Cánceres contagiosos, cánceres instantáneos

Jue, 13/10/2011 - 09:36
Siempre pensamos que el temido cáncer es un proceso crónico de varios años, lo cual nos permite en la mayoría de los casos prevenirlo y detectarlo tempranamente. Dos

Siempre pensamos que el temido cáncer es un proceso crónico de varios años, lo cual nos permite en la mayoría de los casos prevenirlo y detectarlo tempranamente. Dos noticias biológicas recientes nos hacen dudar eso. La primera es una curiosidad que tiene poca relación con los seres humanos y no nos afectará mucho (a menos que seamos fans de Taz, el demonio de Tasmania de los dibujos animados infantiles). La segunda noticia sí tiene mucho que ver con nuestros hábitos y adicciones.

Lo primero, los demonios de Tasmania están desapareciendo de su hábitat natural. Algunas poblaciones seguidas por ecologistas se han reducido en un 60% y la especie puede desaparecer en 25 años (Journal of Applied Ecology). Esto se debe al Tumor Facial del Demonio de Tasmania (TFDT) que se empezó a observar en estos marsupiales hace quince años. Si bien Taz y sus congéneres no son propiamente ejemplo de belleza animal -ni tampoco una “cajita de música” como se dice en Colombia- las fotos de su cara y boca deformadas por el mencionado tumor son pavorosas.

Se ha intentado detener el avance de la enfermedad sacrificando los animales enfermos. Parece que esta iniciativa va a fracasar (BBC, 5 de octubre 2011) por la dificultad de capturar los animales enfermos salvajes. Además habría que matar tantos individuos afectados que la misma medida “terapéutica” pondría en peligro la especie. Ya aquí podemos sacar una enseñanza sobre la pseudociencia llamada eugenesia: es casi imposible además de peligroso intentar “podar” y mejorar una especie animal, incluida la humana.

Lo más interesante es que el tumor TFDT es contagioso y la neoplasia o las “células cancerígenas” como dijo alguien recientemente pasan directamente de animal a animal. Es como una metástasis que salta de individuo a individuo.

Gracias a Dios o a la evolución -Deus sive Natura diría el filósofo Spinoza- esto no ocurre en humanos. Lo que podemos aprender nosotros radica en preguntarnos cuándo y cómo salta este cáncer de demonio a demonio en Tasmania. En sus ritos reproductivos esos marsupiales (y también los humanos) se muerden alrededor de la boca, con cariño o en éxtasis tocará averiguar, y en ese momento las células malignas pasan de animal a animal.

Esto subraya que biológicamente las llamadas relaciones íntimas en humanos y animales son encuentros cercanos: mucosa a mucosa, secreción con secreción, bacterias y virus como el papova o VPH del cáncer de cuello uterino pasando de uno a otro individuo.

Hay que enseñar a los adolescentes: el amor no esteriliza ni es un protector biológico. Hasta la periodontitis es una enfermedad venérea me decía un odontólogo. Entonces ese peculiar tumor contagioso de los marsupiales de Tasmania nos deja una moraleja preventiva: cuidado con la boca que besa e intente que sea siempre la misma.

Existen pues en biología cánceres contagiosos, y también cánceres casi instantáneos. El hábito de fumar nos coloca en peligro de muchas patologías: neoplasias del tracto respiratorio, enfisema, aterosclerosis y otras enfermedades. Ninguna de ellas elegante, aunque todavía existen personas que creen elegante llevarse un cigarrillo a la boca.

Para colmo de males recientemente se ha asociado el tabaquismo como factor de riesgo a la tuberculosis. Investigadores de Sudáfrica publicaron en la revista Thorax evidencia de mayor frecuencia de TBC en fumadores debido a sustancias inhaladas en el humo del cigarrillo que afectan la función de los macrófagos, células importantes en la defensa del organismo contra la tuberculosis.

Entonces la adictiva nicotina no es el único veneno que aspiramos y hay otras “bellezas” en el cigarrillo. Los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), moléculas carcinogénicas que adquirimos al fumar, están asociadas a daño del ADN y desarrollo de neoplasias malignas. Investigadores de la Universidad de Minnesota publicaron a comienzos de este año evidencia de su formación en los bronquios 15 a 30 minutos después de aspirar humo de cigarrillo.

Lo importante de este hallazgo es entonces que no necesitamos fumar mucho ni por largo tiempo para iniciar el proceso carcinogenético. Claro que mientras más se fuma y por más tiempo mayor es el peligro. Pero podríamos hablar de un efecto molecular patológico casi instantáneo.

El otro lado de la moneda es considerar que si se detiene el fumar se dejan de formar estas sustancias rápidamente. Y si evitamos el fumar pasivo de quienes estamos rodeados por fumadores en espacios cerrados (¡no fume en mi cara por favor!) a veces hasta en presencia de mujeres embarazadas algo estamos haciendo para prevenir el daño instantáneo del cigarrillo.

La inhumana historia de los demonios de Tasmania con su tumor facial y el rápido daño del humo del cigarrillo nos recuerdan que hay cánceres contagiosos y disparados por procesos instantáneos. No creo que a ninguno de nosotros nos pasen un cáncer con un mordisco pero el hábito y adicción a fumar nos hacen daño rápidamente.

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