De matrimonios, posgrados y riñones compatibles

Mié, 24/10/2012 - 09:01
La compatibilidad es difícil en todos los encuentros humanos.  Dos personas que quieran vivir en pareja deben interrogarse a sí mismos, sinceramente, si son compatibles.  Un profesion

La compatibilidad es difícil en todos los encuentros humanos.  Dos personas que quieran vivir en pareja deben interrogarse a sí mismos, sinceramente, si son compatibles.  Un profesional presto a comenzar estudios de posgrado también debe preguntarse lo mismo respecto al lugar donde piensa realizarlos.  En medicina nos enfrentamos al problema de la compatibilidad en transfusiones y trasplantes. Hay algunas estrategias, nunca infalibles, para aumentar la posibilidad de compatibilidad en estos encuentros humanos.

Pero el problema en la medicina de trasplantes se hace extremadamente difícil cuando tenemos un número limitado de donantes para un número creciente de receptores que necesitan trasplante. Además intervienen en la decisión de usar o no un órgano complejos factores éticos y sociales. Por ejemplo, ¿es justo hacer un trasplante de hígado a una actriz pornográfica, caso Linda Lovelace de Garganta Profunda, quien quizás adquirió por motivos “laborales” el virus que causó su enfermedad?  O ¿a un famoso beisbolista, caso Mickey Mantle, alcohólico?  Sobre todo si siendo “celebridades” saltan por encima de otros pacientes en la lista de personas necesitadas de trasplante.  Además se dice que hay un mercado ilegal de órganos para trasplantes. Yo no creo esto último pues si salgo a comprar un riñón o corazón debo asegurarme que sea compatible y esta pregunta no es fácil ni la resuelve el dinero.

Es tan difícil encontrar tejidos compatibles que algunos pacientes han comenzado a usar las redes sociales en este empeño.  Un empresario tecnológico (BBC, 6 de diciembre de 2011) solicitó a través de sus contactos (17.700 en Twitter,  13.000 en Facebook) que se organizaran encuentros y fiestas en diferentes ciudades para tomar a  los asistentes muestras bucales y determinar sus grupos antigénicos buscando el más compatible con él pues sufre de un tipo de leucemia que requiere transplante de médula ósea con cierta urgencia.  En el Registro Internacional de Médula Ósea hay más de doce millones de posibles donantes pero aún así es difícil encontrar a veces un donante compatible.  De tal forma que el problema es también matemáticamente difícil.

Shapley, el premio Nobel de Economía 2012, publicó con otros colaboradores en 1962 un modelo que ayuda al apareo de donantes y receptores de transplante. Lo interesante es que se planteó como un algoritmo para solucionar el llamado problema de los “matrimonios estables”: ¿cuál es la mejor estrategia para alcanzar en un grupo de hombres y mujeres el más alto número de parejas estables? Estables, digo, sin tener en cuenta posteriores aventuras, adulterios, escapadas y otros avatares de la vida matrimonial. Los matemáticos no tienen en cuenta estas debilidades humanas y por eso estas fórmulas no dan buenos resultados en la vida real.

La estrategia se llama de “aceptación-reservada” y más o menos funciona así: los hombres comienzan seleccionando su pareja de primera escogencia (el machismo de las ciencias supongo) y las mujeres rechazan todas menos aquella que sea su mejor opción. Pero no lo aceptan formal y definitivamente hasta el final del proceso (demostrando el gran poder de la incertidumbre femenina).  Los hombres rechazados se proponen a su segunda opción, cualquiera que sea aún incluyendo aquellas mujeres que ya han escogido pareja. Las mujeres tienen la capacidad de comparar con su primera escogencia y rechazar esta seleccionando otra. Hasta que ya no queden más hombres rechazados y todas las parejas queden establecidas. Se me parece esto al juego de la botella de aquel primer beso a una niña en mi temprana adolescencia pero funciona y produce el mayor número de resultados compatibles.

Se ha usado en transplantes renales con grandes listas de posibles donantes y receptores: el riñón donado es el “varón” que escoge y puede entrar al proceso varias veces, el paciente receptor es la “mujer” que rechaza hasta encontrar una mejor opción, no necesariamente la primera ni perfecta pues los transplantes a veces son rechazados en la vida real a pesar del protocolo de escogencia.

Quien desarrolló esta estrategia es entonces quien ganó este año el premio Nobel de Economía.  Después se dedicó al diseño no de matrimonios sino de mercados, supongo con mejores resultados económicos.

La misma estrategia se usa para ofrecer plazas de estudios de especialización a los médicos aplicantes en EE. UU. y el Reino Unido. Es el conocido matching program cuyos resultados esperan los recién graduados anualmente en marzo o abril. Yo también sufrí ese suspenso. Había aplicado a seis universidades norteamericanas que coloqué en orden de preferencia (hay pesimistas que colocan treinta o más).  Me aceptaron en la primera.  Al día siguiente me llamaron de mi segunda opción que siguiendo las reglas del juego no acepté.  Me hubiera ido mejor, creo, en la tercera opción que nunca me llamó.

Como muchos matrimonios guardo en confidencia a quien dije no y quien me rechazó.  Escogí a quien dijo sí y he sido feliz y bastante compatible.  Además no he necesitado trasplante de cónyuge.

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