Manzanero y el amargo bolero de Otálora

Manzanero y el amargo bolero de Otálora

31 de enero del 2016

¿Se han fijado en el enorme parecido entre el compositor Armando Manzanero y el saliente Defensor del Pueblo Jorge Armando Otálora?

Ambos bajitos, los dos morenitos, la piel medio salpicada por viejas secuelas de viruela, y ambos –a cual más- enamorados ardientes.

Sobre la vida volcánica de Manzanero nos ocupamos algún día, pero sobre nuestro Manzanero, queremos dedicarle un bolerazo, en la voz de mi amigo Edgar Sierra Anaya:

Esta tarde vi llover/vi gente correr/y no estabas tú

Le llovieron tantas críticas y repudios al Defensor del Pueblo, que al pobre no le quedó otro camino que renunciar.

Por supuesto, a su lado no estaba nadie. Todos los que se decían ser sus amigos, toda esa gente que en algún momento lo celebró, salió corriendo, como en el bolero de Manzanero, para que no cayera sobre ellos también la lluvia sucia de la que Otálora trató de defenderse con toda clase de paraguas.

Desafortunadamente, todos ellos rotos. O con las varillas quebradas.

La otra tarde vi /Que un ave enamorada/Daba besos a su amor ilusionada/Y no estabas tú

Los besos que vio Otálora en este amargo bolero que vive hoy no fueron los de un ave enamorada. Fueron los de sus pajarracos subalternos que después de besarlo y lamerle durante varios años, huyeron espantados, cuando al pobre Defensor empezaron dispararle desde todos lados con escopetas de regadera.

El otoño vi llegar/Al mar oi cantar/Y no estabas tú.

Por supuesto que no, Defensor. Después de este escándalo, el otoño y el invierno arrasaron contigo. Y, claro, tampoco oirás los cantos de sirena que alguna vez anunciaron que tu futuro pintaba como una esplendorosa primavera. Nadie estará a su lado para consolarte, Defensor. Nadie. Ni siquiera Ella, a quien tantas veces llevaste de paseo, con plata de nuestros bolsillos.

Ya no sé cuánto me quieres/Si me extrañas o me engañas /Solo sé que vi llover/Vi gente correr/Y no estabas tú

Del amor, mejor olvídate. Y en este bolero, el que extrañará serás tú. Extrañaras el poder. Y entenderás que toda la vida has vivido engañado, si alguna vez creíste en cojeras de perro o en amores de secretaria.

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