El caso de Silvestre

12 de enero del 2011

Arrancó el año con un escándalo que, creo yo, no tiene ni pies ni cabeza.  Se trata de la actitud asumida por el cantante vallenato Silvestre Dangond quien, supuestamente, le toco las partes íntimas a un menor de 10 años.  Él ofreció disculpas, como corresponde. Su abogado sostiene que el hecho podrá ser de mal gusto, pero que en ningún caso tipifica un tipo penal.   La abuela del menor, y quien tiene la patria potestad según lo supimos por la FM de RCN, sostiene que ella no vio nada, que no piensa demandar al cantante, pues ella sostiene, Silvestre le toco el bolsillo y no sus partes íntimas. En fin todo esto se ha convertido en un novelón sin sentido.

Corriendo el riesgo de ganarme unos cuantos insultos, lo cierto es que en este país en donde a diario mueren niños como consecuencia de la violencia intrafamiliar, de los abusos y de las balas perdidas, entre otros factores, lo sucedido a Silvestre Dangond con el menor no deja de ser una anécdota más a la que se le ha querido dar un significado que realmente no tiene.

Varios de mis amigos costeños, con los que he hablado sobre este tema, me han jurado que esa es una costumbre muy regional para despedirse o saludar.  Y no tengo ninguna razón para dudarlo pues ellos nacieron y crecieron en diferentes ciudades de la costa colombiana.

Inclusive en una entrevista para korraleja.com el menor ha sostenido lo siguiente: “cómo yo soy silvestrista cien por ciento y a morir, me emocioné y me subí como pude a la tarima y él me entregó el micrófono y dije:

‘Lo quieren acabar, pero no han podido’. [Dangond] se emocionó con mis palabras, me dio un aguinaldo y lo que Silvestre hizo conmigo fue un gesto de cariño, y nunca se vio mal, como han querido decir en alguna parte, pero en mi casa y todos los silvestristas apoyamos a nuestro querido artista, que es un artista bueno y lo mejor que tenemos”.

Vean el contrasentido: en tan solo 20 días más de 10 niños a lo largo y ancho del país han muerto como consecuencia de las balas perdidas. A diario fallecen cientos de niños por física hambre. El instituto de bienestar familiar y los centros de adopción no alcanzan a cuidar a los miles de menores abandonados por sus padres. En fin: todo lo que tiene que ver con los menores es literalmente monstruoso, y ahí sí no aparecen los medios de comunicación, los defensores de los menores. Y en cambio pasa este episodio folclórico, por decir lo menos y  todo el mundo se dedica a acabar con el artista y su prestigio. Seamos un poco más serios.

El día que este país entienda cuáles son sus prioridades en materia de derechos de los menores, y de los adultos, podremos decir que empezamos a trasegar por el mundo de la civilización.

Recuerden que en Locombia los medios registraron con mayor cubrimiento la muerte del hipopótamo Pepe que perteneció a Pablo Escobar que a los muchachos de Soacha asesinados por el cobro de recompensas por parte del ejército.

Por lo pronto creo que en lo que al cantante vallenato se refiere  estamos frente a un típico escándalo de farándula. Como le leí a alguien en Twitter: solo falta que la senadora Gilma Jiménez pida cadena perpetua para Silvestre Dangond.

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