La muerte biológica de Jesús

20 de abril del 2011

En estos días la mayoría de los cristianos del mundo conmemoran  la primera y fundamental afirmación del cristianismo: Jesús vive.  Su testimonio escrito más antiguo es de Pablo en una carta a la comunidad cristiana de Corinto, Grecia, algo más de veinte años después de la muerte de Jesús: “Ante todo, les he transmitido lo que yo mismo había recibido: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras” (1 Co 15, 3-4).

Entonces alrededor del año 57 A. D. ya era una fórmula conocida y esencial de fe cristiana: Jesús murió en cruz, fué sepultado y vive.  Pero en ninguno de los documentos paulinos se relatan las circunstancias exactas de la muerte de Jesús.  Estos detalles se  nos dan en los evangelios, el primero de Marcos y luego los otros, todos posteriores a Pablo y escritos desde los años sesenta hasta los noventa del primer siglo de nuestra era.  Intentaremos explicar algunos datos médicos del relato sin contradecir o declarar ficticia aquella primera afirmación de fe. ¿Cómo pues imaginamos la muerte biológica de Jesús?

Primero, ¿Jesús fue en verdad crucificado? y  ¿cuándo?  De que murió en la cruz no hay mayores dudas.  El Jesús Seminar no duda en afirmar la verdad histórica de que Jesús fue crucificado.  Ellos son expertos reconocidos en los problemas del Jesús histórico que se reúnen periódicamente para con la mayor seriedad y método votar sobre la historicidad de los hechos y palabras de Jesús.  La mayoría de los expertos concuerdan también en afirmar que esto ocurrió un viernes de abril, quizás el 7, del año 30.

De ahí en adelante casi todo es discutible y podemos adelantar diversas interpretaciones sin que se conozca la verdad completa y precisa de los hechos de la pasión y muerte de Jesús.  Los detalles fueron interpretados simbólicamente desde un comienzo.  Pero, ¿son falsos, o podemos reconocer en ellos la manera de morir real y física de un crucificado cualquiera de aquellos tiempos?

Porque el morir en la cruz en tiempos del Imperio Romano era un espectáculo popular y conocido.  Jesús no fue sino otro de los muchos crucificados del primer siglo.  Todo el mundo entonces sabía cómo moría un crucificado, los evangelistas no podían inventar el libreto. Los romanos convirtieron la crucifixión en un “happening” para castigar la rebeldía y traición de esclavos y criminales.

Jesús es colgado de la cruz a las nueve de la mañana según Marcos, el evangelio más antiguo.  Los únicos restos de un crucificado que se han excavado en Palestina muestran que se amarraban los brazos al madero horizontal y se clavaban ambos pies a lado y lado del soporte vertical.  Se elevaba el crucificado sobre el suelo pero no mucho para que su cadáver, dejado allí por días y semanas, fuera devorado por aves de rapiña y perros asilvestrados.  Por ello, y también por vergüenza de familiares y compañeros, no hay muchas tumbas de crucificados.

Jesús es torturado por seis horas hasta la hora nona.  Muy probablemente murió asfixiado por fatiga del diafragma, músculos pectorales e intercostales.  Además seguramente se deshidrató por sudoración y entró en choque hipovolémico por la sangre perdida desde la flagelación antes de ser crucificado.

Los romanos eran expertos en prolongar la tortura, pero no tanto.  Para enseñar sin aburrir a la concurrencia me imagino.  Se le brinda vino mezclado con mirra como analgésico que Jesús rechaza.  Luego dice claramente tener sed.  Esta frase se ha cargado de simbolismo teológico pero lo más probable es que deshidratado y con pérdida de sangre tuviera verdaderamente mucha sed.

Al final los romanos rompen las piernas a quienes fueron crucificados con Jesús.  Casi siempre, por espectáculo, eran grupos de condenados a las puertas de la ciudad.  Esto curiosamente es una maniobra de piedad para acelerar la muerte pues el crucificado no puede sostener su peso y se asfixia más rápidamente.  O sufre una embolia grasa fulminante.

Al llegar a Jesús lo encuentran muerto y un soldado para asegurarse lo hiere en el tórax con una lanza.  La lanza romana, pilum, medía unos dos metros así que a esa altura aproximada colgaba Jesús.

Sale de la herida de Jesús sangre y “agua” a lo que se ha dado una interpretación mística profunda.  Probablemente la herida puncionó la cavidad pleural o pericárdica donde se había recogido líquido seroso, transparente, por falla cardiaca congestiva.

En resumen los evangelistas nos relatan detalles reales y físicos de la muerte de Jesús con la interpretación alegórica y simbólica que hacían de ellos las primeras comunidades cristianas.  No mintieron: nos dieron su versión sentida de una muerte horrible y escandalosa en el sentido bíblico del término.  Los discípulos aquel viernes, como nosotros hoy, no sabían que creer de la muerte de Jesús.

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