¿Blindados contra qué?

23 de julio del 2012

Gobierno y Banco de la República al unísono, durante largo rato, se jactaron sobre un supuesto blindaje de la economía (cuyos dueños son privados, no sobra recalcarlo). Como si la despiadada globalización que carga con sus malas prácticas la crisis que hoy vive el mundo, hubiera eximido a este país, ‘tan bien manejado’. Los economistas […]

Gobierno y Banco de la República al unísono, durante largo rato, se jactaron sobre un supuesto blindaje de la economía (cuyos dueños son privados, no sobra recalcarlo). Como si la despiadada globalización que carga con sus malas prácticas la crisis que hoy vive el mundo, hubiera eximido a este país, ‘tan bien manejado’.

Los economistas descreídos del edén del libre mercado, desde tiempo atrás los venían refutando. Con razones lógicas: una economía cuya fortaleza gruesa, y sorda, radica en la explotación de recursos naturales no renovables, está condenada por la inestabilidad de los precios internacionales de esos productos. Amén de la manga ancha e irresponsable con que opera el negocio. Pues bien, maltrecha Europa con su invasiva crisis y desaceleradas por ese fenómeno las principales economías del mundo, el futuro de esas exportaciones y sus precios pinta gris oscuro.

Ni siquiera Brasil, que optó por una fórmula mixta: explotación de grandes recursos naturales, junto con protección industrial (no a los TLC) y estímulo del consumo interno, cosas aquí menospreciadas, pudo salvarse de la caída de precios. Tras el ímpetu del crecimiento sostenido de sus cifras en los últimos años, hoy está abocado a que en 2012 los negocios que configuran su economía crezcan inclusive menos de un 2%.Vaticinio de estudiosos.

En Colombia, el hecho real de la tasa anual de crecimiento económico de un preocupante 1,1%, en el primer trimestre del año (venía de un 5,9% en 2011 y analistas prevén que bajará a menos de 3,5% al finalizar 2012), por lo menos da cuenta de la mentalidad cortoplacista de nuestras autoridades económicas, de dos lustros para acá. Sin recato para embarcar la economía en la más pura versión del libre mercado: explotación de recursos naturales dejándose imponer las reglas del juego, y olvidándose de visionar el futuro en vocaciones manufactureras sostenibles, le atribuyeron sostenibilidad (valga la redundancia) a una actividad basada en recursos que no se renuevan, cuya suerte está atada al volátil comportamiento de precios mencionado, y cuya inversión llega, extrae, engorda y se va. Todo eso, sin sumar los pecados ambientales y sociales que la definen. Ellos no quisieron ver lo que vio un académico: ‘Sólo nos quedarán los huecos’.

Pero es el veneno que se regó por el mundo. Con tal poder que todo el que lo bebe conscientemente se empodera para defenderlo inconscientemente. Aquí y en cualquier parte del planeta ¿O no será inconsciencia pretender acusar de la grave crisis de Europa a las costos del Estado de Bienestar que sus países alcanzaron, cuando a todas luces la causa real está en la avaricia del sistema financiero, exponente fiel de esas malas prácticas del libre mercado? No hay tal, quebrados los Estados por la supervivencia de la banca, es obvio que el primer sacrificado haya sido el Estado de Bienestar, y por contera, la gente. Tal cual los hechos.

Conviene que en  lugar de seguir yendo por las ramas del problema, vayamos a su raíz: cuando la gente dice en las emisoras que ‘al presidente Santos le quedó grande gobernar’, hay que hacerles ver que mientras nos rija el modelo económico imperante, a cualquier gobernante aquiescente con éste (y esa ha sido la constante en nuestros presidentes) le quedará grande, pues está obligado a decisiones que imponen el interés particular, el del gran capital, sobre el interés general. De ahí para abajo, pasa con los ministros; con las superintendencias; con el sistema tributario, que grava mucho al trabajo y poco al capital; y con la salud, derecho básico que convertido a negocio no es dable garantizar. Y fue la intención que causó el rechazo a la fallida reforma de educación superior. Aún más: adivinen por qué desapareció la banca de fomento.

Toca reiterarlo. Todo conduce a que se acerque la hora en que cada país defina su propia manera de organizar su economía. Pero, para no repetir la historia, esas decisiones deben consultar a la ciudadanía. No más disposiciones antidemocráticas sobre asuntos que determinan la vida de todos, como los de la economía. Además de poder elegir a los  gobernantes, se debe habilitar constitucionalmente el derecho al voto para decidir sobre esas materias de las que depende el bienestar de la comunidad. Se argumentará la falta de educación para votar sobre estas cuestiones; punto rebatible: tampoco hemos estado educados para elegir presidente. Hay que dar el paso e ir educando. Con más razón, cuando abundan las  evidencias de la postración de los gobiernos ante el gran capital. Para qué continuar transitando la senda del modelo económico que arrasó con las grandes potencias. Ese es el meollo.

Cabe preguntar ¿Será que seguimos comprando la pelea que nos llevará a decidir el próximo gobierno entre Santos y quien encarnará a Uribe…?

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