El pitazo final de ‘El Chato’ Velásquez

1 de julio del 2017

“El Chato”se hizo famoso a través del ‘Rey’ Pelé, a quien expulsó de la cancha de El Campin, en Bogotá.

El pitazo final de ‘El  Chato’ Velásquez

Presintiendo que algunas veces le tocaría liarse a puñetazos, en los gramados de los estadios, con los jugadores que le faltaran al respeto, antes de entregarse por completo al arbitraje futbolero, Guillermo Velásquez, “El Chato”, probó suerte como boxeador aficionado, pero no tuvo éxito en los cuadriláteros.

Muy temprano entendió el pito pereirano que su futuro no estaba en los encordados, ni en las lonas que suelen besar los pugilistas perdedores sino en el fútbol profesional colombiano al que no había llegado todavía un juez con los pantalones cortos, pero bien amarrados, que no se dejara bravear de los futbolistas y obedecieran sus órdenes, sin chistar.

“El Chato” -–a quien La Parca le sacó tarjeta roja, en Medellín, a los 84 años, el  domingo último, a través de una penosa afección renal–  se hizo famoso a través del ‘Rey’ Pelé, a quien expulsó de la cancha de El Campin, en Bogotá´, el 17 de junio de 1968, y por cantarle la tabla, de frente, a los periodistas deportivos que criticaban, a través de la radio, sus decisiones arbitrales. En sus andanadas –que incluían amenazas de muchacho pendenciero de barriada– no faltaban los madrazos reglamentarios.

Una mañana lo vimos desde la esquina del desaparecido Café “El Polo”, del centro de Manizales, asomando su cabeza por la ventana de un bus de “Expreso Palmira”, para espetarle a todo pulmón este insulto a su crítico Carlos Antonio Vélez: “Candelo, ojo, que estás haciendo curso pa’muerto”. Y le sumó la palabrota “grande” por triplicado. Sin inmutarse, Vélez siguió su camino y el bus continuó su viaje a Pereira, llevándose al enardecido pasajero Velásquez.

De los intercambios de trompadas con futbolistas, en las canchas, se recuerda el que mantuvo con el argentino Alberto Castronovo, del Atlético Nacional, en el Nemesio Camacho, que describió en ameno palique radial con Hernán Peláez cuando ya el de cortos negros estaba en uso de buen retiro.

Las cifras del réferi que ahora descansa en paz, en el universo de los párpados cerrados: Obtuvo el cartón de árbitro en 1956, en la llamada Escuela de “Lagardere”, en su natal Pereira. Dirigió 776 partidos del fútbol profesional colombiano. Permaneció 35 años con el pito en la boca y las tarjetas (la roja y la amarilla)  siempre a la mano. Actuó en el memorable Mundial de México 70 y en cuatro Juegos Olímpicos. Se retiró en 1982 debido a sus achaques renales. Cuando vivió en Bogotá participaba en los “aquelarres etílicos” que ofrecía a sus mejores amigos José Luis Monsalve en su compra-venta “El Dandy”,  en el número 3–11, de la carrera décima. Allí, los hermanos Juan Harvey Caicedo y Antonio José Caballero, para hacerlo poner de mal humor, le decían que “Chato tenía dos madres: una, para llevar al estadio y otra en la casa, esperándolo”.

Algunos colegas que tuvo “El Chato” en el arbitraje colombiano: Mario Canessa, José A. Sundheim, “El Gallego” Lires López, Ovidio “El Sauce” Orrego, Gilberto Aristizábal Murcia, “Mecato”; Omar Delgado, Jesús Díaz, José Joaquín Torres, John Jairo Toro, Armando Pérez,  Osvaldo Sierra, Arturo Alarca, Enrique Rivillas y el precursor del oficio, en Medellín,  Joaquín Correa, “El Viejo Quin”, quien se dio el lujo de expulsar de la cancha al arrogante crack argentino Néstor Raúl Rossi, del encopetado Millonarios de entonces.

La apostilla: En su entorno familiar, “El Chato” Velásquez le ponía una dosis de buen humor a su trabajo arbitral. Un domingo en la noche, al regresar del estadio, su madre le pregunto: “Hola, mijo, cómo le fue”? Respuesta: “A mí, muy bien… A la que le fue muy mal, en el partido, fue a usted, mami”…

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