Las izquierdas tienen Constitución

7 de agosto del 2011

En estos días en los que se conmemoraron 20 años de expedición de la Constitución me invitaron a hablar en la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín sobre la economía en la Constitución del 91. De tiempo atrás tenía deseos de abordar el tema porque he observado que algunos insisten en la tesis de que la […]

En estos días en los que se conmemoraron 20 años de expedición de la Constitución me invitaron a hablar en la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín sobre la economía en la Constitución del 91. De tiempo atrás tenía deseos de abordar el tema porque he observado que algunos insisten en la tesis de que la Carta es de derecha. Tal interpretación es equivocada y debe controvertirse.

La discusión da para largo y no cabe en esta columna. Los constituyentes no hicimos normas de izquierda o de derecha. La Constitución no es sectaria, ofrece a las mayorías que se expresan en las elecciones de presidente y congreso, de izquierda o derecha, instrumentos jurídicos con los que pueden materializar los programas que prometen a los electores.

Dicho de otra forma, la Constitución no es dogmática, su contenido no es ideológico, es democrática. En las sociedades libres se encuentran ciudadanos que piensan de diferente manera, no solo son de derecha o de izquierda. No sería democrático que la Constitución estuviera a favor de cualquiera de estas opciones y entrabara la realización política de la otra, perdería su neutralidad, su imparcialidad. Querría decir que sus autores la hicieron en favor de quienes piensan como ellos y no es cierto, empezando porque los constituyentes no pensábamos del mismo modo sobre el papel del estado en la sociedad que es en último término lo que diferencia las ideologías políticas. Estado pequeño de derechas, estado que interviene en la economía, de izquierdas.

Esta vez no sucedió como antes en la historia y esa es la virtud de la Constitución del 91. Los colombianos fueron a las urnas y eligieron personas que los representaron en la mesa de discusión en donde se redactaron de común acuerdo los principios éticos y las reglas de vida de esta nación. Organizaron el estado y el sistema de su funcionamiento en diálogos fundados en el encuentro entre diferentes y el reconocimiento y respeto por la pluralidad. El estado de todos y para todos.

En los siglos anteriores las constituciones las dictaban de corrido los jefes de los bandos que ganaban las guerras civiles y por lo mismo eran sectarias. Los tipos iban al campo de batalla a echarse plomo y así definían quién dictaba la Constitución, ese era el trofeo. De la carnicería salían los triunfadores para palacio a redactar la Constitución y los perdedores salían con el rabo entre las patas a obedecer en sus casas sin chistar, a rumiar la derrota y a rearmarse para volver a la refriega a buscar desquite. Los ganadores decían cómo tenía qué vivir todo el mundo en el país, en qué tenía que creer cómo tenía qué pensar cómo se gobernaba cómo se legislaba y cómo se administraba justicia. Quiénes tenían derechos quiénes deberes quiénes mandaban y mediante qué procedimientos. Y en adelante los que quisieran cambiar el formato tenían que desafiar al régimen a otra guerra y ganarla. En esas pasamos los colombianos casi dos centurias.

Ya está bueno. Tenemos desde el 91 Estado Social de Derecho, por lo mismo laico y democrático, al servicio de las personas que conformamos esta nación, de todas por igual. Pero reconozco que de ahí en adelante las cosas no son tan claras.

No me refiero a las aberraciones de violencias y arbitrariedades que dicen al final de cuentas en este país quién gobierna quién legisla y para quiénes. Paramilitares guerrilleros mafiosos compradores de votos y tramposos deciden quién manda aquí. Los demás jugamos a la democracia y decoramos el escenario de la farsa. Las reglas de juego son democráticas pero la cultura política es abusiva, danza al son de la ley de la selva. No me detengo en el tema, solo volteen a mirar hacia las cárceles, los tribunales y las oficinas públicas que otorgan contratos y concesiones para que corroboren lo que afirmo. Si ustedes sacan del baile electoral los votos, el billete y la “chumbimba” que hacen el fraude, el poder político lo tendrían personas y fuerzas políticas distintas a los que lo detentan.

Pero repito, no es el punto que me interesa ventilar. Lo que sostengo es que si bien es cierto que la Constitución está hecha para que las mayorías elegidas en las urnas orienten a la nación con sus ideas eso no sirve de nada cuando esas mayorías piensan de mil maneras y no piensan de ninguna. Las ideas no deciden el voto, ya dije qué define las elecciones. Hoy el poder está en manos de la llamada “Unidad Nacional” que es como el “Sancocho Nacional” del que hablaba Bateman. Lo integran fuerzas que ni siquiera votaron por el mismo candidato presidencial y mucho menos comparten las mismas ideas sobre Colombia. Les interesa mantenerse en la burocracia y eso los congrega.

Dos fuerzas están por fuera del festín. La derecha que lidera Álvaro Uribe y la izquierda a la que pertenecemos ciudadanos que no tenemos por el momento líder ni organización. Uribe y sus amigos se defienden de traidores y de la justicia que investiga sus abusos de ocho años de ejercicio del poder a rajatablas. Las izquierdas están desperdigadas.

La tarea que espera a las izquierdas es enorme. Pensar la organización del país y sus políticas públicas con los instrumentos de la Constitución del 91 para conducir a Colombia desde la visión del estado que regula e interviene para impulsar la sociedad y la economía hacia la igualdad de oportunidades y la justicia. Y luego convencer a la gente de que vote por esas ideas esos programas y por quienes los encarnan. Lo cierto es que desde cuando se hizo la Constitución en 1991 sólo han oficiado con ella fuerzas de derecha y no es porque la Carta lo determinó, sino porque las derechas han ganado las elecciones. Ya he dicho cómo.

No hay organización política alrededor de la identidad socialdemócrata para buscar el poder. Si se lograra las izquierdas ganarían las elecciones porque el modelo de las derechas fracasó en el mundo y lleva arriada la humanidad al abismo. El crac financiero que se manifestó el 2008 y que postró en la miseria a millones de familias lleva a la comunidad internacional en caída libre al abismo, empezando por Estados Unidos y Europa. Llegó la hora de las izquierdas democráticas en el planeta y por tanto en Colombia. Y ahí está la Constitución para que trabajen a sus anchas.

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