La biblioteca de los libros rechazados

La biblioteca de los libros rechazados

29 de Julio del 2017

“Llega una edad en que la urgencia impide rechazar el placer”

David Foenkinos

Nos sorprende nuevamente el escritor francés David Foenkinos (París, 1974) con su nueva novela “La biblioteca de los libros rechazados”, después de habernos gratamente entretenido con sus más connotados éxitos: “La delicadeza” y “Estoy mucho mejor”; de ellos hemos dado parte en esta columna. En este nuevo libro, y fiel a su estilo, se explaya el escritor en situaciones inéditas, humor y escritura agradable; para leer de un solo tiro. En esta ocasión sitúa el contexto narrativo en el mundo editorial, particularmente entre quienes deciden qué libros deben ser publicados, puestos en manos del gran público; dura labor que debe mezclar interés y calidad del libro con el aspecto comercial. Este último elemento de valoración, por infortunio, es preponderante.

¿Cuántos títulos vemos en las librerías y cuya única explicación de publicación es entendible solamente por el nombre del autor y el impacto comercial que puede tener? Gran responsabilidad para quienes detienen este llamativo trabajo de selección, ¿cómo buscar un equilibrio sensato entre calidad y negocio, sin perderse en las cajas registradoras? Porque independientemente de todo, el fin último es dar a conocer títulos que enriquezcan a los lectores, que incrementan la cultura, que robustezcan la neurona. Crucial disyuntiva no siempre bien entendida por quienes sólo piensan en dinero, en detrimento de la ilustración. Gran aprieto y perjuicio causan a la sociedad quienes consideran que cultura es sinónimo de negocio; bien nos lo advierte Vargas Llosa en su estupendo ensayo “La civilización del espectáculo”.

La acción del libro, sencilla de principio va complicándose hasta adquirir carices de Thriller. Una editora de la prestigiosa casa editorial Grasset descubre en Crozon, un pequeño pueblo de la Bretaña francesa, una biblioteca que alguien ya fallecido, especializó en la recopilación de libros que han sido rechazados por las editoriales, aquellos que no han pasado el filtro implacable de los jueces de las editoriales y que en lugar de reposar en las calendas del olvido son almacenados en estanterías de aquella peculiar biblioteca, en donde tampoco son leídos, en donde tan sólo son archivados para sosiego consolador de los escritores desdeñados. Un noble propósito, extravagante ha de decirse, pero que deja la posibilidad de que alguien, algún día pueda leerlos; improbable, pero más esperanzador que el confinarlos en los anaqueles personales de quienes los escriben y recluyen en el purgatorio del anonimato después de tanto esfuerzo.

Valga la pena decir que un libro puede ser bueno, malo o regular, pero difícil es negar la gran cantidad de trabajo invertido por el escritor en su elaboración, triste es verlo luego relegado al olvido y sin conocer lector; una virginidad dolorosa. Foenkinos rescata en esta novela la idea de que un escritor, así afirme lo contrario, escribe para ser leído, no lo hace para su colección personal, para su biblioteca privada. “¿Quién podría creer a los que dicen que escriben para sí mismos? Las palabras siempre tienen una meta, buscan la mirada ajena. Escribir para uno mismo sería como hacer equipaje para no marcharse”. Grandes son las desventuras, congojas y frustraciones de los escritores que no logran publicar sus escritos.

Asimismo da Foenkinos posibilidades de lectura y gradúa de lector a cada persona: “A todo el mundo le puede encantar leer si se cumple la condición de tener en las manos la novela adecuada, la que nos va a gustar, la que nos va a decir algo y que no podremos soltar”.

La biblioteca de los libros rechazados - carátula

Intenta, entonces, este libro responder a la doble pregunta: por qué escriben las personas y por qué leen un libro los lectores; para los primeros asienta explicación en la necesidad, aun no confesa, de encontrar quien los lea, y para los segundos porque considera que el acto de lectura es egótico, el lector busca inconscientemente lo que le dice algo sobre él mismo, aquello que es afín a su manera de pensar. ¿Estaremos condenados a desatender, aun en lectura, aquello con lo cual divergimos? ¿Nuestras lecturas son sólo reafirmación de nuestra personalidad e ideología? Interesante reflexión.

Allí a Crozon, a ese pueblo, de donde es oriunda la editora llega esta de vacaciones con su novio escritor, y descubren en esa biblioteca del olvido un libro desconocido que los deja sorprendidos por su calidad, su contenido y narrativa. El libro encontrado tiene como autor a un tal Henri Pick ya fallecido y quien averiguaciones hechas fue propietario de una pizzería a la que dedicó toda su vida; al indagar con su ahora octogenaria viuda descubren con sorpresa que ella no estaba al corriente de la escritura de este libro y que es difícil atribuirle su autoría dado que este pizzero no fue alguien aficionado al mundo de las letras, y sin tiempo para escribir ni pasión por la lectura. Ahí nace el suspenso.

Empecinada la editora con este libro descubierto lo lanza con bombos y platillos, y mediante un vasto plan de mercadeo hace que el libro se convierta en rotundo éxito de ventas. La trama de la novela de Foenkinos sitúa entonces su acción entre este éxito y la autoría del libro. Aprovecha el escritor para introducir personajes que desarrolla con gran detalle, muy particularmente en sus aspectos amorosos; tienen ellos en común sus dificultades amatorias, sus conflictos y carencias para conformar una pareja y aún cuando se unen en pareja, las enormes dificultades para mantenerla; es decir, aborda la gran complicación humana para relacionarse, para convivir en pareja, para poner de acuerdo dos deseos, dos mentalidades, dos objetivos a menudo diferentes. Es esta la problemática que interesa y que desarrolla Foenkinos, tal vez su obsesión, dada la recurrencia del tema a lo largo de su obra: la gran dificultad humana para establecerse en pareja y más aún en el mundo contemporáneo.

En este libro, Foenkinos, se da a la citación numerosa de escritores, cineastas, artistas y personajes políticos, en particular franceses; en sus páginas vemos pasearse a Houellebecq, Bolaño, García Márquez, Laurent Ninet, Herman Melville, Pushkin, Sartre, Gide, Salinger, Pynchon, Julien Gracq, Françoise Sagan, Musil, Borges, Cortazar e tutti quantti. No les asigna rol especial, a pesar de que en ocasiones los pone a opinar, de manera jocosa en general. Hace también un recuento a título justificatorio y tal vez de exorcismo de aquellos escritores conocidos a quienes los editores les han negado de inicio su publicación, mención especial da a Proust, uno de los grandes de la literatura francesa que por poco se queda en la biblioteca de los libros rechazados.

Da alegría leer un libro que guste y por tanto me permito hablar de él y de recomendarlo. En contraste con mis últimas lecturas que aquí me contento con citar: “Toño Ciruelo”: ¿Cómo puede el gran Evelio Rosero permitirse este escrito oscilante entre el aburrimiento y lo grotesco? “El Monarca de las sombras”, el último de Javier Cercas, un déjà vu letárgico y repetitivo. “Los días de Jesús en la escuela” de Coetzee, a mejor nos tiene acostumbrados este estupendo Nóbel que aquí se presenta monótono y pueril. En cambio vale la pena el último de Gonzalo Mallarino “Canción de dos mujeres”: conciso, interesante, poético, breve.

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