El Divino Rostro

1 de agosto del 2012

El rostro es la carta de presentación de todo ser humano. Es la parte del cuerpo que emite todas las señales más importantes. En ella están los ojos, cuyas formas de expresión han consagrado un aforismo: son las ventanas del alma. El estado de ánimo se puede deducir con solo mirar a los ojos de […]

El rostro es la carta de presentación de todo ser humano. Es la parte del cuerpo que emite todas las señales más importantes. En ella están los ojos, cuyas formas de expresión han consagrado un aforismo: son las ventanas del alma. El estado de ánimo se puede deducir con solo mirar a los ojos de una persona. En el rostro se encuentra la boca cuyo papel de entrada de la ingesta es secundario comparado con el más importante instrumento de comunicación y de desarrollo de la inteligencia: la palabra. En la cara están los principales elementos que componen los rasgos anatómicos de la “raza”, es decir, las características que diferencian a los humanos según la región donde se desarrollan sus antepasados por centenares de años en evolución. El rostro es la presencia de un ser frente a otro. Por estas razones los delincuentes cubren su rostro en el momento de cometer sus fechorías. Se cubren también los agentes de seguridad del Estado para impedir ser luego objeto de retaliación por parte de los bandidos capturados. En fin, el rostro es el asiento de la huella de los años y en él vemos el efecto del tiempo.

La pintura ejerció durante siglos la tarea de dejar para la historia, la faz de los personajes sobresalientes para mostrarlos en su esplendor, como los monarcas europeos, sus familias y los hombres de armas. Retratos al óleo pintados por manos maestras o pintores anónimos llevaron al lienzo, a la escultura y a los frescos en paredes, centenares de rostros y cuerpos que nos permiten conocerlos después de largos períodos de la historia. Más precisa fue la fotografía y la filmografía, esos maravillosos inventos que captan el rostro y todo el entorno. En tiempo de Bolívar, por ejemplo, aún no existía la fotografía, pero si los pintores. Sus trabajos reposan en los museos. Como en la literatura de ficción existen también relatos de grandes personalidades que resucitaron después de la muerte en tiempos antiguos, sus rostros narrados llevan a un conocimiento inexacto, pues no hay rastros objetivos para reconstruir sus rostros. Pero quedaron relatos que permiten deducir sus caras.

Sin embargo el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, en un arrebato místico para que Simón Bolívar se parezca a él, ordenó la exhumación de los restos mortales del Libertador y que fabricaran su rostro hipotético. Además, se investigara el homicidio cometido por la “burguesía” colombiana que, según Chávez, lo había envenenado. Chávez, un aprendiz de marxismo leninismo y un fanático de un bolivarismo a su manera chabacana, usa la categoría “burguesía” para calificar a unos criollos que poseían haciendas, otros eran funcionarios de la Corona y algunos comerciantes de raquíticos establecimientos. Pero esa es la profundidad conceptual del ideólogo del socialismo del siglo XXI. De la investigación ordenada por Chávez ha resultado un nuevo rostro y una conclusión no concordante con el dolo presunto atribuido a la “burguesía” colombiana en la muerte de Bolívar, nacido el 24 de julio de 1783 y bautizado como Simón José Antonio de la Santísima Trinidad, descendiente de otro Simón de Bolívar que en 1589 llegó a Venezuela, de origen vasco.

El nuevo rostro del Libertador, hecho al gusto del mestizaje ideológico del Presidente Chávez, contradice a los pintores que lo retrataron en vida. Es un instrumento de propaganda política en medio de la lucha electoral. Ahora habrá que esperar que en un decreto de “ordénese y cúmplase en el término de la distancia” todos los bustos, las estatuas ecuestres y pedestres y los rostros enmarcados del Libertador que están en cientos de municipios, cuarteles, escuelas, despachos judiciales y oficiales de Venezuela sean remplazados por el nuevo rostro, el divino rostro aprobado por el hijo “predilecto” de Simón Bolívar, Libertador de cinco repúblicas. ¡Lo que puede el “cáncer” del populismo dictatorial!

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