La ilusión de las elecciones

16 de marzo del 2014

“El llamado triunfo del movimiento uribista no hará ninguna diferencia.”

Claudia López dice que la sociedad está cansada del Congreso. Pero los resultados de las elecciones del pasado domingo parecen demostrar lo contrario.

Si tal cansancio fuera cierto, los 18 millones y medio de ciudadanos que no votan serían muchos menos. Y Los 14 millones que sí, votarían distinto a como lo hacen.

Sociedad rara la colombiana. El rechazo que manifiesta por las condiciones de vida de grandes grupos poblacionales, como el evidenciado en los paros campesinos, no se traduce en las urnas. La indignación y el menosprecio a los que vive sometida la mayoría de la gente con el sistema de salud, tampoco pasa cuenta de cobro el día de las elecciones. El vigor y la autonomía de las marchas estudiantiles en contra de la ley de la ganancia a la que el gobierno y sus apoyos políticos incondicionales tienen pensado someter a la educación superior, también se esfuman cuando están ante la oportunidad de sumar muchos votos.

Triste pero evidente. En lugar de votar por quienes se enfrentan a esos políticos tradicionales que no responden a sus necesidades, hacen colas frente a las urnas para depositar su voto por estos últimos.

Es lo que se repitió el pasado 9 de marzo. Esa gran mayoría de los 14 millones de votantes eligieron y reeligieron a quienes acolitan las decisiones gubernamentales de los últimos treinta años, que sacan a los campesinos del juego económico, nos tienen ante un deshumanizado sistema de salud y pretenden poner a la educación en el juego del mercado, amén de otras perlas. Problemáticas todas consecuencia de un modelo económico del que la mayoría de esos acolitantes, elegidos y reelegidos, nos echan un cuento incompleto.  El cuento incompleto de un éxito económico que no es del país sino de la inversión extranjera y el gran capital. Éxito a la vista de todos, basado en favorecimientos impositivos en muchos casos, y en las múltiples formas de abuso permitidas, con usuarios, consumidores, trabajadores y comunidades. Éxito que se descara en el desangre al que los bancos someten a la población sin que las fuerzas políticas tradicionales hagan algo, o hayan propuesto algo, para ponerle fin. Éxito que paradójicamente resulta esquivo a la industria y la agricultura nacional, en virtud de las desventajas consagradas en varios de los TLC aprobados. Éxito apoyado por elegidos y reelegidos que creen en el tipo de mejora en los índices de empleo que esta forma de economía reporta, sin reparar en la lentitud de esos avances, los bajos salarios y la informalidad que le son connaturales. Logros que, por ejemplo, ocultan la cruda realidad de una población de 21 millones de empleados, de los cuales sólo 7 millones aportan a pensión.

De verdad, como si nada de eso contara, con su voto de hace ocho días, lo que hicieron los colombianos fue limitarse a reajustar la representación congresional entre los mismos actores. Lo que equivale a decir que, desde el punto de vista de las necesidades, aquí aludidas, el llamado triunfo del movimiento uribista no hará ninguna diferencia. Este no es más que la habilitación ya en curules de otra de las fuerzas políticas, contentas con un modelo económico que es ventajoso para unos pocos y desventajoso para la gran mayoría. Así las cosas, el Centro Democrático de Uribe con sus 31 curules, y las fuerzas de la Unidad Nacional que respaldan al gobierno (con su 90 por ciento del poder en el Congreso), continuarán defendiendo esa forma de economía centrada en los renglones que no van a traer el desarrollo, que opera a sus anchas, que no está concebida para redistribuir riqueza y que recrudece la desigualdad entre los colombianos. Lo dicho; lo que hicieron los colombianos fue consolidar esas fuerzas que no les van a ayudar a resolver desde el Congreso esas necesidades.

Por si hubiera ciudadanos entre los 14 millones de votantes para los que ese tipo de necesidades es determinante a la hora de votar, estos deberían contarse en mayor número dentro del voto de opinión. Pero tampoco; ese grupo sigue siendo minoritario. Se reparte básicamente entre algunos candidatos del Polo Democrático y de la Alianza Verde. Jorge robledo y Claudia López son sus abanderados. De ahí en adelante, es poco lo que se puede contar.

En las presidenciales estamos abocados a que ocurra lo mismo. Los llamados a disputar con más posibilidades la jefatura del Estado, comparten la misma visión de las fuerzas mayoritarias que conforman el nuevo Congreso. Nada les importa que el gran capital y sus inversiones tengan éxito mediante el abuso. Santos y los partidos que lo respaldan, con su cuento de la paz, pasan de agache las privaciones que para la mayoría representa la apertura sin freno al gran capital. Cabe la pregunta ¿Con tales privaciones, a qué tipo de paz le apuntan? Ahora, con su eslogan reeleccionista el presidente candidato viene a decirnos que “queda mucho por hacer”. Claro, con el modelo del libre mercado siempre quedará mucho por hacer, pues a los pobres sólo les deja la opción de la asistencia social. En fin, maravilla de exotismo de país el que tenemos, en donde las necesidades apremiantes de la gente no deciden su voto. Vaga ilusión la de las elecciones.

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