Era mayo, el mes de las flores y la primavera y su indomable corazón que lo había llevado a múltiples y desafiantes destinos, paró intempestivamente su marcha y él decidió continuar solo el inexorable camino que se inicia con la muerte, para penetrar más allá del universo de las cosas tangibles y temporales, al mundo de las tinieblas, del cual nadie ha podido regresar. Con el alma partida por su prematura muerte, en medio del dolor y del llanto, lo depositamos en el camposanto de Ocaña, donde duerme el sueño eterno de los justos.
Mantuve con mi padre una relación respetuosa y analítica como correspondía a la formación que de él mismo había recibido en forma sistemática y cuidadosa. La Colombia de esos tiempos, años 60 del siglo pasado, era convulsiva y trepidante. En gesto que recuerdo y agradezco me acompañó hasta la Universidad Nacional de Colombia, para presentar las pruebas que me permitieran ingresar a la facultad de medicina, la cual yo había elegido como mi carrera universitaria. Las huellas del duro debate ideológico que se avecinaba mostraban ya en el campus los estragos ocurridos. Los bustos de José Eusebio Caro y el general Francisco de Paula Santander habían caído al suelo derribados por sectores radicalizados de los estudiantes que los consideraban de ideologías contrarias. El nombre de Camilo Torres Restrepo se pronunciaba con mucho respeto y significaba una esperanza ética y de amor cristiano frente a una sociedad marcada por la injusticia y la exclusión.
Mi padre siempre guardó una gran admiración por la Universidad Nacional de Colombia y el sueño era que sus hijos recibieran en sus claustros la educación universitaria. Admiraba a dos dirigentes liberales que habían influido profundamente en su pensamiento político: Alfonso López Pumarejo, a quien consideraba el gran transformador de la sociedad colombiana y a Jorge Eliécer Gaitán que en los duros años de la caída del liberalismo era su líder indiscutible por el profundo sentimiento de justicia social que llevaban sus electrizantes intervenciones públicas.
El asesinato aleve de Gaitán lo hundió en una profunda depresión agravada por el inicio de la violencia partidista que les arrebató, en medio de esa locura fratricida, a sus dos hermanos más queridos. En medio del llanto colectivo lo acompañé, siendo muy niño aun, hasta el campo santo para darles su sagrada sepultura. La agresión contra la familia fue en aumento y días más tarde mi abuelo y toda la familia, desesperados por la persecución que sufrían en sus campos, tuvieron que seguir el camino del desplazamiento, drama desde entonces vivido por muchos compatriotas, que quien lo creyera… ya suma más de siete millones de colombianos.
Sin embargo mi padre no se amilanó. Valiente y decidido, asumió estabilizar la familia paterna en Ocaña y en medio de muchas dificultades, de verdad que lo logró. De la mano de mi padre recuerdo momentos dramáticos de nuestra historia nacional. Recuerdo la alegría que inundó a los liberales cuando el general Gustavo Rojas Pinilla puso fin a la dictadura de Laureano Gómez. Los liberales volvieron a salir a la calle. A caminar sin el miedo de ser asesinados por sicarios políticos que han sido una constante en nuestra dramática historia. Sin embargo, Rojas Pinilla muy pronto frustró las esperanzas de ese pueblo liberal que salió a respaldarlo, la dolorosa y sangrienta masacre de los estudiantes el 8 y 9 de junio de 1954, en la avenida Jiménez, cerró para siempre los sueños de justicia y esperanza.
El advenimiento del Frente Nacional al que ayudamos a implementar todos los colombianos con la aprobación multitudinaria del Plebiscito de 1957, con los días nos fue llevando a vertientes diferentes del partido liberal. Mientras mi padre se mantenía leal al viejo partido y a sus emblemáticos dirigentes, yo corría a engrosar las filas del naciente Movimiento Revolucionario Liberal – MRL- acaudillado por Alfonso López Michelsen y Álvaro Uribe Rueda, quienes levantaban las banderas en contra del Frente Nacional y se planteaban la candidatura de López como alternativa revolucionaria, estimulada por los jóvenes universitarios que queríamos instaurar un gobierno social-demócrata que asumiera y solucionara la grave crisis política, social y económica que invadía nuestra nación.
Los años en su diario y cotidiano pasar fueron delineando las nuevas estructuras políticas para luchar, como efectivamente se hizo por la toma del poder. Camilo, con esa fuerza y razón volcánica que lo acompañaba se planteó también “hasta las últimas consecuencias” y en un combate absurdo, confuso, desigual y enigmático encontró la muerte. Yo me encontraba con otros universitarios que había seleccionado el mismo Camilo para ir a estudiar la Revolución Cubana, en La Habana. Cuenta mi madre que cuando mi padre se enteró de la muerte de Camilo, no pudo contener las lágrimas. Lo mismo le había ocurrido frente a mi presencia cuando se confirmó la muerte del Che Guevara, en la escuelita de La Higuera, en Bolivia.
Así era mi padre. Profundamente sensible y tengo la íntima convicción que habiendo sido levantado en medio del reconocimiento y la admiración que mis abuelos paternos profesaban por el “apóstol y mártir” Rafael Uribe Uribe, siempre en lo más profundo de su corazón añoraba el regreso del General Uribe para que el hiciese triunfar la Revolución inconclusa de los Mil Días, que tanta falta le hizo a la transformación de la Colombia feudal del siglo XX.
A los quince años de su muerte y habiendo podido regresar de las complejidades y los absurdos de la lucha armada, fui hasta su tumba para musitar una oración y colocar un clavel rojo en su recuerdo. A su lado platee una inscripción en mármol que dice: “Padre: el camino recorrido desde tu partida ha sido largo y difícil. Hemos actuado como lo dicta nuestra conciencia, siendo fieles a tu ejemplo”.
EX.EMBAJADOR DE COLOMBIA EN EUROPA.
VICE.PRESIDENTE DEL COMITÉ PERMANENTE POR LA DEFENSA DE LOS DD.HH (CPDH)
In memoriam. A mi padre
Jue, 19/05/2016 - 01:38
Era mayo, el mes de las flores y la primavera y su indomable corazón que lo había llevado a múltiples y desafiantes destinos, paró intempestivamente su marcha y él decidió continuar solo el inex
