Ecología Política y Economía Política

20 de diciembre del 2011

La diferencia y distancia entre la Economía y la Economía Política se ve cada vez más claramente en las declaraciones y las apreciaciones de nuestras dirigentes. La Economía Política hace parte de las ciencias sociales y es la rama del conocimiento que estudia la incidencia de los fenómenos económicos en la forma en que se […]

La diferencia y distancia entre la Economía y la Economía Política se ve cada vez más claramente en las declaraciones y las apreciaciones de nuestras dirigentes.

La Economía Política hace parte de las ciencias sociales y es la rama del conocimiento que estudia la incidencia de los fenómenos económicos en la forma en que se estructura la sociedad y se crean los vínculos entre sus miembros. Se interesa en cuáles son y cómo cambian los factores o elementos que constituyen un sistema de producción (tierra, capital, trabajo, tecnología, conocimiento, etc.), en cómo este evoluciona según estos van cambiando (esclavitud, feudalismo, capitalismo mercantil o industrial, etc.), y las relaciones interpersonales que de ello se derivan. Es en conjunto lo que se conoce como ‘modos de producción’, que son determinantes en la sociedad que alrededor de ellos se organiza, y le da a nuestro sistema capitalista la perspectiva de un ordenamiento social y no solo la del funcionamiento de ‘los mercados’.

Por eso una evaluación desde el punto de vista de los ‘economistas puros’ permite afirmaciones como la del Ministro de Hacienda según la cual Colombia está pasando por su mejor momento desde que subió al poder Santos, mientras a ojos de un analista que pensara en términos de Economía Política le parecería que los indicadores de violencia, de desigualdad, y hasta cierto punto el atraso o abandono de lo que concierne la vida diaria de la población (que va desde lo que sufren por las condiciones de la infraestructura vial y las inundaciones, hasta la inoperancia de la Administración de Justicia o los servicios de salud, educación, etc.) contrastan con el optimismo que ese despacho muestra.

Ahora una amiga me señala que dentro de las mismas ramas científicas aparece un complemento de la Economía Política que toma gran importancia: la Ecología Política.

Al igual que la primera se interesa en la interrelación del hombre con sus semejantes, esta se enfoca hacia el manejo que le debemos dar al planeta y al medio ambiente como entidades relacionadas con nosotros y de las cuales dependemos.

El Hombre está alterando su hábitat y la forma en que evoluciona lo que llamamos ‘desarrollo’ es la que determina cuál será el futuro (para algunos la posibilidad misma de que haya futuro o no). Es el tema que gira alrededor de la noción de ‘sostenible’, o sea la necesidad de que lo que consumimos pueda ser reemplazable y no estemos agotando aquello de lo que depende nuestra capacidad de vida (según algunos estudios, al nivel de explotación de los países más desarrollados habría que reducir la población mundial en cuatro mil millones de personas para lograr esto).

El consumo de reservas naturales no renovables; la deforestación y reducción de lo que sería la capacidad pulmonar, o sea de producir oxigeno del planeta; la generación de bióxido de carbono y el ‘efecto invernadero’ que se produce’; el cambio climático mismo, consecuencia de lo anterior, pero a su turno causante de nuevas perturbaciones; la polución con elementos no biodegradables; en fin, la actividad humana pareciera ser ignorante y en consecuencia indiferente a cómo cerramos la posibilidad de futuro. (Tal vez en lo único que se prevén avances es en el aspecto demográfico, donde ya algunas naciones –v. gr. Alemania- tienen ya crecimientos negativos).

Pero si el mundo está mal y los mayores causantes de daños como Estados Unidos y China llegan al punto de no suscribir ni siquiera lo que sería un modestísimo primer paso como el Protocolo de Kyoto, peor estamos tanto en lo que sufrimos como en la forma que manejamos estos temas en algunos países en ‘vía de desarrollo’, en particular Colombia.

Es inconcebible que por lo que significa en la economía los gobiernos sigan estando orgullosos, y prácticamente usando como medidor de éxito, el número de vehículos que entramos en circulación; y lo es tanto desde el punto de vista del caos hacia el cual vamos por el desfase con la capacidad de las calles y carreteras, como desde el punto de vista de la contaminación que producen.

O peor es el caso de la minería donde en cuatro años acabamos casi con la superficie no adjudicada del territorio nacional, entregando todo en función de recibir unas regalías que sólo suponen representar en alguna forma el valor de lo que se extrae pero no los perjuicios que causan, el deterioro que dejan, o la manera en que afectan negativamente la vida de las comunidades locales.

Igual que en el mundo ya se discute la conveniencia de guiarse por los indicadores de la economía (PIB, volumen del comercio, etc.) deberíamos pensar (o el gobierno debería pensar) en tener menos en cuenta los indicadores de inversión extranjera, de balances de las grandes empresas, etc., y pensar más en qué manejo estamos dando a los elementos con que la naturaleza nos rodea, tanto en los seres humanos como en el medio ambiente.

No sé si podrá ser un pensamiento de una ‘Ecología Social’ o de la Ecología Política, pero es buena la propuesta de Eduardo Galeano según la cual a las tablas de Moisés les faltó el mandamiento de ‘Amarás y cuidarás la Naturaleza de la cual formas parte’.

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