Voy a pedir 70.000 millones al grupo AVAL

Sáb, 06/10/2018 - 08:13
Entras en un banco, hablas con el gerente, le jalas de la camisa y aparece un político al que estaba unido por lazos invisibles. También puedes hacerlo al revés: atraes hacia ti a un político y de
Entras en un banco, hablas con el gerente, le jalas de la camisa y aparece un político al que estaba unido por lazos invisibles. También puedes hacerlo al revés: atraes hacia ti a un político y detrás aparece un banquero. Y si te infiltras por los sumideros de un Bancolombia y eres capaz de soportar la pestilencia del dinero negro que corre por sus alcantarillas, vas a dar a los baños de otro banco que recibe las comisiones que tu entidad te cobra cada vez que respiras y que a lo mejor está situado a miles de kilómetros, en una isla del Caribe. Es magia, pura magia. Tú votas para que gobierne Duque y lo que estás haciendo es dar la presidencia a un tal Luis Carlos Sarmiento Angulo que ni siquiera había hecho campaña electoral. Es como encender el televisor y que se ponga en marcha la licuadora. Y luego nos preguntamos por qué la vivienda en Colombia se ha puesto por las nubes en los últimos años. Pues por arte de magia: damas, caballeros y niños, pero por arte de magia negra, que es la que produce el dinero sucio, lo demás son torcidos. Esas cuentas que haces para pagar la hipoteca contraída con tu entidad financiera es un juego de mago de tercera, de mago de pueblo, no tiene ningún mérito. Es cierto que hay colombinos que, además de pagar la hipoteca, han de hacer frente a un crédito para vehículo cuya mensualidad les prohíbe entrar a un cine. Pero el truco de no ir a cine, o de comprar perniles de pollo en lugar de filetes de salmón, o de llevar el mismo par de zapatos cinco años está muy trillado. Vea señor, lo inteligente es realizar un truquito de magia negra y que aparezcan miles de millones en Panamá. Es decir, todo es obra del diablo. Y es que del mismo modo que quien de verdad se presenta a las elecciones es la banca, y no los partidos políticos, el que se beneficia de los votos es Lucifer, que tiene un despacho con alfombra roja en plena Avenida el Dorado. Cuando vaya usted a pagar la hipoteca, tírele de los pelos de la cabeza y verá cómo detrás de ese señor aparece Satanás, es decir, Luis Carlos Sarmiento Angulo. Por eso le voy a pedir 70.000 millones de pesos prestados a su Grupo Aval para construir una zona de tolerancia en el barrio Santa Fe similar a la del famoso distrito rojo de Ámsterdam y cuando me pregunte por las garantías pondré cara de tener contactos políticos y le sugeriré que hable con mis amigos en Miami. Estoy harto de ser un contribuyente meticuloso en un país en el que la devaluación del peso y el continuo éxodo de venezolanos ha hecho aflorar 1,5 billones de dinero negro. Antes faltaba un día a la empresa y pedía nueve incapacidades médicas por miedo a que el jefe de personal se enojara. Pero eso se ha acabado. Si todos unos empresarios como Tomás y Jerónimo Uribe y todo un fiscal anticorrupción aceptaban regalos de gánsteres para caerles bien, ¿por qué me va a dar miedo a mí enfermar de una gripe al año sin presentar una incapacidad médica? Usted y yo somos unos tontos. Vivimos con el desasosiego de no saber alemán, de no ser fitness, de no saber de moda, de no llevar la pinta adecuada para la cena del viernes, cuando el país tiene todas sus empresas en quiebra y Alejandro Ordóñez se meten el dedo en la nariz. Y si les pides explicaciones, te apalean. Algo falla, porque hasta el más tonto se da cuenta de que alguien que no ha sido capaz de dirigir su propia familia tampoco podría llevar las riendas de un país ante la OEA, aunque crea en Dios, son cosas distintas. Es absurdo que usted y yo tengamos tantas cautelas a la hora de desgravarnos el paquete de Marlboro para los viernes, cuando los respetables economistas de la Dian, unos ministros de Dios, invierten cientos de millones de dólares en un software que cada media hora se cae hasta lo más profundo de sus corruptas conciencias. He dicho corruptas y ya estoy incómodo. ¿Será que me pasé? De ser así, lo siento, soy de lo peor. Pues sabes qué te digo: que me importa un pepino. Ya puede llamar el redactor jefe, o el director, que no lo quito. Somos unos tontos. El año pasado conduje dos días con el pase vencido y cada vez que cogía el carro acababa en la puerta del URI de Paloquemao, con la esperanza de que me detuvieran. A un político, en cambio, le rejuvenecen las imputaciones. Pero hasta aquí hemos llegado. Si Thomas y Jerónimo Uribe no renuncian a su zona franca y Alejandro Ordoñez no deja de hurgarse la nariz, mañana empiezo a parquear en lugares prohibidos porque me importa un pepino. Y que el Grupo Aval se atreva a denegarme los 70.000 millones.
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