El optimismo por la paz

3 de septiembre del 2012

Es una paradoja. El pesimismo a veces se parece al optimismo. Y la moderación resulta ser la palabra mágica para acercarlos. Por ejemplo, el “pesimista moderado” se parece mucho al “optimista moderado” cuando se habla de paz. El escéptico abunda en las razones que nos alejan de la superación del conflicto, aunque sin negarse a […]

Es una paradoja. El pesimismo a veces se parece al optimismo. Y la moderación resulta ser la palabra mágica para acercarlos. Por ejemplo, el “pesimista moderado” se parece mucho al “optimista moderado” cuando se habla de paz. El escéptico abunda en las razones que nos alejan de la superación del conflicto, aunque sin negarse a un lejano éxito de unas eventuales negociaciones. En cambio, hay quienes no ocultan un entusiasmo inusitado con la apertura de los diálogos, aunque no olvidan los obstáculos que tendremos que sortear para un cierre negociado del conflicto.

Ese territorio común es una buena noticia. Quiere decir que en nuestro imaginario colectivo están presentes los reparos y amenazas que nos acechan a la hora de soñar con un proyecto de reconciliación. Que no queremos repetir errores. Porque tienen razón quienes nos recuerdan las equivocaciones del malogrado proceso del Caguán o de las cuestionadas negociaciones de Santa Fe de Ralito. Zonas de despeje territorial convertidas en santuarios de la ilegalidad son prácticamente inaceptables. Aciertan quienes nos advierten que agendas infinitas para condicionar un acuerdo de paz son un pretexto para eternizar la guerra.  Y también tienen razón quienes nos recuerdan la masacre de la Unión Patriótica. O el asesinato de Carlos Pizarro a escasos 40 días de su desmovilización y cuando su candidatura presidencial ganaba espacio. Porque una paz traicionada, ensangrentada por la intolerancia política o por la resistencia a los cambios de las élites tradicionales es una invitación a un nuevo ciclo de violencia. A un reciclaje de nuestras barbaries.

Hay razones para entusiasmarse con el proceso de paz que se avecina. La discrecionalidad de los contactos exploratorios entre Gobierno y Farc es una muestra de seriedad. La agenda que ha trascendido en los medios, si es cierta, coloca el acento en el problema agrario y la participación política, asuntos que explican el alzamiento armado de las guerrillas. Relevante que este proceso se abra paso en medio del compromiso del Gobierno con la Ley de Victimas y de Restitución de Tierras. Y que el narcotráfico, indiscutible combustible del conflicto, enfrente un ambiente de revisión de las políticas antidrogas en Colombia y el mundo.  Para nada es despreciable el respaldo unánime de la comunidad internacional como pieza clave para el éxito de las conversaciones. O la sorpresiva aceptación de más del 70% de la opinión registrada en las recientes encuestas.

Sería saludable un escenario similar con el ELN. Así lo ha propuesto con acierto el Presidente Santos. Y “Gabino”, el principal jefe de esta organización guerrillera, ha mostrado disposición para el diálogo. Muchas voces querrán un solo escenario de conversaciones con las Farc y el ELN. Y muchos quieren asiento en la mesa. Quizás sea mejor, así sea inicialmente, contar con procesos paralelos que atienda ritmos y particularidades. No olvidemos que nuestra paz exitosa, la de los noventas, fue parcelada y gradual. Ojalá que la negociación tenga la menor cantidad de ruidos externos posibles. Que no sea una pasarela,  ni un reality. Que la hagamos caso a nuestro pesimismo. O a nuestro optimismo “moderado”, que es lo mismo.

@AntonioSanguino

* Los comentarios, textos, investigaciones, reportajes, escritos y demás productos de los columnistas y colaboradores de Kienyke.com, no comprometen ni vinculan bajo ninguna responsabilidad a la sociedad comercial controlante del medio de comunicación, ni a su editor, toda vez que en el libre desarrollo de su profesión, pueden tener opiniones que no necesariamente están acorde a la política y posición del portal.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO