqué no dice quién la amenaza y denuncia a sus agresores? Santos la quiere de regreso en Colombia, Uribe no. Algo trae atado el canto de la cabuya...
A mí me parece que estos dos se tienen tantos secretos entre sí, que una confrontación es casi imposible. Imagínense descubrir la verdad de la liberación de Íngrid Betancourt, el ataque aéreo en el Ecuador cuando mataron a Reyes (ambos episodios bajo la responsabilidad del entonces ministro de defensa y ahora presidente reelecto), las chuzadas, el reparto de los erarios nacionales (o mermelada como le dicen ahora) en los dos períodos presidenciales del ahora senador, ¿qué impide el destape de esa olla bien podrida?
Pero un aspecto que describe el conflicto de estas dos personalidades, es el manejo de la guerra o de la paz, dependiendo del lado que se mire. Para Uribe, no existe un conflicto bélico en Colombia; Santos lo reconoce y decide conceder las avenidas para la posibilidad de terminar esta guerra inerte al reconocerlo política y públicamente. La inconveniencia con las FARC es que su directiva está negociando por beneficios para ellos solamente desde una capacidad de pertenecer a una asociación de actividades criminales, porque eso es lo que son.
En estos momentos en que supuestamente se está llegando a un acuerdo final, las FARC, con sus acostumbrados manejos sucios, trata de manipulear algo que no están consiguiendo del gobierno de Santos atacando a la población civil una vez más. Aquí podría concordar un poco con el extremismo guerrero de Uribe. Hay que presionar a los gobiernos que se han prestado como garantes a las negociaciones, que algún tipo de incursión policiva o militar se le permita al gobierno colombiano hacer contra las directivas de las FARC gozando de vacaciones en La Habana. A ellos hay que llegarles con el lenguaje a que están acostumbrados.
En el tablero de ajedrez se están colocando los alfiles y peones con todas las fichas correspondientes para un nuevo inicio este 7 de agosto próximo. ¿Quién inicia primero, Santos o Uribe? Peor aún, ¿en qué bando se encuentra usted?
En mi silla de espectador, en un palco que permite una visión diferente, estoy a la espera del desarrollo de este nuevo drama emocional de los actores en el senado y congreso nacional: las separaciones y nuevas uniones de esta farsa obra poética que se llama, política colombiana...
Uribe contra Santos, ¿quién quiere ver esta pelea?
Lun, 04/08/2014 - 13:02
¿O es al contrario, Santos contra Uribe? ¿Cuál es la rasquiñita que se traen entre estos dos que no les importa interponer la seguridad nacional y emocional de un país como Colombia? ¿Es la merm
