La vida cotidiana de la actriz porno más popular del mundo

12 de abril del 2011

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“¡Ah, el libro de la putica esa!”, me dijo mi mamá cuando le mostré Neü Sex, el libro de fotografías de Sasha Grey. Para mi mamá, ya es costumbre oír hablar de ella. The Girlfriend Experience ‒la película convencional que rodó junto a Steven Soderbergh‒, el capítulo de la serie Entourage y cientos de chistes con mi hermano y mis primos sobre Sasha, la han convertido en una persona tan cercana como una familiar que vive en otro país.

Después de leer los escasos textos y de ver con cuidado cada una de las fotografías del libro, me convencí por completo de algo que ya sabía. Sasha Grey no es “la putica esa”. Al contrario de las biografías de estrellas del porno, este libro, que no es una biografía, tiene grandes dosis de inteligencia.

How to make love like a pornstar, de Jenna Jameson, está muy bien escrito, tiene detalles íntimos y escabrosos durante 592 páginas para garantizar una historia dramática que se lee en dos días ‒la violación, la relación con su papá, su primer novio, todo es horrendo en la vida de una de las mujeres más bellas que ha tenido el porno‒. Pero eso lo logró Jameson gracias a Neil Strauss, que ya le había ayudado a Marilyn Manson a escribir su excelente biografía. Otro caso es el de Georgina Spelvin en su biografía The Devil Made Me Do It, que es un tanto divertida, pero moralista, al igual que Ordeal, de la extraordinaria y contradictoria Linda Lovelace, la protagonista de Garganta profunda. Por eso, podría decir, casi sin temor a equivocarme, que las biografías de las mujeres del porno han sido hasta ahora  de un dramatismo y moralismo exacerbado, que muestran mujeres que después de ganar fama y gloria, atacan a la industria y se convierten en sus víctimas.

En Neü Sex, en cambio, hay una propuesta nueva: contar la cotidianidad y la intimidad de una actriz porno. ¿Qué puede ser más íntimo y cercano que una fotografía desenfocada de una mujer que siempre sale clara y sin nada que esconder? Las fotografías de este libro, con muy pocos textos, nos aproximan de una manera diferente a Sasha Grey, la gran actriz porno del siglo XXI ‒esto también lo digo sin ningún temor a equivocarme‒. No sabemos qué le gusta comer, ni quién fue su primer novio, ni qué piensan sus papás de su trabajo. Incluso, la figura de Ian Cinnamon, el fotógrafo con el que está comprometida desde 2006, uno de los hombres más envidiados del mundo, queda difusa y oculta. Pero las imágenes con que Sasha documentó su vida en el porno, tomadas por ella misma o por Ian, “mi tercer brazo”, llevan al lector a momentos tan íntimos como una cama con sabanas revolcadas en un hotel, un inodoro donde Sasha hace pipí, un piso de madera vomitado y que ella limpia de rodillas. Al final del libro, uno siente que vio algo que nadie más ha visto. Uno siente, en definitiva, que la conoce un poco más que el resto de la humanidad.

Que una mujer de la industria reafirme en su libro la dignidad que siente por ser actriz porno, es algo para resaltar. He tenido cientos de peleas al respecto sobre este punto con muchas mujeres, y me sostengo: por más complicadas que sean las condiciones sociales, vender el cuerpo es una opción, entre muchas otras. Mis contradictoras siempre llevan el argumento al extremo: que las prostitutas han sido violadas, que son muy pobres, que la falta de educación. Todos los factores juntos para llegar al caso hipotético donde a una mujer no le queda más opción que venderse. Y en este punto siempre dejo de hablar, porque tengo un argumento familiar, íntimo y privado que demuestra que, incluso en esas condiciones apocalípticas, hay mujeres que encuentran otras opciones.

Sasha Grey no se considera una actriz porno. O sí, pero no en el sentido completo de la palabra. Ella dice que su trabajo se trata de un “performance art”. Y estoy de acuerdo por completo. Hay personas, sobre todo mujeres, que consideran sus películas porno un poco sobreactuadas, que grita y gesticula de forma exagerada en las escenas. Es cierto, y creo en realidad que es a propósito: es su forma de expresar su inconformidad frente a la visión de la mujer explotada en el porno, la mujer como objeto. Sasha Grey gritar más fuerte que el estereotipo para generar preguntas al respecto.

“¿Por qué cuando las actrices porno en el detrás de cámaras no hablan de otra cosa más que de lo que hicieron o van a hacer delante cámaras? Eso en verdad me irrita mucho. Ella tiene en ese momento la oportunidad de romper el estereotipo, pero ella elige ser definida por una sola cosa”, afirma Sasha en su libro.

Así, Sasha es la primera actriz porno e, incluso, uno de los pocos seres humanos que se ha preocupado por pensar y escribir sobre la condición humana en el porno, en tratar de responder por qué un hombre o una mujer hace porno, por qué trabajar en público con el sexo, algo tan sagrado en esta sociedad. Quizá Focault, quizá Nietzsche, quizá Freud ya respondieron esta pregunta en sus libros, pero no de manera directa.

La primera escena de Sasha Grey fue a sus 18 años en una orgía en la primera entrega de Fashionistas da Safado, dirigida por John Stagliano, una de las producciones más caras e importantes de los últimos tiempos. Allí, Sasha hizo su primera escena, un sexo oral salvaje con el renombrado actor Rocco Siffredi que la catapultó de inmediato a las grandes esferas del porno por su brillante actuación. Porque sí, las actrices porno tienen talento actoral. Quizá no haya algo más difícil en la vida que fingir un orgasmo.

“Para mí, era una manera de examinarme y examinar la condición humana, y la proyección de esas cosas a mi público con mi cuerpo, como herramienta, como el lienzo”, afirmó Sasha en una entrevista a The Daily Beast, para dejar en claro que hablar con ella en términos de “explotación” o “machismo” está fuera de lugar.

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