Espontáneo y extrovertido: Mauricio Toro y su vida al servicio de lo público

Jue, 10/08/2023 - 12:13
En conversación con Adriana Bernal para el programa Kién es Kién, el actual presidente del Icetex hizo un recorrido por las etapas de su vida donde se definió como un hombre “curioso” y “amante del emprendimiento”.
Créditos:
Kienyke- Renán Vargas

El corazón de Bogotá, en pleno centro histórico, fue el lugar en el que una tarde soleada reunió al político Mauricio Toro y a nuestra directora Adriana Bernal. La sede principal del Icetex sirvió como set de grabación de una entrevista que sacaría una que otra lágrima, sonrisa y confesión.

Y es que hablar de Mauricio Toro es hablar de un hombre carismático y sonriente, aquel que rápidamente entra en confianza con las personas sin la necesidad de conocerlas previamente. Así fue como con cámaras apagadas y tras un apretón de manos con Adriana Bernal y el equipo de KienyKe, Mauricio empezó a dialogar amenamente con nuestra directora como si la conociera de toda su vida.

Indicaciones de camarógrafos, ajustes de planos, modulación de sonido e iluminación y: “Grabando”.

Entre ser ingeniero y politólogo: la decisión más importante de su vida

“Yo soy un emprendedor apasionado por la innovación, decía mi abuelita un “metido donde no lo han llamado”, la curiosidad ha sido parte de mi existencia. Nací en Armenia, Quindío, viví allí hasta los 15 años, luego tuvimos que irnos con mi madre a Cali por su trabajo; esto fue difícil para mí porque tuve que cambiar de colegio y amigos en plena adolescencia. A los 21 años me voy a Bogotá a estudiar y de aquí no he salido, siempre he dicho que soy quindiano de nacimiento, valluno de corazón y rolo por adopción”, aseguró de entrada Mauricio.

Ver capítulo 8: Entre leyes, libretos y amor: la historia de vida de Nórida Rodríguez

Toro tiene 40 años de edad, en su infancia y adolescencia siempre tuvo la influencia estricta de su madre, una economista que se hizo cargo de sus dos hijos a temprana edad. Una vez Mauricio sale del bachillerato, su anhelo era estudiar algo referente a las ciencias sociales; no obstante su madre no se lo permitió por temor “a que se muriera de hambre”. Fue entonces que decidió irse por ingeniería civil por recomendación de su progenitora. 

Vea la entrevista completa con Mauricio Toro aquí:

“A mi siempre me gustaron las humanidades, pero cuando conversaba con mi mamá, ella me decía que no, su miedo era que yo muriera de hambre porque estas carreras no son bien remuneradas, no quería nada relacionado a filosofía, derecho y demás. Entré a la universidad y estudié ingeniería civil por consejo de ella, pero al quinto semestre no aguanté más y me retiré; no podía estar en un lugar en el que no era feliz”, aseguró un entusiasmado Mauricio Toro quien entre risas cuenta cómo hizo para convencer a su madre de cambiarse de carrera, una decisión que terminaría definiendo su futuro.

“Esto no lo sabe todavía mi mamá y si lo ve me va a matar (risas). Un día yo llamo a una amiga de ella muy cercana y le pido un consejo sobre qué hacer con mi situación académica, estaba aburrido de estudiar algo que no quería. Me dijo ella: “estudie algo que lo haga feliz, busque su pasión”. Empecé a buscar, me gustaba la comunicación social, la ciencia política y la antropología, me decidí por la ciencia política, por lo que en ese momento me dispuse a ir a contarle a mi madre. Obviamente se opuso al principio y casi me echa, pero con el tiempo entendió y nos reímos de ese episodio”, expresó el hoy presidente del Icetex.

La política: un disgusto que terminó siendo una obligación

De 21 años Mauricio llegó a Bogotá a estudiar en la Universidad Javeriana, un hombre que si bien sabía los caminos que podía tener ejerciendo la ciencia política, no se imaginó nunca siendo un político, su gusto por esta profesión tenía que ver en entender el comportamiento humano y la estructura del Estado.

Yo aborrecía la política, la criticaba. Tenía en mi mente más el tema del emprendimiento y cómo hacerlo parte de mi proyecto de vida. Quise estudiar ciencia política para comprender la sociedad y entender a la ciudadanía, para asimismo poder vender productos y servicios que fue a lo que me dediqué al principio”, afirmó Toro.

Espontáneo y extrovertido: Mauricio Toro y su vida al servicio de lo público
Créditos:
Kienyke - Ana Moya

Tras salir de la universidad, Mauricio creó una pequeña empresa de consultoría en creación e innovación que tenía oficinas en varias partes del mundo, pero una llamada lo convenció de asumir un puesto que de a poco lo iba a acercar al mundo de la política.

“En el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, recibí una invitación a hacer parte del equipo de iNNpulsa, una entidad que se encarga precisamente de todo lo que disfruto, que es apoyar el emprendimiento. Asumí el reto de ser el director de mentalidad y cultura e innovación, disfruté mucho esta experiencia y creo que fue bastante sobresaliente. Sin embargo vi las necesidades que tenían los emprendedores; todo el mundo me decía que la ley, las pocas oportunidades, que hay que hacer una reforma, etcétera”, dijo Mauricio.

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Viendo el panorama con una perspectiva de análisis, Mauricio entendió que mejorar las condiciones de los emprendedores, solo era posible por decisiones que se tomaban desde el área que no le gustaba: la política.

“Me di cuenta que, si quería cambiar el escenario, la única manera era en el Congreso. Salí de iNNpulsa pero no me fuí directamente a la política, nuevamente emprendí y con el tiempo volví a recibir una llamada de un compañero con la frase: “Mauro ¿cómo cambiamos este país? Se necesita de una voz en el Senado que hable de educación y emprendimiento”. Lo que se me vino a la cabeza fue decirle que buscáramos el perfil, que hiciéramos una lista de quiénes nos podían representar, la lista fue de cuatro personas y el primero que era un gran amigo mío de una vez nos rechazó”.

Tras el no rotundo de su colega, Toro se arremangó y dijo “Si no lo hacemos nosotros que somos ciudadanos de a pie, no va a pasar nada”. Sus amigos identificaron en él el potencial suficiente para llevar a cabo una carrera política, algo a lo que Mauricio no estaba convencido del todo, pero tras insistir, terminó “intentándolo”.

Lo demás es historia, el joven quindiano se lanzó a la política con el slogan “si los políticos no pueden ser ciudadanos, a los ciudadanos tocó volvernos políticos”. Fue una campaña con una estrategia desde lo comunicacional y hasta financieramente hablando, diferente a las demás, poco veces vista, pues las redes sociales y el video estaban en furor; además que fue la primera en implementar los fondos por medio de criptomonedas.

“Al día siguiente de las votaciones, me llaman y me dicen “ganó”. Yo no sabía qué hacer, ¿En qué me metí? me preguntaba. ¿Cómo era posible que ganara con una campaña sin dinero, todo fue a punta de redes sociales? Era un completo desconocido, joven y además una persona abiertamente diversa, algo que nunca había pasado en los hombres”, detalló Mauricio.

Ver capítulo 6: Marisol Garzón: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”

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Kienyke- Renán Vargas

Su madre y su hermano: los bastiones de su vida

Para Mauricio hablar de su hermano, es un tema que lo enorgullece, a tal punto que sus ojos se ponen brillosos en describirlo. Es abogado y es menor que él. Tras la ausencia en el hogar de su padre y de su madre por motivos laborales, tuvo que asumir el papel de “hombre de la casa”; no obstante, él considera que han sido más los aprendizajes que le ha dado su hermano de lo que él le ha podido aportar. Lo resume como “el motor de su inspiración”.

“A mi hermano le ha tocado muy duro en la vida, es la persona que me ha demostrado que nada es imposible. Nació con una limitación motriz un poco delicada, le dijeron que no iba a caminar y que además iba a tener dificultad para hablar. Se propuso ir contra todo pronóstico y empezó a ir a terapias. Un día mi madre me llama llorando, diciendo que mi hermano caminó. Es una persona muy inteligente, es abogado, especialista, magíster y bilingüe, en él hay una historia de superación que me ha contagiado”.

Mauricio bebe un poco de agua, en sus ojos y sus palabras, refleja la admiración que tiene de su hermano, a quien calificó con una sola palabra: “obstinada”. Incluso se convirtió casi en su mentor, ya que asegura que cuando no puede o se siente incapaz de realizar algo, piensa en él.

“Cada vez que tengo miedos e inseguridades de realizar algo, hago dos llamadas que me devuelven las ganas y la motivación. Una es a mi papá y la segunda a mi mamá. Lo tercero que hago es cerrar los ojos y pensar en mi hermano”, comenta Mauricio Toro.

Referente a su madre, el excongresista no escatimó en los elogios por quien le dio la vida. La formación en la niñez y la adolescencia, estuvo marcada por su mamá quien fue su compañía en momentos difíciles. Incluso su progenitora fue quien le empezó a generar a muy temprana edad, responsabilidades que le servirían para su camino de vida.

“Como mi mamá tuvo que irse para otra ciudad a trabajar, ella no tenía más alternativa que darme instrucciones de un adulto. Yo con 12 años levantaba y llevaba a mi hermano al colegio, recibía la plata que nos enviaba, hacía mercado y pagaba los servicios. Fui el responsable de la casa”, recuerda con nostalgia Mauricio.

Su orientación sexual: la dificultad de contarle al mundo un secreto a voces

Mi mamá siempre me dijo que yo era un niño triste, ella me decía que eso se debía a las responsabilidades que me dejó a tan temprana edad, pero realmente no era por eso. Yo desde muy pequeño supe que no era como los demás niños, que era diferente, yo sabía que era gay. No podía jugar con los demás, pero no porque no pudiera, sino porque no quería que los demás se dieran cuenta”, expresa en tono melancólico el excongresista.

Mauricio vivió durante años con el secreto de su orientación sexual, al igual que millones de personas a nivel mundial, temía el rechazo y lo que pudieran pensar sus padres, familia y amigos, fue así como su madre cansada de los rumores y de las llamadas telefónicas de sus allegados, decidió una mañana confrontar a Mauricio cuando este tenía 20 años:

“Eran las 5 de la mañana, yo había llegado de bailar cuando iba caminando para acostarme y me dice: “Mauricio Andrés siéntese que tenemos que hablar, tenemos un problema. ¿Usted es gay?”. Inmediatamente sentí que me derrumbé, tenía un vacío en el estómago y le respondí “si”. Ella me contestó “¿Usted porque nunca me lo dijo? ¿Esto es una moda?”, expresó Toro.

Tras ese suceso, su madre seguía pensando que su orientación sexual podía corregirse por medio de tratamiento médico, creía que era una “tendencia”, incluso consideró que era su culpa. Pero tras varios días en los que según Mauricio solo se la pasaba llorando, una tarde le preguntó: “¿Tú eres feliz? ¿Te sientes orgulloso? ¿Se puede cambiar?” A lo que Mauricio le contestó: “No sé qué vaya a pasar en el futuro, pero lo que si se es que esto no se puede cambiar”.

Estas palabras serían suficientes para su madre quien terminó aceptando a Mauricio y reconociendo ante sus allegados lo que era su hijo. “El que quiera estar con nosotros es porque nos respeta y nos valora tal cual somos”, fue lo que dijo su progenitora.

Hoy, 20 años después de este episodio, la madre de Mauricio se siente orgullosa de su hijo, a tal punto que cuando se celebra el día del orgullo gay, salen a marchar juntos; no obstante en el camino hacía faltaba una persona a quien contarle la verdad: su padre.

“Mi papá tiene una enfermedad delicada, él tiene una insuficiencia renal terminal desde hace muchos años. Mis familiares me decían siempre que lo dejara morir con la ilusión de que él iba a ser abuelo, de que me iba a casa e iba a tener una familia. No obstante, un día que fui a visitarlo, nos encontrábamos viendo televisión y me dice “¿Cómo van las amigas?”, Yo le dije ¿Cuáles amigas?, de una vez me respondió: “Pues las amiguitas o ¿Los amiguitos?”. Yo ya tenía 30 años de edad. Acto seguido se levanta y me mira a los ojos y me expresa: “Hijo yo quiero que usted sepa que lo voy a amar como sea”, expresó Mauricio con la voz entrecortada y algunas lágrimas en sus ojos.

De esta manera el actual presidente del Icetex, pudo darle descanso a su alma. Sabía que su única deuda faltante, era contarle la verdad a su padre. Hoy Mauricio mira hacia atrás y ha visto cómo ha forjado su camino a pulso, con cicatrices pero con la tranquilidad de ser consecuente, aún cuando años atrás organizó marchas contra la entidad que hoy dirige.

Entusiasta, extrovertido y decidido, Mauricio agradece no por la entrevista, sino por la conversación cercana que pudo tener. “Gracias y espero nos volvamos a ver”.

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