Ya llegó el 20 de enero…

13 de diciembre del 2013

Me duele que la población sea cómplice de la perpetuación de la política garrapata que nos ha desangrado por décadas.

Por fin cierro la maleta con la que regresaré a esas tierras que me vieron crecer y hoy me ven extraña debido a que me he “acachaquizado” con el tiempo.  Espero con ansias que me cachetee el calor, escuchar a mis abuelos decirme “farta” por no comer suero ni yuca y causar controversia en la familia por no ir a misa y no creer en San Uribe, patrono de tierras ganaderas. Pero en esta ocasión, añoro ver cómo cambiarán los planes familiares debido a la controversial decisión del alcalde de Sincelejo, Jairo Fernández Quessep, de suspender las tradicionales corralejas del 20 de enero aduciendo insuficiencia de policial para garantizar la seguridad de los espectadores de este evento.

Los indignados no se hicieron esperar,  pues ¿qué sería de las fiestas del 20 de enero sin estas “corridas”?  Si, al parecer a un gran número de sincelejanos y sucreños en general se les olvida que hay más en estas fiestas que ver a un borracho mandársele a un toro bravo por un par pesos que recoge entre los hacendados que sudan Old Parr. Tristemente muchos se olvidaron de las fandangueras, el veintenerito y demás eventos que integran estas fechas. Pero no es de sorprender este tipo de actitudes en un país que clama a gritos distracciones que se transforman en medios para olvidar la realidad. Como ejemplo, aquella que flagela estas tierras en las que nadie sabe dónde terminan los fondos públicos pues hay poca inversión en infraestructura, educación y seguridad pero curiosamente cada día son más las camionetas 4×4 último modelo que hacen su camino entre centenares de mototaxistas en calles tan estrechas que parecen andenes.

Sobre el tema, debo admitir que no me gustan las corralejas. Tal vez sea esta la razón por la cual aun no teniendo muchas cosas buenas por decir de quienes gobiernan estas tierras que me vieron crecer, hago un reconocimiento al alcalde Fernández. Considero que  tomando esta decisión, finalmente se puso los pantalones  (aquellos que le han faltado en gran parte de su mandato) al admitir la grave situación que vive la capital sucreña.  Sin embargo, Sincelejo no es un caso excepcional, la corrupción es un patrón que se extiende por toda la región y pulula como lo hacen las corralejas. Ahora que lo pienso, tal vez el gran parecido que guardan estas fiestas con las situaciones que aquejan a la zona es lo que las hacen tan inherentes.

Sonará contradictorio, pero en gran medida mi disgusto frente a este tipo de espectáculos es por la fascinación que me produce: considero que las corralejas tienen una gran semejanza con un circo romano, una teatralización de la tragicomédica vida en estos pueblos donde el tiempo se detuvo y que Dios abandonó hace tiempos.

Esta degeneración chibcha de las corridas españolas se realiza en un anfiteatro en madera y tejas de zinc cuyos dos pisos marcan tajantemente la distinción de clases: en el primer piso se encuentra una plebe apretujada entre los troncos que sirven de columna para la colosal estructura y donde se encuentran algunos de los alicorados aventureros que salen a la lidia de un toro para demostrar su hombría; en el segundo piso se ubican quienes tienen dinero para pagar por la “comodidad” de ser espectadores y participes de un espectáculo en el que tiran dulces, maíz pira y dinero cerca al toro para ver que necesitado que se encuentra en la arena arriesga su vida por estas minucias. Todo lo anterior ocurre al son de porros y fandangos que amenizan la tarde para unos espectadores sedientos de sangre y que secretamente anhelan la muerte de alguno a manos de un indefenso toro….es de recordar que la ratio de éxito de una corraleja guarda estrecha relación con el número de muertos.

Y así, tal vez conscientes (o no…) de la terrible similitud entre su realidad y el espectáculo que presencian, transcurre el día por día de los pobladores de esta zona: viviendo de las migajas que les tiran los poderosos que desde la altura esperan que sean embestidos por la bestia, una zona que huele a alcohol y sudor, que suena a papayera para así hacer más amena la vida cuyo único punto de “encuentro” en la marcada brecha social son estos eventos pues cada vez hay más pobreza pero crecen las riquezas para pocos.

Ya es diciembre señores y se está acabando el año. Llegó mi momento de regresar a esas calles que me vieron crecer y en donde la nostalgia propia de estas fechas me embarga por los recuerdos de mejores épocas en mi tierra que hoy se resquebraja por el olvido de sus administradores. Me duele que la población sea cómplice de la perpetuación de la política garrapata que nos ha desangrado por décadas. Pero allá, donde la realidad parece más una novela macondiana, hace mucho calor para quejarse, hay una corraleja con toros bravos en un pueblo vecino a la que asistir y entretenerse,  hay un nuevo vallenato, ron y Old Parr con el cual celebrar una día de toros exitoso….la modorra y la rumba adormecen a este pueblo mientras los de “arriba” los observan a carcajadas y les tiran melcochas de panela cerca al toro esperando que el pueblo pobre, ignorante y borracho se pelee por ella.

Tal vez por esto he aborrecido tanto estas fiestas desde que tengo memoria…

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