La fuerza medicinal de la naturaleza

15 de enero del 2011

Trataré con perdón de ustedes un tema que irrita a muchas personas con quienes lo he discutido: médicos naturistas, médicos no naturistas (si eso existe), alguno de mis parientes y quizás molestaría al mismo Claudio Galeno.  ¿Es siempre confiable el poder medicinal de la naturaleza?

La BBC reportó el 23 de diciembre pasado en su portal de noticias un estudio de Australia publicado en Archives of Disease in Childhood que recoge 39 casos en dos años de incidentes adversos asociados al uso de distintas medicinas alternativas en pediatría.

Es evidente que todo tratamiento médico tiene riesgos y probablemente son muchas más en número las complicaciones asociadas a la medicina y cirugía convencional (frecuentemente por automedicación, errores en dosificación o confusión de pacientes en el ambiente despersonalizado de muchos hospitales).  Pero el reporte australiano destaca dos características de los efectos adversos del uso de medicinas alternativas en niños.

Primero, un grupo importante (17 casos, con 4 desenlaces fatales) se debía al no uso de apropiados y probados tratamientos convencionales por escoger los padres tratamientos de medicina alternativa.

Y segundo (citando a los investigadores) los padres frecuentemente pensaban que los “remedios” alternativos por ser “naturales” tenían menos efectos secundarios que los convencionales.  Hay como una fe ciega en la bondad de lo natural.   Así pues conviene preguntarnos ¿es siempre benéfico el efecto médico de lo que llamamos natural?

En la historia de las ideas médicas el poder medicinal de la naturaleza se llama “vis medicatrix naturae” desde la medicina greco-latina.  Podemos imaginar cómo los médicos de la antigüedad llegaron a esa idea: los pacientes agudamente enfermos sudan, vomitan, tienen diarrea-dice el historiador de la medicina Bynum en un artículo de Nature- y los médicos hipocrático-galénicos veían en esos síntomas un maravilloso mecanismo innato para restaurar el equilibrio de los humores y la salud del organismo.  No hay duda que la evolución biológica ha llevado al desarrollo de estrategias fisiológicas para mantener la homeostasis del organismo y en ese sentido la naturaleza intenta normalizarse por sí misma.

Pero pasar de allí a suponer que hay una fuerza benéfica inherente en todo lo “natural” es ir más allá de la evidencia científica.  Personalmente considero que fácilmente se cae en una idolatría de la diosa Natura.  Y hablo de idolatría siguiendo al médico renacentista Fernel, quien se cuenta evitaba encontrarse con Nostradamus en la corte francesa y se preguntaba en uno de sus libros: “¿A qué se llama natural? ¿Acaso hay alguien que haya podido ver alguna vez la naturaleza y la haya tenido entre sus manos?”.  En medicina hay que tener cuidado con dioses falsos e ideas infalibles.  El conocimiento médico no es doctrina ni ideología ni fe ciega, es antes que nada pensamiento pragmático al servicio del hombre que sufre.

El presidente Obama firmó una orden ejecutiva (la #13544 de junio 10, 2010) que permitiría en los EEUU, después de revisión por la CDC de Atlanta y el Depto. de Salud y Servicios Humanos, declarar ilegales algunos suplementos vitamínicos y terapias alternativas que no comprueben su seguridad y utilidad clínica en estudios controlados.

Por supuesto hay voces de protesta ante esta iniciativa con el argumento que se vulnera la libertad individual para escoger el tratamiento médico que uno quiera.  Y la industria y comercio de medicamentos no convencionales ha sostenido que esa iniciativa legal la coloca en manos del “establishment” médico y los grandes laboratorios farmacológicos, quienes apoyarían la aprobación de sus drogas y tratamientos con investigaciones generosamente financiadas.

Es pues una medida polémica que abre la discusión sobre la libertad del paciente para escoger su opción terapéutica preferida.  Un paciente adulto, responsable y bien informado (este es el quid de la cuestión) puede hacer esa decisión.  Pero es más difícil sostener la legalidad de imponer terapias no convencionales o sin investigación clínica apropiada en pacientes menores de edad o incapacitados.

Esta situación lleva a una incómoda discusión entre médicos naturistas y “no-naturistas”.  Pongo entre comillas la segunda categoría porque no creo que haya ningún médico opuesto al poder medicinal de la naturaleza.  Pero una cosa es confiar en la naturaleza, “servidor” o aliado de ella debe ser el médico decían los antiguos, y otra cosa es depender y esclavizarse de una visión particular de la naturaleza.  Lo natural es generalmente bueno mas muchas veces no es suficiente para aliviar el sufrimiento que llamamos enfermedad.  Y el médico debe privilegiar el cuidado de su paciente, prójimo que sufre, hasta por encima de sus propias y entrañables teorías.

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