La historia sobre los origenes de Charles Xavier, conocido como el Profesor X (James McAvoy), y de Erik Lensherr, el enigmático Magneto (Michael Fassbender), es excepcional. La última entrega de X-Men no sólo fortalece la base de la trilogía de Marvel sobre humanos evolucionados sino que sigue la tendencia de Hollywood de rescatar hechos históricos para fortalecer sus historias —ya Transformers 3 incluyó la llegada del hombre a la luna—. Tiene buenos efectos y una vibra, buen humor y un sentimentalismo capaz de sacarle lágrimas a los que no son tan sensibles.
Charles y Erik están unidos por sus condiciones, pero no por sus pretensiones. Y los une un lazo muy fuerte que, a pesar de sus diferencias y futura enemistad, solo se enfrentan cara a cara con un tablero de ajedrez en la mitad. Mientras Charles crece entre lujos en Inglaterra y se dedica a estudiar sobre las mutaciones —además de cuidar como a una hermana a Raven (Jennifer Lawrence), quien puede transformarse en lo que quiera como una especie de camaléon—, Erik vuelve a nacer después de caer en un campo de concentración y de que Sebastian Shaw (Kevin Bacon) desatara en él una furia y un dolor eterno, y lo convirtiera emocionalmente en una especie de Frankenstein.
El control mental de Charles y la atracción del mental de Erik se unen en una carrera por evitar una guerra nuclear entre dos potencias en tiempos de posguerra: Estados Unidos y la Unión Soviética. El conflicto se centra en octubre de 1962 con la crisis de los misiles en Cuba y la instalación de otros tantos estadounidenses en Turquía —que no ocurrió el mismo año sino en 1956—, pero con un toque adicional: la influencia de Shaw, quien puede transformar la energía, en miembros de la CIA y del Servicio de Inteligencia Rusa KGB. En esta carrera armamentística se entrelaza el encuentro de varios mutantes con capacidades fascinantes —quienes pensaban que estaban solos en el mundo—; de humanos que reciben ordenes, de venganza, control, miedo a lo desconocido y lucha por ser “normal”.
Además de mostrar los origenes de “Cerebro” —con la que Charles puede ubicar a más mutantes en en todo el mundo— y el inició de la escuela de entrenamiento en la mansión, la película le apuesta a la idea de que el control de la fuerza se encuentra entre la ira y la serenidad. Un buena entrega que deja con la boca abierta a quienes creen que las historias muy exprimidas tienden al fracaso.
Director: Matthew Vaughn Reparto: James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence y Kevin Bacon. Duración: 132 minutos. Año: 2011
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