Estimada

Estimada

14 de Septiembre del 2016

Señora Michelle Obama

Primera Dama de los Estados Unidos de América

Muy respetuosamente me dirijo a usted para trasmitirle unas inquietudes que se muy bien, serán de todo su interés. Colombia está viviendo un proceso sumamente arriesgado que puede llegar a desencadenar una situación incontrolable, con la próxima aplicación de las 297 páginas de los acuerdos de paz que se firmarán el 26 de septiembre en Cartagena y que serán llevados a plebiscito el 2 de octubre.

El clima festivo que ha impuesto el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, pretende ocultar muchos delitos de lesa humanidad que quedarán impunes. Dentro de ellos hay uno que es de la mayor gravedad, se trata del cometido contra los niños secuestrados, esclavizados, abusados y maltratados por los narcoterroristas de la FARC.

Conociendo su inmensa preocupación por las 276 niñas secuestradas por Boko Haram, acudo a Ud. para rogarle que ponga su mirada en el caso de los miles de niños que mantiene la FARC en sus filas en estado de esclavitud sin dar muestras claras de su intención de devolverlos, a pesar de estar firmando un acuerdo de paz con el presidente Santos.

Las peores formas de trabajo infantil condenadas por la OIT son a las que obligan la FARC a nuestros niños: la esclavitud, la condición de siervos, el trabajo forzoso, el reclutamiento para la guerra, la utilización, la prostitución, la realización de actividades ilícitas, la producción y el tráfico de estupefacientes y otros trabajos que dañan la salud física y mental de estos pequeños.

Han sido en su mayoría niños arrebatados de sus casa. Esto ha causado, para colmo de males, desplazamientos de familias enteras debido al temor de que los terroristas regresen por sus hermanitos.

Han sido violados para luego disponer de ellos como “objetos” sexuales; les han colocado un fusil al hombro y los han puesto de “punteros” para que en caso de enfrentamiento sean los primeros en caer o para que sean quienes se expongan a pisar una mina antipersonal; los encargan de activar las minas quiebrapatas porque sus pequeñas manos son las más indicadas para esa peligrosa labor y porque así , en caso de que explote, no poner en riesgo a un miliciano entrenado; los desnudan y los obligan a ser “pies suaves” para atacar al ejercito; les obligan también  a olvidar a sus padres y hermanos y les arrebatan hasta el propio nombre y los envían en misiones de infiltración porque un niño fácilmente se camufla. Esto y muchas otras atrocidades se cometen en este momento con miles de niños y, lo que debería causar la mayor indignación del mundo civilizado, esta siendo ocultado para complacer a los criminales cabecillas de ese grupo terrorista que pretende llegar al poder por medio de unos acuerdos realizados con Santos a espaldas del pueblo colombiano y con el vergonzoso aplauso de la comunidad internacional.

Tenemos un temor muy grande por el riesgo que están corriendo los niños que la FARC va a “desaparecer” y por los niños que han sido abandonados en cualquier parte o enviados a sus casas, sin ninguna seguridad, para así mantenerlos lejos de los campamentos de los terroristas en caso de que lleguen las organizaciones verificadoras.

Otro motivo de dolor es el de los niños asesinados por la FARC de quienes sus familias no saben nada. Considero que se les ha negado el derecho de saber de ellos y el de recobrar sus cuerpos para darles digna sepultura.

Considero que cualquier acción que se realice por la protección de los niños debe ser inmediata. Por mi parte exijo que no se firmen los acuerdos en Cartagena el 26 de este mes si la FARC no ha devuelto para esa fecha a la totalidad de los niños.

Le ruego su apoyo a esta causa. Dejar las cosas como están sin exigir el retorno de los niños condenándolos al olvido y al abandono, será motivo de vergüenza para la humanidad entera y así quedará registrado en la historia.

Atentamente,

Carlos Salas

Pintor

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