Bienvenidos al Futuro

10 de mayo del 2011

No hay duda de que Colombia está cambiando. Puedo dar por lo menos tres ejemplos para probarlo, aunque bastaría la palabra del hombre más rico del mundo, el empresario Carlos Slim quien recientemente así lo afirmó.

Desde la perspectiva del multimillonario ya casi somos un país desarrollado junto con Brasil, Argentina, México y Chile, que va un pasito adelante. Muy pronto dejarán de calificarnos como nación en vía de desarrollo o subdesarrollada. Eso era antes, en la Colombia del pasado, en la Colombia que se expresaba mal, ahora hasta el lenguaje es correcto y desarrollado: Hay niños y niñas; población rural y urbana; hipoacústicos; afrodescendientes; invidentes y, sobre todo, desarrollados y desarrolladas.

El lenguaje, viéndolo bien, hace parte de los cambios que venimos atravesando. El refinamiento de la modernidad llega a todos los estratos, nadie quiere, por ejemplo, quedarse atrás en la utilización adecuada de los verbos. Descartamos el subdesarrollado verbo “poner” porque resulta más moderno el verbo “colocar”, así que ahora afortunadamente decimos “me coloco bravo” en lugar del anticuado “me pongo bravo”.

Bueno, pero volviendo a los cambios sustanciales, y dejando atrás los verbales, debo resaltar como símbolo de nuestro desarrollo el creciente interés por las monarquías europeas. Los reinados de España, Inglaterra y Mónaco ocupan más páginas que el de Cartagena, o del Café. A nadie le interesa ahora si la reina del Guaviare consiguió traqueto o si la del Valle logró sobreponerse a las tutelas. Lo que es de palpitante actualidad es el nombre del modisto de Kate o el color del vestido de Camila. Tenemos una televisión tan desarrollada que no nos deja perder detalle de cada boda real. Eso tan frondio de transmitir ferias o reinados locales era puro subdesarrollo.

Otro elemento probatorio de nuestro estado de crecimiento económico y avance social es la proliferación de centros comerciales. No hay municipio “desarrollado” que no tenga su centro comercial y las grandes ciudades compiten para ver cuál tiene más. En Bogotá, por ser la capital, han “colocado” uno cada tres cuadras. Todos igualitos, todos enormes, todos con los mismos almacenes y las mismas marcas, en una democratización del comercio que haría palidecer a Suecia o Noruega. Es que para que haya desarrollo cada ciudadano y ciudadana debe poder entrar a un centro comercial por lo menos una vez a la semana. Los verdaderos pobres, los indigentes de hoy, son aquellos que no tiene acceso a un centro comercial.

Y para rematar mi argumento y mostrar por qué estoy plenamente de acuerdo con el señor Slim, que ha “colocado” a Colombia entre los países desarrollados de América Latina y próximamente del mundo, queda el fútbol. Ya no nos interesa que pasa con el Real Cartagena o el Boyacá Chicó. Los tradicionales enfrentamientos entre Nacional y América, o  Millos y Santa Fe, han quedado, por fortuna, en el pasado para dar paso a las muy importantes y desarrolladas ligas europeas.

La semana pasada tuvimos el inmenso orgullo de disfrutar un evento del deporte desarrollado. El país se estremeció ante la final de la Copa Española entre el Barza y el Real Madrid. En los centros comerciales de Bogotá “colocaron” pantallas gigantescas para que nadie se perdiera la transmisión en vivo y en directo. Había que ver cómo las multitudes gritaban entusiasmadas los nombres de los jugadores que llevamos en el alma, Messi, Piké, Ronaldo… Los ojos no se separaban de las pantallas y esa fibra colombiana de pueblo “desarrollado” estaba en vilo por la suerte de sus nuevos mejores equipos.

¡Qué bien! Somos desarrollados, hablamos como desarrollados, seguimos al jet set internacional como desarrollados, compramos como desarrollados y los campeonatos que nos “colocan” a vibrar el alma, son los desarrollados. Lo demás: inundaciones, derrumbes, robos, carruseles de contratación, morenos, nules, chuzadas, falsos positivos y uribismos, son puro subdesarrollo y eso, como dijo Carlos Slim hay que dejarlo atrás. ¡Bienvenidos al futuro! Nadie había dicho esto antes, o ¿si?.

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