Cayó como una bendición el mecanismo acordado en los acuerdos de Paz de La Habana para lograr la elección de los magistrados de la Jurisdicción Especial para la Paz. Este era uno de los puntos que se esperaban con más expectativa y haberse resuelto de esta manera, tan salomónica, trajo tranquilidad y esperanza a la familia colombiana.
El Comité de escogencia de los magistrados está integrado por personas de excelentes calidades y condiciones y deben ser postuladas por Su Santidad el Papa Francisco, por el Secretario General de la Organización de Naciones Unidas –ONU-, Ban Ki Moon; por la Sala Penal de la Honorable Corte Suprema de Justicia; por el “Centro Internacional de Justicia Transicional – ICTJ “– y por la Comisión Permanente del Sistema Universitario Estatal –SUE-.
Debemos reconocer la agradable sorpresa que para nosotros significó el hecho de aparecer su Santidad el Papa Francisco, al frente de tan importante y vital acontecimiento para la Paz de los colombianos. Esto, sin lugar a dudas, es un mensaje cristiano de amor y fe, que envía Su Santidad a todas las familias colombianas, pero sobre todo a las que han sufrido violencia, persecución y muerte en los campos y pueblos de Colombia. Es hora entonces, que aquellas almas obstinadas y atormentadas por el deseo de continuar una guerra entre hermanos, hagan de verdad un alto en su obsesivo camino por la guerra y le brinden con verdadera generosidad cristiana la honrosa oportunidad al país de constituir un verdadero Tribunal de Paz, que sea ejemplo para todos los pueblos del mundo y donde nosotros podamos, al fin, cerrar el capítulo doloroso de la guerra y darnos el abrazo de hermanos, que nos debemos desde hace ya tanto tiempo.
Los honorables magistrados escogidos para integrar el “Tribunal Especial para la Paz”, serán los encargados de investigar, juzgar y sancionar a los autores de delitos graves, no amnistiables ni indultables como los de lesa humanidad, genocidio, tortura, ejecuciones extrajudiciales, desaparición forzada, acceso carnal, sustracción de menores, desplazamiento forzado, entre otros, así como garantizar que no haya impunidad. Se espera que a este Tribunal Especial acudan quienes participaron en delitos graves cometidos en el largo conflicto armado, ya sean guerrilleros, agentes del Estado y/o civiles, según la gravedad de los acontecimientos generados.
Hoy más nunca tenemos una profunda esperanza: vamos hacer realidad la Paz entre los colombianos. Ya en los campos y veredas donde antes imperaba la ley de la muerte hoy vemos a guerrilleros y soldados encontrándose y saludándose como corresponde a hermanos de una misma nación y de una misma sangre, sueño de Paz que estamos al borde de alcanzar hoy como nunca, realidad esperada que no podrán arrebatar nunca más los proclives a la guerra.
La familia colombiana tiene una deuda de agradecimiento con el Presidente Santos y con la dirigencia de las Farc, por el trabajo tesonero, la superación de todos los escollos y dificultades para el acercamiento como nación al fin de la violencia y la llegada de la Paz, bien vale la pena reconocer y valorar estos esfuerzos. De este modo, la lucha política continuará, las contradicciones entre distintos sectores políticos se expresarán, pero ya con la claridad de que nunca más se recurrirá a la lucha armada como medio para alcanzar objetivos sociales y/o ideológicos. Será en los espacios legales del debate y la discusión donde se construirá el fortalecimiento de la Constitución y la Ley, donde se expresen los amplios sectores poblacionales organizados para llenar los vacíos que nos ha dejado décadas de confrontación armada con una visión excluyente y elitista.
Solo me resta expresar los más profundos agradecimientos al Comité de escogencia de los magistrados: Su Santidad el Papa Francisco, quien en su bondadoso corazón ha reservado un lugar para pensar, trabajar y orar por el fin de la guerra y el inicio de la Paz; al Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon; a la Honorable Corte Suprema de Justicia; al Centro Internacional de Justicia Transicional-ICTJ- y al Sistema Universitario Estatal-SUE- por la disposición para poner su clarividencia, sentido de la equidad y responsabilidad al servicio de la Justicia transicional, y de este modo en su proceso de implementación articule dos condiciones: la ausencia de impunidad y con condiciones dignas de desarrollo y crecimiento humano para las personas juzgadas.
