Bogotá fuera de control

Vie, 10/02/2012 - 00:00
La triste historia de los carruseles de la contratación en Bogotá ha dejado claro que la corrupción tiene un soporte fundamental en los organismos de control. La con

La triste historia de los carruseles de la contratación en Bogotá ha dejado claro que la corrupción tiene un soporte fundamental en los organismos de control. La contratocracia sabe que debe garantizar que los entes de control queden en manos de alguien ¨suyo¨. Por eso los cacaos de la contratación se vuelven lobbystas, activistas y esforzados proselitistas al momento de escoger la persona que controlará los contratos en la ciudad.

No es sino repasar el caso del excontralor Miguel Ángel Moralesrussi, el escogido en la anterior administración, que resultó implicado en las coimas a los Nule, y que por su garosería hizo que estallaran los preacuerdos con sus patrocinadores. Los contratistas sacaron a la luz pública las grabaciones en las que pretendían mostrar a su contraparte como sobornadora, pero lo que pasó fue como en las películas que a la hora de repartir el botín, alguien quiso aventajar a su socio y eso reventó el soterrado pacto.

Por esta razón hoy ha resultado tan difícil la escogencia de contralor y de personero en Bogotá. No solo porque la administración de Gustavo Petro dejó claro que no quería tener organismos de control de bolsillo, lo que dificultaba desde un comienzo la acostumbrada coalición del Concejo con el gobierno que terminaba consensuando estos dos cargos, sino porque en la medida que alguien propone ciertas calidades éticas para no repetir la historia, o que alguien quiere garantizar eficiencia y transparencia, tiemblan los pasillos del Concejo y aparecen refuerzos para que se escoja alguien que tranquilice contratistas .

Aunque, desde luego, hay quienes quisieran escoger una persona independiente de la administración para que no pase como con el personero Francisco Rojas Birry que prácticamente salió de las entrañas de la casa Moreno. Y que aparte de su escándalo por el famoso préstamo de 200 millones de pesos que el hiciera David Murcia, el amo de las pirámides de DMG, su presencia fue más bien nula. De los Nule no dijo ni mu.

Pero las voluntades de quienes quieren escoger personas con altas cualidades, con sentido de pertenencia de ciudad y con criterio jurídico y administrativo para garantizar ética pública están a punto de ser derrotadas una vez más por las fuerzas de la corruptela. Ya se habla de contratos en la Registraduría para intentar comprar los votos de los concejales. Se comenta mucho en esa entidad, el nombramiento de Angelí, la esposa de Rojas Birry para que el personero saliente hiciera campaña a favor de Carlos Camargo como su sucesor en el trono.

Hay varios periodistas siguiéndole la pista a estas prácticas y muchos concejales molestos con la encerrona que les hizo el registrador Carlos Ariel Sánchez para promover a Carlos Camargo. Y algunos dicen que ni siquiera vale la pena quejarse ante el Procurador porque él simpatiza con este nombre, más ahora que piensa en reeleccción.

La puja por estos organismos de control tiene sanos intereses partidistas y muchos concejales quieren que sea su bancada la que nomine, pero cada día suben las acciones de aspirantes que poco tienen que ver con la probidad, el deseo de servir a la ciudad o de defender derechos como esperarían los ciudadanos de a pie. No, las acciones suben por las prebendas que ofrecen algunos candidatos y en ningún caso no porque garantice transparencia, ética de lo público, o eficiencia administrativa.

Hoy están al alza las acciones de Carlos Camargo y varios concejales sienten que puede terminar siendo el personero gracias a sus contraprestaciones en la Registraduría. Otro en alza es Marco Tulio Gutiérrez, uno de los alfiles del gobierno de Samper y su elefante, que muy pocos ven con cara de personero pero nadie entiende como suben sus acciones, las cuales dependen también de que el samperismo no se quede con la Contraloría en cabeza de Soraya Vargas.

Ha subido también Alberto Casas Sánchez, esposo de Mónica Certaín, la contralora que encargó Samuel Moreno cuando estalló el escándalo Moralesrussi, que fue famosa porque logró hacer cien cambios en la nómina en dos meses, como lo denunció en su momento el concejal Antonio Sanguino.

Ha subido recientemente un exconcejal llamado Ricardo Cañón que se hizo famoso por su inscripción a la Cámara, en la lista de Pablo Ardila, el polémico y exótico gobernador de Cundinamarca. En un controvertido fallo del Concejo de Estado, con salvamento de votos y todo, Cañón fue exonerado por que no ejerció y se le perdonó que se hubiera inscrito siendo concejal porque un día antes se salió de la lista y metió a su padre.

Lo que se ve venir es que van a ser derrotados una vez más esos jóvenes que han llegado al Concejo con intenciones de hacer algo diferente, como Miguel Uribe, Horacio José Serpa, Hosman Martínez, Eduard Arias. Y Maria Clara Name. Porque la máquina que elige y escoge los organismos de control no va a permitir que alguien que no pertenezca a su redil llegue a vigilarla y controlarla. Son muchos los millones que están en juego y mucho lo que les falta por hacer para dejar esos entes al garete.

Y todo apunta a que Bogotá pierda el control y los nombramientos de Personero y Contralor van a ser una nueva frustración. Y ojalá no, pero dentro de poco darán mucho que hablar. Ojalá estemos a tiempo de que el Concejo tome el control y cambie de canal en la capital.

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