La corrupción en sus justas proporciones

24 de mayo del 2011

El concepto y modelo de Estado que tenemos está basado en los fundamentos mismos del capitalismo –ánimo de lucro, competencia, egoísmo individual-, exacerbado o adicionado con el aporte neoliberal de reducir la intervención del Estado y dejar que el mercado controle y regule las relaciones económicas.

La Ley 100, desde la misma propuesta y las ponencias presentadas fue objeto de toda clase de controversias, y más exactamente de descalificaciones por todos los sectores afectados o interesados en el tema. Los médicos en la Federación Médica Colombiana o en la Academia Nacional de Medicina, los usuarios, las mismas entidades prestadoras de los servicios, etc. señalaron las deficiencias y los peligros del sistema. Pocas o ninguna ley a lo largo de su vigencia ha generado tal unanimidad sobre la necesidad de corregirla, y sin embargo siempre se quedó en propuestas, excepto la reforma por la Ley 1122 de 2007 que a todas luces, o por lo menos a las luces de todos los sectores involucrados, fue incompleta, insuficiente, y no respondió a lo que se necesitaba.

Estas dos condiciones –el contexto de competencia capitalista, y las deficiencias del sistema que se montó- hacían inevitable lo que ahora confirmamos que sucedió.

Dentro de este panorama, quienes hoy son señalados como chivos expiatorios no son la mata de la corrupción sino más bien los implementadores de la maquinaria montada, los actores que siguieron el guion de una pieza ya escrita.

La pretensión es que ‘por ética’ no se debían aprovechar las oportunidades de beneficios ‘anormales’  que permitía el sistema. Y eso es verdad, y probablemente se les puede cuestionar por eso; pero el funcionamiento legal de la sociedad se rige es por el derecho positivo y no por las virtudes de los individuos. (Es interesante como la visión sajona –en contraste con la nuestra- considera que quienes encuentran vacíos o deficiencias en la ley y los aprovechan no solo tienen derecho a ello sino son aplaudidos porque además contribuyen a perfeccionar las leyes al detectar sus fallas).

Seguramente hay causas adicionales para los cargos que hoy se imputan, y seguramente algunos casos de franco delito los hay. Pero lo que se está alborotando por los medios, es decir, lo que hasta el momento se conoce, es más ruido –escándalo para competir por el rating- que ‘corrupción’.

Si en su momento el anterior gobierno no consideró conveniente poner topes a los medicamentos, o prohibir la integración vertical, o determinar los POS y los no POS en forma indiscutible, lo previsible era que esas entidades aprovecharan esos resquicios en su ánimo de crecer, de competir, de ganar. O si la tramitología oficial demoraba y obstaculizaba los cobros era lógico e inevitable que se formara una estructura de intermediarios para adelantar esa gestión.

Repito: no significa eso ni que no hubo delitos, ni que quienes sin sentirse delincuentes -sino  solo habilidosos empresarios- no hayan podido hacer algo indebido.

Pero los billones de que se habla no pudieron pasar a sus manos; las personas que hicieron negocios privados con ellos (v. gr. Comprar casa en Villa Valeria) no son cómplices o sobornados, o extorsionados para tener esa relación; los recursos están en manos de esas Empresas Prestadoras de Salud, y si bien puede haberse distraído alguna proporción para propósitos diferentes, la inmensa mayoría están en clínicas, proveedores de servicios, etc., es decir dentro del sistema y como parte del sector salud. Es más, podrían pasar en su totalidad al Estado para cumplir esa función, si se decidiera por definir de una vez por todas que ese es un servicio social y no un negocio.

Los medios de comunicación nos han inducido a ver brujas, mafias y malandrines por todas partes –porque de eso viven ellos- pero es hora de darle otro sentido a la famosa frase del Presidente Turbay y “reducir la corrupción a sus verdaderas proporciones”.

P.D. Nadie volvió a mencionar o interesarse por la suerte de los retenidos por la guerrilla, a comenzar por el Presidente y el Gobierno que parecen haberse olvidado de su existencia.

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