Las voces del secuestro

23 de agosto del 2011

Ya nadie se acuerda de los secuestrados, de esos miembros de las Fuerzas Militares que hace más de trece años se pudren en la selva con una condena impuesta por las Farc, condena que no tiene fin, sin derecho a la defensa, sin posibilidad de una visita conyugal, sin derecho a rebaja por buen comportamiento, […]

Ya nadie se acuerda de los secuestrados, de esos miembros de las Fuerzas Militares que hace más de trece años se pudren en la selva con una condena impuesta por las Farc, condena que no tiene fin, sin derecho a la defensa, sin posibilidad de una visita conyugal, sin derecho a rebaja por buen comportamiento, sin nada de nada.

Ya nadie se acuerda que hay vidas en juego, las de los propios secuestrados y las de sus familiares que arrastran el pesado fardo de la ausencia y el olvido estatal.

En anteriores campañas políticas el tema tenía alguna importancia; había candidatos y candidatas que promovían el acuerdo humanitario, que llamaban a una urgente negociación o al rescate militar, pero ya ni eso tenemos. Los candidatos de ahora hacen caso omiso de nuestros compatriotas secuestrados. Ni siquiera los que vienen de ese calvario se refieren a ellos. Dirán que un candidato a alcalde, a gobernador, o a concejal poco puede hacer por la liberación de los secuestrados, pero no se trata de lo que puedan hacer, sino de recordarlos, de recordarle a Colombia que su rescate es una obligación impostergable.

Qué dura tiene que ser la realidad en la selva, tanto que ni los que han logrado salir con vida de un secuestro y obtener algún rédito económico o político del mismo, quisieran ni por un instante repetir esa tortura. Por el contrario, procuran olvidarla, dejar atrás esos tenebrosos días que vivieron atados a un árbol, durmiendo en cualquier cambuche. Pero, así mismo, olvidaron las promesas que hicieron el día de su liberación cuando, la gran mayoría, con lágrimas en los ojos prometió no dejar de trabajar ni un instante por la liberación de los que se quedaban.

En estos días escuché cuando anunciaban la programación de Caracol Radio. Entre los programas rutinarios de la cadena, se mencionó el de “Las voces del secuestro”. Hasta ese programa, que ha sido una ventanita de apoyo a los que todavía están en el monte, que le ofrece a las familias la posibilidad de enviar mensajes, que fue es un alivio para los secuestrados, hasta ese notable esfuerzo de comunicación, se nos ha vuelto paisaje, un programa más, como ver llover, como salir a caminar. Algo tan cotidiano que no nos afecta para nada.

Solo Piedad Córdoba nos recuerda de cuando en cuando que hay que hacer un acuerdo humanitario. La última vez, escribió una carta al Comandante Cano pidiéndole el “favor” que devuelva a los “capturados en combate”. Y al día siguiente se prendió el debate, que no son capturados, sino secuestrados, que no es un favor devolverlos, sino una obligación, etc. etc. Puede ser que Piedad Córdoba no sea la mejor intérprete de los intereses del país, pero a los secuestrados que ven pasar los días y las noches en el abandono, esto les importa un chorizo. Ellos ¡quieren salir! Y sus familias los quieren de vuelta.

El gobierno está en la obligación de no olvidarse de los secuestrados. Así como se montó la operación Jaque o cualquier otra forma de rescate, por favor no los dejemos pudrir en la cárcel de las Farc, donde no existen los mínimos derechos humanos y a la que llegaron por el único delito de habernos defendido de la guerrilla.

Que Las Voces del Secuestro se haya convertido en un elemento permanente de la parrilla de programación de Caracol Radio solo muestra lo infame de la situación de los secuestrados: El que hayamos decidido olvidarlos, dejándoselos a la jauría de las Farc para que terminen convirtiéndolos en zombis en medio de la jungla y la barbaridad con que los tratan.

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