La dictadura de la minorías

Lun, 15/08/2016 - 15:33
La democracia es el gobierno de la mitad más uno de las opiniones pero ha evolucionado a uno más elaborado en el que, además del gobierno de la mayoría, se exige la protección de las minorías. E
La democracia es el gobierno de la mitad más uno de las opiniones pero ha evolucionado a uno más elaborado en el que, además del gobierno de la mayoría, se exige la protección de las minorías. En otras palabras, las mayorías tienen que respetar los derechos fundamentales de los opositores pues la democracia sin pluralismo no es democracia. Como es evidente, el debate ideológico ha deformado este sano principio. Colombia es un buen ejemplo de ello. En una democracia donde todo el poder se concentra en la presidencia, y el presidente es autócrata, todo queda desbalanceado. El ejecutivo manda despedir periodistas, ordena callar a los gremios, presiona la justicia, ignora a la oposición parlamentaria y amenaza a los que se le enfrentan. Las minorías no tienen ningún derecho. Hasta el día que las mayorías están en contra de gobierno… Un excelente ejemplo es la reciente crisis en el tema educativo. La ministra Gina Parodi, una mujer inestable e inmadura, cree que su muy respetable opción de vida debe convertirse en una política de estado. Decide, de forma ladina y tangencial, desarrollar un programa de ideología de género disfrazado de formación en tolerancia. En un país como Colombia, donde la familia es la única institución que medio sobrevive, los padres de familia reaccionaron negativamente. La ministra miente, acusa a los padres de familia de politiqueros, a la Iglesia de intervenir en asuntos de política para luego tragarse el sapo afirmando que es una católica practicante y respetuosa de las opciones de formación de los padres. Es el claro ejemplo de una minoría que intenta imponerle a la mayoría su marco de valores para luego recular cuando su estrategia fracasa. Las minorías hay que protegerlas y respetarlas. Pero mientras estemos en democracia, las minorías, por iluminadas que se crean, no pueden imponerse a las mayorías. Lo más odioso de la actitud de la ministra es su íntima convicción de que su visión de la vida y de la ética es “superior” a la de los padres que es, por definición, “obsoleta y retrógrada”. Nada es más dictatorial que esa creencia de la minorías liberales bien entronizados en los medios, círculos académicos y los orientadores de opinión de que ellos encarnan el progreso y lo que es deseable para la sociedad en su conjunto. La dictadura de las mayorías es peligrosa para las libertades. Pero la dictadura de las minorías es la señal más evidente del camino al totalitarismo.
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