La mechita

Mar, 22/11/2011 - 09:02
A los cuatro años de edad me convertí en hincha furibundo del América de Cali. Iba al estadio al menos una vez por semana y me comía dos barras de Halls rojos en no

A los cuatro años de edad me convertí en hincha furibundo del América de Cali. Iba al estadio al menos una vez por semana y me comía dos barras de Halls rojos en noventa minutos. Lloraba cuando el viejo Willington no era inicialista, me emocionaba cuando Battaglia se preparaba para cobrar un tiro libre y cantaba efusivamente el himno del Valle del Cauca, hasta que decidieron que debía sonar “el de la caleñidad”, es decir, el de Cali, una ciudad donde el “Estado de Naturaleza” es el de todos contra todos. (Hobbes)

Por mis ojos pasaron Falcioni, Gareca, el ´Pipa´ de Ávila y Bermúdez, cuando todavía no era el ´Patrón´ ¡y cómo sufríamos cuando era el último hombre y tenía el balón en sus pies! También recuerdo a Rincón, a Lozano y a Pimentel, que casi siempre salía aplaudido cuando recibía una tarjeta roja. O cómo olvidar al ´Genio del Barrio Obrero´ (Alex Escobar), y al que cariñosamente le llamábamos el ´paticortico´, me refiero a Wilmer Cabrera, entre tantos otros, porque me sería imposible nombrarlos a todos.

Era un equipo lleno de ídolos, dirigido por el médico Ochoa Uribe, un técnico que privilegiaba los resultados sobre el espectáculo o el “jogo bonito” y que tenía la autoridad para incluso a veces ser antipático con la prensa deportiva.

El Pascual Guerrero era un verdadero fortín y casi todos los equipos sentían miedo cuando saltaban a la grama y eran recibidos por una constelación de estrellas, que los arrinconaba durante casi todo el partido pero que luego nos hacían llorar como niños chiquitos, perdiendo cuatro finales de la Copa Libertadores, dicen que por culpa de ´la maldición del garabato´.

Hasta se alcanzó a decir que la maldición se debía por llevar al diablo en un escudo lleno de estrellas y que cada vez que América se coronaba campeón, el diablo se aparecía en Juanchito, bailando salsa en las proximidades de la discoteca Changó.

Lo cierto es que la maldición se llama la Lista Clinton, un infierno donde los que entran casi nunca pueden volver a salir. Allí, la muerte es civil y comercial, atacando la cartera de bienes extranjeros donde hayan tenido intereses, en este caso, narcotraficantes como los Rodríguez Orejuela. Y a pesar de toda la ayuda del alcalde Ospina, del exgobernador Abadía y del gobierno nacional, América de Cali va rumbo a la B, sino gana en 180 minutos el partido de la promoción.

En otras palabras, la crisis es tan profunda, que América ya no disputa las finales de la Liga Postobón como debería, sino que colgando de un hilo, intenta mantenerse en la primera división del fútbol colombiano para no descender como el histórico River Plate de Argentina.

América volvió a ser la mechita, mechita larga para los que tienen mechita corta y mechita corta para los que tienen mechita larga. Y sin conocer los pormenores de su dirigencia o junta directiva, pareciera que la ´pasión de un pueblo´, ya ni siquiera depende del acompañamiento solidario de su hinchada…

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