Cuadros Vivos, Pueblo Vivo

14 de enero del 2012

La cultura popular cuando se construye, conserva y renueva produce milagros de identidad como pocos fenómenos sociales recientes y protege a las comunidades de la contaminación global que homogeniza y amenaza con corromper los santuarios de la fe totémica de nuestras raíces. Sin embargo, muchos pueblos sin darse cuenta de ello, asumen su defensa de […]

La cultura popular cuando se construye, conserva y renueva produce milagros de identidad como pocos fenómenos sociales recientes y protege a las comunidades de la contaminación global que homogeniza y amenaza con corromper los santuarios de la fe totémica de nuestras raíces.

Sin embargo, muchos pueblos sin darse cuenta de ello, asumen su defensa de identidad desde la cultura popular más por aferrarse a tradiciones con débiles arraigos y en alianzas macabras con los mercaderes de la cultura y los promotores de escándalos musicales de mal gusto.

Lo anterior se hace evidente en la mayoría de las celebraciones populares de nuestros pueblos pequeños y grandes de toda la geografía nacional colombiana: una combinación perversa de empresas licoreras, alcaldes corruptos y políticos amangualados con los intereses económicos; se organiza y festeja la expoliación de lo público y delante del público.

Para eso también sirve la cultura popular.

Pocos pueblos de Colombia y de esta América mestiza logran conquistas originales alrededor de lo popular, a lo sumo, la españolización de la tradición impone un santoral amañado y con hombres de poca fe. Santos y santas que se pasean al vaivén de las olas de alcohol de sus feligreses y los truenos y centellas de la pólvora parroquial.

Uno de los reductos de la cultura popular, entendido como cultura pura y purificadora, sin complicaciones e irreverente, transgresora y burlona. En el extremo del establecimiento y alineada con el sentimiento de clase descalza.

Hay un caso quizás único, quizás en peligro, quizás en la hora precisa de salvaguardarlo. Lo colombianos no somos muy dados a preservar tradiciones cuando el establecimiento no concurre e incita, apoya y defiende. Hay un paternalismo dañino con la cultura popular que a veces raya en la misericordia de un lado y la mendicación del otro. Es un juego con cartas marcadas.

Un pueblo caluroso del Caribe colombiano que se pierde entre los confines de la Sabanas del viejo Bolívar y los desparpajos geográficos iníciales de la mítica Mojana, decidió en tiempos del ruido, constituir una tradición popular que ellos denominan “CUADROS VIVOS” y gracias a esa decisión casi mítica, existen como sociedad, comunidad y pueblo vivo.

El pueblo vivo que produce cuadros vivos se llama Galeras, en el departamento de Sucre. A 50 kilómetros de la capital Sincelejo. Si a los galeranos (es decir, los nacidos en Galeras) de antes no se les hubiese ocurrido sistematizar de manera teatral los ritos de la cotidianidad que los extrae de la modorra del calor y del color rojo de su suelo (tierra de colores se inventaron), quizás Galeras no existiera para el consciente colectivo llamado país. Una simple referencia del Dane para lo demográfico.

Lo cierto es que Galeras y los galeranos propios y adoptados han constituido un ejemplo poco revisado sobre cultura popular para la defensa de la sociedad colectiva, más extraño aún, en las tierras del Caribe se da por descontado que lo popular es endémico y por lo tanto cualquier alharaca con máscara a bordo, se etiqueta como patrimonio o cultura popular.

No. En Galeras como pueblo vivo, los Cuadros Vivos son la puesta en escena teatral más visitada del País durante su Festival de los primeros días de las calendas anuales. Un Cuadro Vivo (sin tanta explicación) es la representación de una vivencia sentida, vivida o testificada sobre asuntos religiosos (fueron los originales), políticos, sociales, ambientales, económicos y de cualquier otra índole que sea susceptible de representar con actores de verdad (mientras dura la escena) en medio de la calle o al borde de un corredor de la casa.

La cultura popular de los Cuadros Vivos en Galeras – Sucre comulga con lo comunitario (la solidaridad entre vecinos para el montaje), con lo espiritual (una devoción alrededor de lo estético), con las decisiones colectivas (el tema a representar) y con la transgresión (el puntillismo de la crítica social).

Hay una legión de apóstoles y soldados, que año tras año, se dan a la tarea y contra los aburridos discursos de sus alcaldes de turno, de organizar al pueblo vivo para que produzca los Cuadros Vivos. En la tarea concurren personas de todas las edades, un niño en Galeras corre el riesgo de convertirse en director de teatro por cuenta de los Cuadros Vivos; un anciano o anciana con sus resquemores y arrugas, se rejuvenece prestándose como personaje evocador y provocador de una escena nostálgica o acusadora. Un distinguido Licenciado de Artes refunfuña todos los años y amenaza con que no va más ante el desespero y la falta de apoyo; pero luego repite la oración de arrepentido cada año. Ese es su mejor Cuadro Vivo en esencia.

No voy a hablar de las salvaguardas y demás guirnaldas burocráticas del Ministerio de la Cultura para con los Cuadros Vivos, se necesita el apoyo y la decisión de política pública. Pero los Cuadros Vivos vivirán mientras haya pueblo vivo.

Coda: busque en el mapa a Galeras – Sucre y en internet teclee “Cuadros Vivos de Galeras” aparecerán menos de noventa mil referencias en web y casi quince mil en imágenes, pero ya es algo.

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