Lo que habría que prohibir

1 de febrero del 2016

Contra el abuso sexual, en todas sus expresiones la sociedad debe actuar con medidas eficaces.

Con el caso que se dio a conocer la semana pasada sobre un supuesto abuso sexual de una menor por parte de su madre biológica y su compañera sentimental, se reavivó el debate sobre la adopción igualitaria, es decir la posibilidad de que parejas del mismo sexo adopten o compartan la crianza de un o una menor.

Ya salieron a retumbar las voces, como la del representante Sanabria del Partido Conservador, que asume que con este caso de muestra, habría que reversar la sentencia de la Corte Constitucional que permite la adopción cuando una de las partes es madre o padre biológico.

Es probable que la sentencia haya que revisarla, pero por la extraña condición que pone para la adopción, esa de la maternidad o paternidad biológica, como si quisieran asegurar el amor hacia el ser adoptado con los lasos biológicos. Pero el amor a una hija o hijo no viene únicamente por la biología. Adoptar es un acto de amor y quien adopta construye con esa criatura lasos muy fuertes de afinidad.

Conozco múltiples parejas que han adoptado. Sus relaciones son tan profundas y sólidas como las de los padres biológicos, o tan conflictivas, porque la relación padre-madre-hijo/a es tan intensa como difícil. Que levante la mano quien no haya tenido conflictos con sus hijos, por ejemplo en la adolescencia. Los conflictos y dificultades son inherente a la crianza, solo que se deben resolver con diálogo, acompañamiento en las diferentes etapas de la vida y amor, mucho amor.

Estas condiciones no se garantizan “per se” en parejas heterosexuales, como tampoco son extrañas,” per se” en parejas homosexuales o en hogares de madres solas o padres solos. El afecto y respeto son producto de personas equilibradas, sanas emocionalmente y con la decisión de ejercer la crianza con responsabilidad.

Si nos fuéramos por la línea de la prohibición para proteger a niños y niñas, habría que cerrarle el paso a múltiples parejas por circunstancias parecidas. Por ejemplo habría que prohibirle tener hijos o adoptar a los indígenas, pues en el mismo medio que dio a conocer la noticia de la niña abusada, se dio a conocer que un indígena heterosexual abusó de una niña y sus padres biológicos al parecer consintieron este abuso, por lo que merecieron un castigo a fuetazos, acorde con la justicia Nasa.

También habría que prohibir tener hijos o adoptar a parejas que estuvieran cerca de la Iglesia, porque ya sabemos que hay más de un sacerdote que ha abusado sexualmente de menores. O, para no ir muy lejos, habría que prohibir a miembros de las fuerzas armadas la posibilidad de la paternidad porque se han presentado violaciones con personal militar, o las familias dónde hay alcohólicos o drogadictos. Y así por la vía de hechos probados, habría que prohibir muchas relaciones familiares para evitar el abuso sexual infantil.

Suena absurdo, verdad? Pues es igualmente absurda la idea de que por ser homosexual una pareja es abusadora.  No se es abusador por ser gay, o militar, o sacerdote, o alcoholico, o pobre, o rico, o negro o blanco.  El abuso sexual, la violencia intrafamiliar, la violencia de género o la discriminación o el matoneo, tienen el mismo origen: la creencia de ser superior, de que se puede dominar a otra persona por ser débil o estar sometidas a una jerarquía social.

Contra el abuso sexual, en todas sus expresiones la sociedad debe actuar con medidas eficaces que combinen educación, fomento del respeto por la diferencia, castigo penal y social  contra quien cometa ese delito, nunca contra toda la franja social a la que pertenece el o la abusadora porque eso sí que sería discriminatorio.

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