La confianza

La confianza

11 de septiembre del 2018

La confianza es el activo más importante de una sociedad. Confiar en el gobierno, la justicia, la prensa, en la policía, en el vecino o en la palabra empeñada es algo fundamental. Cuando hay confianza las instituciones funcionan. Los procesos se llevan a cabo normalmente pues las reglas se cumplen como previsto. Nada es más perturbador que la ruptura de la confianza. Perderla implica recurrir a abogados, tomar precauciones, exigir pólizas, demandar y solicitar seguros.

El costo de la ruptura de la confianza es enorme en términos económicos. Por ello la importancia que tiene para una política económica poder inspirarla en las medidas y la voluntad del gobierno. Sin confianza no hay inversión ni ahorro y por lo tanto es muy difícil el crecimiento. El futuro es una construcción mental que depende de si creemos que mañana será mejor o peor. Cuando tenemos visiones negativas sobre el futuro todo es más difícil y resulta necesario superar el pesimismo y las dudas.

En Colombia es muy difícil confiar. Desde el celador pasando por el compañero de trabajo, el político, el juez o el periodista todos tienen agenda propia y están dispuestos a engañar a su prójimo si ello les conviene. La transparencia de la palabra o del acto parece no existir. Todos tenemos una segunda intención y por lo tanto es necesario rodearnos de un máximo de precauciones para intentar evitar las consecuencias del engaño. Por ello ser co-deudor en nuestro país es una soberana estupidez pues es jugar a la ruleta rusa. La posibilidad de ser engañado por un vivo es enorme. 

Cuando la desconfianza se instala, es muy difícil recuperarla. La sospecha y la inseguridad resultante es una sombra que siempre planea y que dificulta las relaciones, los negocios y la vida en común. En las sociedades desarrolladas la verdad es el valor esencial. Mentir es una falta grave pues implica que la persona no es confiable. De ahí que en esas sociedades el perjurio sea un delito castigado con mucha severidad. Si un testigo miente, si un abogado no le dice la verdad a su cliente, si un banquero no advierte a su inversionista o un profesional falta a su deber de decir de la verdad, la sanción es gravísima.

En Colombia la mentira es la norma desde los testigos pasando por los policías, los políticos, los gobernantes, el carpintero, el plomero, el mecánico, los empleados e incluso los que uno considera sus amigos.

Sin confianza no es posible la paz. Así de simple.

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